El impacto emocional de una explosión que ha sacudido Noáin: "Mi hijo ha soñado esta noche que la casa se movía"
El estallido de este lunes 13 de enero por la tarde en la calle Concejo de Zabalegui no solo dejó nueve heridos, dos de ellos en la UCI, y obligó al desalojo de 250 personas, sino que ha cambiado profundamente la vida de un barrio entero


Actualizado el 14/01/2025 a las 17:24
“Que la casa se movía, eso ha soñado mi hijo esta noche”, relataba Ascen Pellicena este martes por la mañana, mientras evocaba con angustia los momentos posteriores a la explosión de gas que sacudió una vivienda del Concejo de Zabalegui el lunes a las seis de la tarde. Ascen, vecina del número 1 de la Travesía Concejo Zabalegui, vivió la noticia desde el centro de rehabilitación donde se encontraba en ese momento. La llamada inusual de su esposo la alertó de inmediato. “Nunca me llama a esa hora; sabe que estoy ocupada”, comentaba mientras tomaba un café en el polideportivo, que ahora funciona como un centro de encuentro improvisado para los afectados. En casa, su esposo y su hijo Andrés, de 11 años, habían experimentado de primera mano el impacto de la deflagración. “Cuando me llamó, tenía la voz rota. Me dijo que toda la casa se había movido”. La familia pasó la noche en casa de unos amigos, pero al día siguiente, la incertidumbre seguía dominando. “Es martes y aún no sabemos qué será de nosotros”, confesaba con preocupación.
CONFUSIÓN Y RECLAMOS EN UN BARRIO CONMOCIONADO
En las calles de Noáin, este martes por la mañana, el ambiente era de confusión y temor. Aún resonaban las preguntas entre los vecinos que se acercaban al perímetro acordonado por la Policía Foral y la Guardia Civil. Los saludos estaban cargados de preocupación: "¿Estás bien?", se preguntaban unos a otros.


“Nos salvamos de milagro. Solo quince minutos antes habíamos pasado por allí”, relataba una mujer desde la acera, todavía conmocionada. Dentro de la cafetería del polideportivo, los murmullos crecían en forma de enfado y dudas: "¿Por qué nos dejaron entrar a las viviendas si aún olía a gas? ¿Dónde está un punto de información para orientarnos?".
Olga Sarasola e Ion Urriza, vecinos del número 3 de Concejo Zabalegui, narraban su experiencia con un tono de frustración. “Estábamos en casa cuando ocurrió. La luz se cortó, pero no nos desalojaron de inmediato. Ahora estamos en casa de una amiga y no sabemos cuánto tiempo estaremos allí”. Intentaron regresar a su vivienda para recoger ropa, pero los agentes se lo impidieron. “Dicen que hay una acumulación de gas en los garajes”, explicaban.
Frente al cordón policial, decenas de vecinos aguardaban con paciencia, pero también con desesperación, la oportunidad de regresar a sus hogares y recoger lo indispensable: ropa, comida, medicamentos. Las respuestas, sin embargo, no llegaban. “Estamos sin luz, sin gas y, lo peor de todo, sin información. Solo podemos esperar”.
La magnitud del impacto quedó sintetizada en las palabras de Manolo Rodríguez, residente de la Avenida La Lostra: “Las ventanas de su casa están en la mía”. Ahora, junto a su esposa y sus hijos de 11 y 7 años, se encuentra alojado en un hotel. Pero la incertidumbre no les da tregua. “No sabemos si tendremos que dejar la habitación hoy o si podremos quedarnos. Todo es muy incierto”.
Mientras tanto, Noáin trata de recuperar la normalidad. Pero el eco de la explosión aún resuena en las vidas de sus vecinos, quienes esperan respuestas que aún parecen lejanas.
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