Historias y pintxos
Bar Amatxo, como en casa frente a la catedral de Pamplona
Que el cliente se sienta como en casa es la prioridad para este joven establecimiento


Publicado el 07/08/2025 a las 05:00
El bar Amatxo abrió sus puertas el 14 de febrero de 2024, fruto de la pasión por la hostelería que han tenido siempre Amaia Larraza y Marga Portas. Ambas habían tenido muchos años de experiencia previa, pero siempre buscando tener la oportunidad de dar el salto a propietarias para implantar su “alma” a un negocio propio.
Por ello, cuando se les planteó la oportunidad de regentar un local en frente de la catedral, la pareja ya se había fijado en esa zona de la ciudad. “Es un oasis dentro de la vorágine que hay en las calles de la parte vieja”. Y, pese a la aparente tranquilidad de la zona, “por la calle Curia sube mucha más gente de la que pensamos los que vivimos aquí”.
Decidieron poner el nombre al bar en honor a la madre de Amaia, “y a todas las madres”, matiza ella. “La amatxo es clave en una familia”, y es que en el local quieren que el cliente se sienta como en casa. “Buscamos potenciar la parte del ocio de la hostelería, queremos que el cliente se vaya con ganas de repetir porque ha estado a gusto”.
No ha sido difícil adaptarse a las nuevas tareas que les ha presentado el hecho de convertirse en propietarias. Especialmente para Marga. “Los sobresalientes en contabilidad han servido para algo”, bromeaba. Además, la amplia experiencia que había cosechado previamente como encargada le ha ayudado mucho a la hora de gestionar el local. Junto con las dos propietarias, el bar cuenta con ocho personas más en plantilla, aunque parte sólo trabaja durante el verano.
Pese a que lo intentaron durante sus primeros sanfermines, la pareja sabe que no son un bar de noche, son conscientes de que la gente no tiene esa idea del local. “Casi mejor, después de tantos años ya hemos trabajado toda la noche que teníamos que trabajar”, comentaba Amaia.
Ambas resumen la oferta gastronómica del local en las mismas tres palabras: “pinchos, raciones y guisos”. Y para ello, el bar cuenta con la figura de Jesús Íñigo en la cocina. “Es un genio. Da ese toque de innovación a los ingredientes que utilizaría una madre de normal”, y es que, para ellas, es fundamental trabajar el producto local y el de temporada. Y eso la gente lo valora. “La ensaladilla rusa, sin ser nada ostentoso, triunfa muchísimo gracias al toque que le damos. Y lo mismo pasa con los raviolis”. Además, tienen la cocina abierta durante todo el día, para ellas “el cliente es lo primero”.
El hecho de que la gente repita y “suba hasta el bar hasta los días más fríos o lluviosos de invierno” es para ellas “el mayor premio posible”. Pese a llevar poco más de un año, recuerdan con cariño las incontables muestras de afecto que les han hecho llegar distintos clientes. “El día 14 de febrero, cuando se cumplió un año desde que abrimos, el bar se llenó de flores que nos mandaron. Fue muy especial”, recuerdan ambas con una sonrisa.
Amaia y Marga quieren “disfrutar del momento” en el que están, sin mirar demasiado al futuro. Lo único que saben seguro es que seguirán enfocadas en el Amatxo, tratando de “devolver todo el cariño que reciben de sus clientes”, con los que están “eternamente agradecidas”.