Comercio Casco Antiguo

Lourdes Gómez Tellechea (Pastas Beatriz): "El barrio se ha mejorado y revitalizado mucho"

Junto con su hermana tomó las riendas de un negocio ya establecido que ha sabido mantener y ampliar

A* Jesús Garzaron
F* 2025_04_25
T* Pastas Beatriz, comercio del Casco Antiguo
L* Calle Curia 16, Pamplona
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Lourdes Gómez Tellechea y su hijo Jon  Andueza. A su espalda, Pastas Beatriz en Curia
A* Jesús Garzaron
F* 2025_04_25
T* Pastas Beatriz, comercio del Casco Antiguo
L* Calle Curia 16, Pamplona

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Myriam Munárriz

Actualizado el 05/05/2025 a las 08:20

Pastas Beatriz es el mejor ejemplo para demostrar que el relevo en un comercio puede ser posible aunque no sea una sucesión familiar. Y las largas colas de clientes que cada día hay en sus dos establecimientos del Casco Antiguo avalan esta teoría. En 1992, las hermanas Lourdes y Asunción Gómez Tellechea, de Ezkurra, se pusieron al frente del negocio llamado Ultramarinos Beatriz, que en realidad era ya un obrador de pastas. Pablo Saraldi que había comenzado la actividad en la plaza de la Cruz cogió el traspaso de esta tienda en la Estafeta y dejó el cartel de ultramarinos porque en un año no se podía cambiar de actividad. “Mi marido (Fernando Andueza Ripa) era comercial y en sus visitas a Pablo, éste le dijo que se iba a jubilar pero, sin hijos, no encontraba a quién traspasarlo”. “Mi mujer y su hermana son de caserío. Están acostumbradas a cocinar y trabajar”, le replicó el comercial. “Y sin tener ni idea, comenzamos. Pablo fue muy generoso, nos dejó todas sus recetas y, como vivía al lado, si había un problema venía enseguida. Y su mujer igual”.

Eran años, recuerda Lourdes y su hijo Jon, donde el comercio de cercanía significaba también familia. “El Casco Antiguo no tenía la aglomeración de ahora. Era más de andar por casa. Aquí venían clientas que nos dejaban a sus hijos mientras hacían la compra. Mi hermana a uno lo ponía en el peso y cuando venía la madre le decía, esta semana el chiquillo ha perdido cien gramos”, ríe Lourdes. Y, a la inversa, Jon se iba a una tienda de juguetes e imaginería religiosa. En 2009, el obrador se les queda pequeño y abrieron un segundo local en Curia. “En principio sólo era para trabajar, pero como había escaparate...”. No se arrepientes ni de abrirlo al público ni de apostar por lo viejo. “Puedo echar de menos esos años de tanta unión pero a la vez reconozco que el barrio se ha revitalizado y mejorado mucho, lo que beneficia al comercio”.

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