Antonio Fernández, el último guarnicionero de Pamplona, prepara su jubilación
Casa Garatea, fundada en 1902 en la calle San Gregorio y dedicada a la equitación, tiene previsto cerrar en agosto. Ahora está en liquidación y abierto a un traspaso


Actualizado el 09/02/2025 a las 10:48
Guarnicionero, un oficio artesano que tiende a desaparecer. Antonio Fernández Sola, dueño de la centenaria Casa Garatea, es el único profesional de Pamplona que se dedica a arreglar sillas de montar, arneses y otros objetos para la equitación. Después de más de cuatro décadas en el oficio, Antonio se acerca a su jubilación. Ha puesto los artículos en liquidación y, con calma pero sin pausa, busca relevo. “Al que le interese puedo enseñarle las nociones básicas de guarnicionería”, señala mientras pone a punto una silla de montar “devorada” por el uso. Una labor de reparación y mantenimiento que van a echar en falta sus fieles clientes, aficionados a la hípica en los numerosos centros que hay por la comarca.
Casa Garatea fue fundada por Ángel Garatea en 1902. Entonces estaba en la calle San Gregorio número 2, donde después estuvo el bar La Montañesa. Fue un negocio importante de Pamplona, con media docena de trabajadores. La bajera del número 10 de esta calle se utilizaba como aparcamiento de los carros de los clientes. “Era una guarnicionería de trabajo. Los machos y bueyes se utilizaban como animales de carga en el campo, así que había mucha demanda de correas, cinchas, collerones, cencerros. Y todo se hacía a mano aquí”, recuerda Antonio. Este comerciante guarda “como un tesoro” los dietarios de la década de 1930, donde están apuntados los trabajos, quién los hizo y cuánto costaba. “Aquí está mi padre, Javier. 48 horas semanales, a 35 céntimos de peseta la hora -lee en el dietario de 1939-. Cómo ha cambiado la vida”.
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Su padre entró a trabajar con 12 años, como aprendiz y en 1960 se quedó con el negocio, manteniendo el nombre. La tienda se trasladó del número 2 al 10. Antonio recuerda de chaval salir de Escolapios e ir a la tienda a ayudar a su padre. Así fue aprendiendo el oficio. En 1993 tomó el relevo.
“Pero los tiempos cambian y llegaron los tractores y la maquinaria agrícola que sustituyó el trabajo de caballos, mulos y bueyes”, señala. Así, que Antonio Fernández Sola decidió reconvertirse y especializarse en equitación. “Hace 20 o 30 años se puso de moda”, destaca. Desde entonces tiene una buena colección de ropa para montar: botas, pantalones, polos, chalecos, cascos, guantes... “Ahora está todo en liquidación, con descuentos en la mayoría por encima del 50%”, cita. Y también tiene todo tipo de objetos para vestir al caballo, como vendas para las patas, sillas, mantas, estribos, cabezadas... y accesorios para peinar y asear al caballo. Además, tiene una sección de productos de marroquinería, bolsos y carteras.
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“Antes se fabricaba todo aquí de forma artesanal. Collerones, líneas, retrancas... pero desde hace tiempo se trae de fuera. Hace 27 años confeccioné el último collerón para el arrastre de madera en el monte”, recuerda. En el año 2000 hizo una gran reforma de la tienda, que luce una viga de madera antigua. Su mujer, Carmen Catalán, le ha ayuda en la atención a la clientela.
Antonio Fernández también es aficionado a la equitación. “Tengo un caballo español, tordo, de 15 años, en la hípica de Añézcar. Se llama 'Califa'. A lo largo de mi vida he tenido cuatro caballos pero este es con el que más estoy disfrutando”, cita. Aunque siempre ha montado a caballo, se animó a recibir clases cuando apuntó a su hijo de 5 años. “Es importante la formación si quieres montar a caballo por el monte y no quieres tener un accidente”, avisa.