Aniversario

Los 75 años de Santa Catalina Labouré

El centro de la calle Abejeras, heredero de las hijas de la Caridad que impartían clase en ‘la Casita’, junto a la Catedral, inaugura una exposición fotográfica que recorre sus 75 años de historia

L* Colegio Santa Catalina Labouré,  Pamplona
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Asistentes a la inauguración de la exposición de fotografías. Desde la izda.: Roberto García, administrador; Laura Flamarique, directora; Pilar Martínez, directora de Secundaria; Silvia López, coordinadora de Primaria; Myriam Zabalza, coordinadora de Grado Básico y CFPE; Marta Floristán, coordinadora de Infantil; Teresa Cía, profesora de Secundaria; y Gloria Bergera, coordinadora de Pastoral
L* Colegio Santa Catalina Labouré,  Pamplona

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Ainhoa Piudo

Actualizado el 04/03/2025 a las 07:17

El colegio Santa Catalina Labouré abrió sus puertas en la calle Abejeras en 1948, primero como internado y después como escuela de párvulos y dos grados. Las primeras escolares llegaban al colegio con los zapatos manchados de barro, después de atravesar los campos de trigo y huertas de la Milagrosa e Iturrama, ambas aún sin desarrollar. Era, por aquel entonces, un colegio del extrarradio. En realidad, hay que remontarse más en el tiempo para dar con el origen del centro, que se encuentra desde enero inmerso en plena celebración de su 75 aniversario. Aunque la fecha se cumplió el curso anterior, ha sido éste cuando han encontrado opción a celebrarlo, con el día 28 de cada mes como fecha señalada en el calendario, por ser el 28 de noviembre la festividad de la patrona, Santa Catalina Labouré.

Si en enero se presentó un adelanto de un documental con testimonios de antiguos alumnos y alumnas, este pasado mes se inauguró una exposición fotográfica que hace un recorrido por las diferentes etapas del colegio. También se exhiben los distintos uniformes que han utilizado los escolares, así como objetos antiguos y una recopilación de noticias publicadas en distintos medios. “La hemos preparado con mucho cariño y nos emociona la idea de reencontrarnos con antiguos alumnos, familias y profesores y que, al recorrer la exposición, revivan sus años en el colegio y vean en ella reflejada una parte de sus vidas”, comparten desde el centro. Permanecerá abierta hasta mayo y podrá visitarse los miércoles de 16 a 18 horas.

De aquí a entonces, cuando se celebrará la fiesta que pondrá colofón al aniversario, están previstas actividades como un concierto, una obra de teatro o la plantación de un árbol.

EL ORIGEN, EN LA POSGUERRA

Después de la guerra civil, se pidió a unas hermanas de la congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente Paúl que impartieran enseñanza en el Casco Viejo de Pamplona. Se instalaron en la llamada Casita, que todavía en la actualidad se ubica junto a la Catedral y que es propiedad del Arzobispado. Además de impartir clases y dar de comer a las alumnas, funcionaba como internado.

En 1948 las hermanas se desplazaron a Abejeras. El terreno fue comprado con el dinero que se obtuvo de la venta de unas fincas en Falces, que una de las religiosas había recibido en herencia. El internado permitió acceder a estudios a muchas jóvenes de la época. En 1949 se abrió la escuela de párvulos y dos cursos de primaria y, para dar continuidad a la enseñanza iniciada, los niveles se fueron ampliando entre 1962 y 1969, año en el que ya se impartieron clases desde preescolar hasta el bachillerato superior. Las alumnas más antiguas recuerdan de aquella época nombres como los de Sor Ana, Sor Carmen, Sor Elisa, Sor Concepción o Sor Felisa.

Alumnas en 1964, en la imposición de la Medalla Milagrosa.
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Alumnas en 1964, en la imposición de la Medalla Milagrosa cedida
Alumnas en 1964, en la imposición de la Medalla Milagrosa.

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ESTUDIOS DE SECRETARIADO

La necesidad de preparar a las jóvenes para que pudieran acceder a trabajos de oficina hizo que se establecieran estudios de secretariado (taquigrafía, mecanografía, cultura general). Los estudios eran expedidos con el título de la Academia Kunel de Zaragoza.

En 1973 desapareció el Bachillerato al carecer de subvención para ese nivel y se amplió el centro con la construcción de dos nuevas alturas. En 1975 se autorizó el nivel de Formación Profesional de primer grado de la rama Administrativa y Comercial. Los conciertos escolares de 1986 hicieron estable la situación definitiva del centro.

Las alumnas de esta época recuerdan a algunas hermanas como Sor María Ángeles Marrodán, Sor Pilar Maeztu, Sor Eloisa, Sor Vitorina Ramírez (tiene 100 años y está en la comunidad), Sor Juana Osés, Sor Encarnación, Sor Josefina Celayeta, Sor Isabel Caballero, Sor Paula Santos, Sor Milagros Zaratiegui, Sor Carmen Ezquerro, Sor Elisa, Sor Purificación del Hoyo, Sor Felisa Aparicio, Sor Laura, Sor Mercedes, Sor Carmen Arbizu, Sor Asunción y profesores como Don José, Charo, Marisa, Esther, Pili, Maria Victoria o Puy.

El curso de 4º de Bachillerato en 1971
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El curso de 4º de Bachillerato en 1971 cedida
El curso de 4º de Bachillerato en 1971

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EL COLEGIO SE HACE MIXTO

En los años 90 el colegio se convirtió en un centro mixto, abriendo las puertas a los chicos. Contaba por aquel entonces con unos 550 alumnos y alumnas, incluyendo los de FP.

En esa misma década, e impulsado por su carácter de centro concertado de iniciativa social, se crearon las clases de Formación Profesional Adaptada, un programa dirigido al alumnado con desfase curricular medio (5º y 6º de EGB) y a aquellos que terminan la escolaridad entre los 14 y los 16 años. Se impartían dos módulos: cuidadores familiares (geriatría y puericultura) y servicios de mantenimiento (electricidad, fontanería, carpintería y pintura).

El alumnado de esta época recuerda a hermanas como Sor Salomé, Sor Puri, Sor Joaquina, Sor Patro, Sor Carmen Arbizu, Sor Laura Sesma y profesoras como María Victoria, Mertxe, Marisa, Esther o Rosa.

ESPÍRITU VICENCIANO

En las últimas décadas el colegio ha evolucionado “para adaptarse a las diversas y cambiantes leyes educativas”. Aunque en la actualidad todos los docentes son seglares, “transmiten con firmeza y compromiso el carisma vicenciano legado por las Hijas de la Caridad”. Siguiendo ese espíritu han apostado por el desarrollo de proyectos de aprendizaje y servicio, “convencidos de que la mejor manera de aprender es ayudando a los demás”. Apuestan por una educación transformadora basada en la inclusión, prestando especial atención a las necesidades específicas de apoyo educativo y a las iniciativas solidarias.

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