Héroes en la sombra: voluntarios de Cruz Roja salvaron la vida de una mujer en parada el 12 de julio en la Plaza de Toros

Voluntarios de Cruz Roja salvaron la vida de una mujer que había entrado en parada cardiorrespiratoria durante la corrida de toros del pasado 12 de julio. Su rápida actuación fue clave en una situación que prácticamente pasó desapercibida

El equipo de Cruz Roja presente el día del incidente en la Plaza de Toros de Pamplona.
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El equipo de Cruz Roja presente el día del incidente en la Plaza de Toros de Pamplona
El equipo de Cruz Roja presente el día del incidente en la Plaza de Toros de Pamplona.

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Gael Laspalas

Actualizado el 24/07/2025 a las 09:33

En el tendido 8 de la Plaza de Toros de Pamplona, el 12 de julio, el torero Rafaelillo guerreaba con un José Escolar cuando algo no iba bien. El gentío habitual, la música de las peñas, formaban parte del escenario al que acostumbra la plaza. Pero, a unos metros de la arena, una mujer de 64 años comenzaba a perder el conocimiento. Nadie era consciente de lo que sucedía, pero estaba entrando en parada cardiorrespiratoria.

La rápida reacción de su amiga, que notó que “no se encontraba bien” y fue a pedir ayuda a un trabajador de la plaza, fue clave. “Cuando el chico vino a todo correr a buscarnos, vinimos corriendo y empezamos a valorar a la mujer. Vimos que la situación no era buena”, recordaba Oihan Villar Martínez, técnico de Cruz Roja de 30 años.

Ainhoa Irigoyen Torres, de 48 años, también estaba de guardia aquel día. Como cada año, ella y decenas de compañeros cubrían los eventos dentro del dispositivo especial que Cruz Roja despliega durante los Sanfermines. “Cuando la llevábamos al botiquín, vimos que no la podíamos meter dentro por espacio, la apoyamos en el suelo... y ahí nos dimos cuenta de que ya no tenía pulso”, contaba Ainhoa.

Comenzó entonces la intervención sanitaria, en medio de una plaza con más de 19.000 personas. “Se le monitorizó, se le empezó a hacer masaje, se le colocaron los parches y se le hizo una descarga. Con una descarga volvió”, explicaba Oihan. Fue cuestión de minutos, pero el tiempo parecía atascado. “En menos de dos minutos desde que se detectó la parada hasta que descargamos”, añadía. La ambulancia ya estaba en la puerta. Todo “fue rápido, quirúrgico, coordinado”, recalcaban ambos.

Humberto José Guimaraes Crespo, enfermero venezolano que lleva más de una década viniendo a San Fermín como parte del equipo foráneo de Cruz Roja, también intervino en el operativo: “Cuando me dijeron por radio ‘clave uno’, supe que era grave. Bajé las escaleras de cuatro en cuatro, y en menos de un minuto ya estábamos actuando sobre la paciente”.

“Fue como si hubiéramos trabajado juntos toda la vida —añadía—. Cada uno sabía lo que tenía que hacer. Esa coordinación fue lo que salvó la vida de la señora”.

“Nosotros lo llamamos el capote de San Fermín, pero del tamaño de la plaza de toros”, decía Ainhoa. El equipo médico y técnico que se formó ese día fue más amplio de lo que acostumbra: siete enfermeros y tres médicos. “Nunca habíamos trabajado los diez juntos, veníamos de Pamplona, Tudela, Madrid, Galicia y Barcelona. Y funcionamos como un reloj”, recordaba.

La mujer, sobrevivió sin secuelas. “Cuando nos enteramos de que no le iba a quedar ninguna secuela, fue una alegría enorme. Lo celebramos. Nos felicitamos entre todos”, decía Ainhoa. Y es que las paradas cardíacas no siempre terminan bien, y menos en un entorno tan caótico como una plaza de toros en San Fermín. “Yo estaba convencida de que alguna secuela le iba a quedar. Lo que pasó fue mágico”, insistía.

Aquella tarde, además de la rápida respuesta del equipo, también fue clave la respuesta del público. “Se abrió un pasillo brutal, como las aguas de Moisés. La gente colaboró muchísimo”, recordaba Oihan. Las peñas, que a menudo suelen ser vistas como parte del problema, fueron más bien parte de la solución: “No las consideramos un problema, al contrario, nos ayudan un montón. Incluso nos sacan a la persona si pueden”. La Policía Foral también fue una pieza importante en este ajedrez de colaboración. “Entre todos tapamos todo para que nadie viera su cara, por respeto. Fue muy humano todo”, relataba Ainhoa.

Mientras todo esto ocurría, la corrida no se detuvo. “Si la atención es al público, la corrida sigue. Solo se para si es a un torero o al toro”, explicaban. Muchos ni siquiera se enteraron de lo que estaba ocurriendo. Oihan, Ainhoa y Humberto llevan más de media vida al servicio de Cruz Roja. Lo hacen por vocación, pero también por responsabilidad. “Nuestro trabajo empieza cuando termina la corrida, cuando la gente se levanta, se cae, se resbala, se marea”, contaban. “El capote de San Fermín la cubrió entera. Y nosotros, afortunadamente, pudimos estar ahí para sujetarlo”.

Ainhoa Irigoyen Villar (izda.) junto a su compañero Oihan Villar Martínez (dcha.) en la Plaza de Toros.
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Ainhoa Irigoyen Villar (izda.) junto a su compañero Oihan Villar Martínez (dcha.) en la Plaza de TorosMIGUEL OSÉS
Ainhoa Irigoyen Villar (izda.) junto a su compañero Oihan Villar Martínez (dcha.) en la Plaza de Toros.

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