Bares

Un capricho en Iturrama

El Ambigú, ocho años de este espacio cercano en el barrio

Fernando Ramos, propietario de El Ambigú, tras la barra de mármol del local.
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Fernando Ramos, propietario de El Ambigú, tras la barra de mármol del local
Fernando Ramos, propietario de El Ambigú, tras la barra de mármol del local.

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Mikel Goldaracena

Publicado el 12/08/2025 a las 05:00

Un gran ventanal muestra el interior del local. Sillas y sillones, mesas de mármol y una barra del mismo material. Tras esta, Fernando Ramos, propietario de El Ambigú, y su mujer atienden a la clientela que se dispone a entrar en este acogedor rincón de Iturrama. El local, ubicado en la calle San Juan Bosco, cuenta con 8 años de experiencia. Surgió de una necesidad. “Mi mujer es psicóloga y yo veterinario, pero en un momento dado acabamos sin trabajo y tuvimos que empezar un negocio nuevo. Lo que nos apetecía un bar un coqueto, diferente, y nos pusimos en marcha”, señaló Ramos.

Con esta voluntad se pusieron en marcha. Algo importante a la hora de comenzar su negocio fue la estética. Este local no se convierte en “uno más”, sino que a través de su estilo y su decoración consigue construir una identidad propia, una identidad única. “La idea era hacer algo diferente a lo que hay en Pamplona. En Madrid, Barcelona, París o Berlín, la barra era de mármol, las mesas también, ese tipo café se recuperaba”, aseguró Ramos.

Con la idea de traer ese tipo de espacio a Pamplona, hicieron algo semejante a un pequeño “bistrot” parisino: El Ambigú. “Nosotros hicimos un sitio en el que te sientas a gusto”, indicó el propietario. Para Ramos, el espacio en el que se encuentran los sillones, junto al gran ventanal, se convierte en un rincón coqueto y especial. Además, aquí se reproducen escenas curiosas, propias de un local que se vuelve cercano a sus clientes. “La gente está a gusto viendo a los que pasan por la calle y se saludan”, señaló Ramos.

Esta imagen es reflejo del ambiente que hay en el local. “Quienes vienen son del barrio. Los clientes se conocen y se sientan juntos a tomar algo aunque no hayan venido por separado”, indicó un propietario orgulloso de mantener la atmósfera que querían desde sus inicios y agradecido por los clientes amables y educados que hacen fácil el trabajo.

Ahora, quienes visitan el local se encuentran con una oferta de productos de calidad en un espacio que se asemeja a estar en “el cuarto de estar de casa”. “Estás servido y no tiene que recoger en un entorno agradable. Ibéricos de calidad, salmón, anchoas de Santoña. Tenemos cosas diferentes a lo que encuentras en Pamplona. No es un sitio de menú del día, es de capricho”, aseguró Ramos. Con el local en plena forma , el propietario hace una valoración positiva del trabajo realizado hasta la fecha. “Nos ha permitido vivir, ir de vacaciones, dar estudios universitarios a nuestros hijos. Fue una apuesta que podría ser arriesgada, pero lo habíamos estudiado mucho, pensamos que íbamos a acertar y estos ocho años nos han dado la razón”.

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