Despedida
Pamplona y la reina europea lloran la pérdida de Mari Ganuza
La parroquia de San Lorenzo se quedó pequeña para decir adiós a un ‘grande’ de la fiesta y las tradiciones en presencia de la figura que bailó


Actualizado el 25/02/2025 a las 09:15
No bailó este lunes la reina europea. “La reina no tiene bailador”, fueron las palabras que escuchó por la mañana el párroco de San Lorenzo, Javier Leoz, en el cementerio de un componente de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos. “La reina -apostilló el presbítero por la tarde- está de luto”. Su imagen estilizada de cartón piedra que bailó Mari Ganuza Senosiáin (Pamplona, 1959) siguió el funeral del que fuera su alma con un lazo negro pegado a la altura de su corazón. A la vera de San Fermín, ante la atestada capilla que lleva el nombre del santo, se unió a la despedida del que fuera presidente de la comparsa entre 1990 y 2019, cuya pérdida fue sentida por el entramado social y cultural que sustenta las tradiciones y las fiestas de la ciudad.
Una representación de portadores de la propia comparsa, de la Dolorosa y del Cristo Alzado, amén de miembros de la comitiva de Olentzero, dantzaris, integrantes de la peña Muthiko Alaiak y del grupo de jotas Navarrerías, a los que estuvo unido en cuerpo y alma, arropó a su viuda, Arantxa Bacaicoa, y al resto de familiares en un funeral, cuajado de emoción. Tres cuartos de hora antes de su inicio, los aledaños del templo concitaron a una nutrida concurrencia, señal inequívoca de la huella que dejó Mari Ganuza en tantos pamploneses. La afluencia de la tarde sólo fue un calco de la registrada por la mañana en el cementerio. En ambos encuentros, hubo detalles de afecto, como el dispensado por su viuda con la reina europea en cuyos brazos depositó un ramo de flores con quince minutos aún por delante para el funeral.
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LA CATEQUESIS DE LOS GIGANTES
La ceremonia arrancó con el ‘Agur Jesusen Ama’, interpretado por el grupo de voces blancas Basandere Ahotsak, cuyos cantos jalonaron los hitos de la liturgia. A la hora de la homilía, Javier Leoz no pudo sino recurrir a valores y ejemplos de entrega desde la discreción de Mari Ganuza en tantos escenarios de su vida polifacética. “¡Qué gran catequesis ofrecen los gigantes!”, se le escuchó decir. “No se ve a sus portadores, pero están ahí”. “Los gigantes nos hacen sentir lo bonito de la vida, pero sin su alma no son más que figuras. Los que están dentro son la entraña, el alma”, agregó. No se olvidó de los pasos de Semana Santa, donde Mari Ganuza dejó su impronta, como tampoco de la iniciativa que tuvo cuando “el 12 de julio de 2018” tuvo la idea de introducir a los “ocho regios” en la capilla de San Fermín. Eso sí, “siempre respetuoso”.
De su perfil humano destacó su condición de “enfermero” por ser quien se encargaba -dijo- de curar las heridas de los gigantes cuando sufrían algún traspié. Después de las muestras de apoyo recibidas desde su fallecimiento el sábado, Arantxa Bacaicoa tuvo palabras de agradecimiento. “He tenido -señaló- la suerte de estar con él, de tener esa magia hasta última hora”. La emoción alcanzó su cénit en el tramo final. Se escucharon dedicatorias cantadas, como la brindada con ‘Suliko’ por el coro de Santa María la Real o la jota de Rafael González Arana, con Marcos Sáenz de Pipaón a la acordeón. La primera en abandonar la capilla, en un gesto solemne, fue la reina europea. Se detuvo delante de Arantxa Bacaicoa. Intercambiaron una reverencia. Sobre el rostro de la reina, resbaló una lágrima.