Fotografía

El águila de Bonelli y el guitarrista de Barricada

Alfredo Piedrafita, conocido por su dilatada carrera musical, 30 años en Barricada y una decena más por otras rutas, tiene en la fotografía una afición anónima con la que acaba de ganar un premio en Andalucía. Pero su hábitat está en Ezkaba

Fotografía de un águila de Bonelli, conocida como águila perdicera, con la que Piedrafita ha ganado el premio Andalucía Bird Festival 2025.
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Fotografía de un águila de Bonelli, conocida como águila perdicera, con la que Piedrafita ha ganado el premio Andalucía Bird Festival 2025.
Fotografía de un águila de Bonelli, conocida como águila perdicera, con la que Piedrafita ha ganado el premio Andalucía Bird Festival 2025.

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Pilar Fernández Larrea

Actualizado el 16/05/2025 a las 23:26

Alfredo Piedrafita Gómez posa su mirada en un buitre leonado que planea a los pies de Ezkaba. “Qué raro, no se ven muchos por aquí, y además solo. Es increíble que puedan volar así”, se detiene en ese instante, como si la música dejara de sonar en la cafetería de la casa de cultura de Artica, en el ventanal que se abre al verde exuberante de mayo. Guitarrista de Barricada durante 30 años, continuó luego por otros caminos su trayectoria musical y en pocos días se publica su nuevo disco ‘El mejor de tus días’, un vinilo con temas actualizados, los menos conocidos de Barricada, los que quedaron un poco más eclipsados, que se agotó ya en la preventa. Pero, al modo en que tantos animales mudan de piel, él tiene también su otra versión, es fotógrafo de naturaleza.

Compró su primera cámara hace nada, en 2011, para un viaje a Australia. “Entonces empezaban las digitales, ya no había de carrete ni nada de eso”, explica que las antípodas le impactaron, “una auténtica maravilla”, le imprimió huella, tanto que estuvo “a punto de echar raíces”. Todo aquello le dejó también una nueva afición que luego fue pasión y ahora casi es terapia. Por algo llamó 'Del Ruido al Silencio' al libro editado en 2022 con imágenes captadas en las faldas del monte Ezkaba, cerca de su casa en Artica. De ella sale con el libro bajo el brazo, dispuesto a mostrar la afición anónima de un personaje popular y a confesar un poco bajito que acaba de recibir un premio de fotografía de naturaleza, el primer premio de Andalucía Bird Festival 2025, con una imagen de un águila perdicera, nombre de andar por casa del águila de Bonelli. Se lo dedica a su amigo Javi Carvajal, “que hizo el trabajo de campo en Extremadura”.

Criado en la Txantrea, se reconoce de niño “haciendo judiadas a las lagartijas y comiendo los gorriones que caían cuando había una pedregada”. “Ahora sería incapaz”, sostiene y se recuerda también frente a la televisión, “enganchado”, esperando al azor con Félix Rodríguez de la Fuente o al torcecuellos que años después pudo fotografiar. Quién se lo iba a decir al chaval a quien los Reyes trajeron una guitarra y un laúd. “Mi hermano, como era el mayor, pidió la guitarra, pero la queríamos los dos. Le quitamos las cuerdas de nylon y le pusimos unas de metal para que sonara más rockero”. La música es su profesión y la fotografía le lleva por rincones singulares, no necesariamente lejos. En pocos días irá a Extremadura, “un lugar maravillosos para la fauna”, concede Piedrafita.

Tras aquel viaje a Australia buceó en tutoriales de internet para saber más, contactó con otras personas, amigos que le han enseñado mucho y enseguida cambió de cámara, aprendió otras técnicas.

Echando la vista atrás, a Alfredo le cuesta entender qué hacía antes de la fotografía. Le ha llenado tanto... “No es solo la imagen y su técnica, tienes que estudiar, conocer la propia naturaleza. A veces hago fotos en un mismo punto en invierno, primavera, verano y otoño y ves cómo cambia la luz, el fondo, el color... todo”, reflexiona.

Le gustan los días más cortos, cuando a las 5 anochece y sales al monte. Tal vez puedes ir a buscar cárabos o mochuelos o te cruces con un zorro.

Antes pasaba horas desacostumbrado, esperando a un ave que lo esquivaba. “Ahora ya las voy controlando mejor, al menos a las de aquí, pero si vas fuera a Madrid o a Andalucía, por ejemplo, es más difícil. Allí he ido varias veces en busca del lince y no lo he conseguido fotografiar aún y todo el mundo me decía, si vas a tal zona seguro que lo ves. Pues he ido tres veces ya expresamente y no lo he encontrado”, incide.

La fotografía le aporta “mucha paz”. “Mucha sí, es un relax, yo veo gente que habla de la meditación trascendental, de vivir el momento, de controlar tu respiración y ese tipo de cosas. Aquí estás igual, quieto, intentando oír el canto de un pajarillo, que llega, que se posa, de la luz, del enfoque, ese es el momento y cualquier otra cosa que tienes en la cabeza desaparece por completo. Ojalá pudiera estar todo el día con esto, te quitas de problemas”, sostiene.

Alfredo Piedrafita en Artica, a los pies del monte Ezkaba.
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Alfredo Piedrafita en Artica, a los pies del monte Ezkaba.EDUARDO BUXENS
Alfredo Piedrafita en Artica, a los pies del monte Ezkaba.

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No entiende bien la tala de árboles, donde hay madrigueras en el suelo, nidos en las ramas. “Alguna vez me ha tocado reñir con el pobre de la motosierra, que no tiene culpa. Para sacar fotos de animales necesito un montón de permisos de medio ambiente y algunos talan árboles alegremente, alguna razón habrá”, se resigna y vuelve a la infancia, cuando iban por el monte desde la Txantrea a Oricáin a pasar el domingo con la familia y con los amigos: “Cuántos animales se veían. Ahora no hay tantos”.

Los concursos de fotografía de naturaleza, considera, reparan a veces más en el escenario que en al animal. Buscan obras de arte. “Y este no, este fija en la naturaleza pura y dura. Creo que han valorado que se ven todo tipo de detalles, al águila perdicera las garras enteras, sus uñas gigantescas como auténticos cuchillos, para cazar. Estoy contento y sorprendido", se despide mientras un milano sobrevuela ahora el cielo enredado de la primavera en Artica.

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