Abdo, el sirio que huyó de la guerra, vivió en un centro de menores y abre un bar en Pamplona
"Con 17 años me fui andando de Argelia a Marruecos y crucé a Melilla en los bajos de un camión", relata el dueño de la cervecería Sirius, en el Casco Antiguo, donde las 'shawarmas' son la especialidad


Actualizado el 27/03/2025 a las 10:07
Con 12 años huyó con su familia de la guerra en Siria, con 17 se fue andando de Argelia a Marruecos para colarse en Melilla, donde le internaron en un centro de menores, y al llegar a la mayoría de edad, le trasladaron a Pamplona. Y ahora, con 22 años, se ha convertido en emprendedor. Hoy, Abdo Al Alali inaugura la cervecería Sirius, en la calle Pozoblanco del Casco Antiguo de Pamplona, un paso más en una vida jalonada de dolor, miseria y también recompensas. “Sobre todo me siento orgulloso de haber podido ayudar a mis padres y hermanos”, expresa.
Con unos pocos ahorros que ha hecho trabajando en la hostelería en los últimos años, Abdo Al Alali ha podido alquilar el bar situado en la calle Pozoblanco número 16. “Llevaba tiempo buscando un local pero muchos propietarios me decían que yo no era el perfil que buscaban. Pero al final encontré este sitio, que me parece el mejor de todos, porque está muy bien ubicado y es muy bonito, con sus paredes de ladrillo rústico”, relata. El establecimiento ha tenido varios nombres en los últimos años: Quixote, Saint Wich y hasta hace un mes, CroquetArte. La cervecería Sirius va a ofrecer una fusión de gastronomía casera siria y local. La especialidad son los shawarmas, pollo marinado en especias, en pan de pita o en bocadillo.
Abdo Al Alali tiene muchos recuerdos de su infancia feliz en Idlib (Siria), con su familia y sus amigos de clase. “Una vida normal, en paz, hasta que estalló la guerra. Yo tenía 9 años. A mi tío lo asesinaron y a mí me dieron un tiro en el pie. Con 12 años tuvimos que huir a Argelia”, relata. Fue el inicio de un periplo marcado por el dolor y la miseria. En Argelia no podían ser contratados, así que subsistían con pequeños trabajos precarios. Esto le llevó a probar suerte en España. “Con 17 años me fui andando a Marruecos, cruzando las montañas. En los bajos de un camión conseguí cruzar a Melilla. En octubre de 2019 me metieron en un centro de menores. Lo pasé mal porque vivíamos hacinados y te encontrabas de todo, con chavales conflictivos”, explica.
Al cumplir 18 años, le trasladaron a Pamplona, a un piso de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). A las pocas semanas llegó el estado de alarma y el confinamiento, pero en cuanto pudo se puso a estudiar y a buscar trabajo en la hostelería. “Sin experiencia, no fue fácil”, admite. Por eso recuerda con gran ilusión aquel primer contrato, en un kebab que acababa de abrir en la calle García Castañón. Después ha trabajado en otros locales del Casco Antiguo, en la cocina y sirviendo copas en fin de semana. A la vez, se sacó los estudios de secundaria.
En octubre del año pasado, y gracias a las gestiones de la CEAR, pudo traer a Navarra a sus padres y a sus cinco hermanos pequeños. ”No hablan castellano pero están muy motivados para aprenderlo, estudiar y trabajar”, señala. En la cervecería Sirius cuenta con la ayuda de un hermano que también lleva varios años trabajando en hostelería. “Es muy buen cocinero y es experto en shawarmas. Hemos hecho una carta pequeña pero todos son platos caseros que hacemos con productos frescos. El pollo lo marinamos durante 24 horas con hierbas frescas. El pan de pita lo traemos de panaderías sirias de Madrid. Nuestra madre, que cocina muy rico, también nos ha dado buenos consejos”, señala Abdo. También van a servir falafel, hummus y tortillas sirias, además de algunos platos más occidentales, como alitas de pollo y pimientos del padrón.
Este joven tiene muy presente a la familia que todavía sigue en Siria: sus dos abuelas, tíos, primos... “Viven en campamentos en los bosques que rodean Idlib porque las casas están arrasadas y no hay ni dinero ni medios para reconstruirlas”, se lamenta. Muestra en el móvil cómo está su antiguo hogar, una vivienda a la que le falta el techo y tiene levantadas todas las baldosas. “Es un barrio fantasma”, expresa.