Historias y pintxos

El Bar Jumai: un lugar de encuentro en Burlada

El bar cuenta con una gran variedad de pintxos, una de sus señas de identidad 

Teo Carrasco, uno de los dueños del bar, junto con tres camareros tras la barra
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Teo Carrasco, uno de los dueños del bar, junto con tres camareros tras la barra
Teo Carrasco, uno de los dueños del bar, junto con tres camareros tras la barra

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Leire Iriarte

Publicado el 06/08/2025 a las 05:00

Un punto de encuentro muy popular en Burlada es el Bar Jumai. Un lugar donde, tanto jóvenes como mayores, disfrutan de pintxos, ambiente y compañía; y destaca por no tener una edad acotada entre sus clientes. “Es un bar de toda la vida, intergeneracional. Lo mismo encuentras a un chaval de 17 años que a un abuelo de 92. Aquí cabe todo el mundo”, asegura Manolo López, originario de Galicia, que, junto con Teo Carrasco, extremeño, lleva regentando el local desde hace 40 años. Sin embargo, la incorporación de Carrasco fue más tardía.

López, en la cocina, y Carrasco, en la barra, se complementan para vender sus productos: los pintxos. Uno se dedica a elaborar buena comida y el otro, a venderla. Tienen que hacerlo de la mejor manera, porque la mayoría de sus ingresos se deben a ellos. No hay bocadillos, ni platos combinados, ni comida de cuchara; solo, y únicamente, pintxos. Por lo tanto, al ser un producto exclusivo en el bar, hay mucha variedad de ellos. Pero no hay uno o dos que se vendan más que el resto, porque: “ Cada pintxo es el mejor para cada uno. Tenemos 30 o 40 variedades y cada quien tiene sus preferencias”, explica el gallego.

A raíz del COVID, adoptaron esta forma de trabajar, que la describen como una manera “más divertida y más rápida". Sin complicarse más allá de vender una gran variedad de pintxos y fritos. Ese año después de la cuarentena, “no podías compartir, los interiores estaban cerrados, había que respetar muchas medidas de seguridad… Así que empezamos con este formato y los clientes lo acogieron bien”, apunta el cocinero. El hecho de no tener platos enteros de comida, permite poder elegir varios pintxos de diferentes tipos. Es poder “coger tres o cuatro pintxos que equivaldrían a un bocata entero”, dice. 

Carrasco describe la esencia del bar como “una familia donde no hay jerarquías”. El buen ambiente que se vive en este local entre clientes y trabajadores, sobre todo en las tardes de verano, confirma sus palabras. Un día de la semana cualquiera, a partir de las seis de la tarde, en la calle Valle de Egüés de Burlada, las mesas están abarrotadas de personas. Cuadrillas de jóvenes sentados en el bordillo de la acera, con platos de fritos, pintxos y refrescos. No hay una sola silla libre. Esto indica que, tanto el producto que se vende, como el ambiente que se forma, es muy bueno y agradable.

Desde que este bar se fundó, en 1976, su nombre no se ha modificado por consideración a los anteriores dueños. “Podría tener otro nombre más comercial, pero decidimos mantenerlo por respeto”, afirman.

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