Invasión rusa

Mil días de guerra en Ucrania: "¿Podéis sacar a la niña de aquí y llevarla a Navarra?"

Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero de 2022 provocando el mayor conflicto en suelo europeo desde la 2ª Guerra Mundial. Nadiya y Vika, ucranianas de 60 y 17 años asentadas en Pamplona y Cáseda, relatan cómo están viviendo la guerra desde aquella madrugada en la que se sintieron las primeras explosiones

A la izquierda, Vika viajó a Ucrania el invierno pasado para visitar a su abuela; a la derecha, Vika celebra su 17 cumpleaños en Cáseda junto a Romy, su madre de acogida
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A la izquierda, Vika viajó a Ucrania el invierno pasado para visitar a su abuela; a la derecha, Vika celebra su 17 cumpleaños en Cáseda junto a Romy, su madre de acogida
A la izquierda, Vika viajó a Ucrania el invierno pasado para visitar a su abuela; a la derecha, Vika celebra su 17 cumpleaños en Cáseda junto a Romy, su madre de acogida

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Iván Benítez

Actualizado el 08/12/2024 a las 08:23

La madrugada del sábado 26 de abril de 1986, Chernóbil (norte de Ucrania) se convirtió en el epicentro de la mayor catástrofe nuclear de la historia. Una simple prueba de seguridad en uno de los reactores derivó en una explosión devastadora. La lluvia radiactiva, 400 veces superior a la radiactividad liberada en Hiroshima, expulsó a más de 300.000 personas de sus hogares.

Hoy, 38 años después, Chernóbil sigue siendo una ciudad fantasma. Las consecuencias han resultado catastróficas y generaciones enteras han quedado marcadas por un desastre humano al que se suma una nueva crisis humanitaria. La peor del siglo. El mayor conflicto en suelo europeo desde la II Guerra Mundial. Una guerra que comenzó la madrugada del 24 de febrero de 2022 y el 19 de noviembre de 2024 cumplió mil días. Un periodo de tiempo en el que, según Naciones Unidas, se han registrado más de 12.000 civiles asesinados y 27.000 heridos. 

Imágenes de la central de Chernóbil 25 años después del accidente nuclear
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Imágenes de la central de Chernóbil 25 años después del accidente nuclearEFE
Imágenes de la central de Chernóbil 25 años después del accidente nuclear

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Es difícil calcular el número de militares heridos o fallecidos. En diciembre de 2023, un informe desclasificado de los servicios de inteligencia estadounidenses enumeraba 315.000 heridos o muertos en el bando ruso. El New York Times reveló que en los dos primeros años perdieron la vida 70.000 soldados ucranianos y entre 100.000 y 120.000 resultaron heridos, según estimaciones de funcionarios estadounidenses. Las pérdidas rusas serían mayores: 120.000 habrían muerto entre el inicio de la guerra y agosto de 2023 y 180.000 heridos.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha llegado a precisar que 16 niños ucranianos mueren o resultan heridos cada semana. “Y esta situación no es nueva”, recuerda. “Los niños y niñas de Dombás viven en un entorno de conflicto desde hace más de diez años. Millones viven con miedo constante, muchos de ellos pasan hasta seis horas al día refugiándose en sótanos con el sonido de las sirenas antiaéreas”, refirió la directora de UNICEF. “Sin un apoyo sostenido a los niños, las heridas psicológicas de esta guerra resonarán a través de las generaciones”, agregó. Una invasión que ha arrebatado de sus hogares a 10 millones de personas (6 millones viven refugiadas en el extranjero).

La mirada de Vika en 2022, al llegar a Cáseda.
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La mirada de Vika en 2022, al llegar a Cáseda.Iván Benítez
La mirada de Vika en 2022, al llegar a Cáseda.

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"¡YA ESTÁ AQUÍ LA GUERRA!"

La invasión comenzó a las cuatro y media de la madrugada. Una de las primeras localidades en temblar por la artillería rusa fue la localidad de Khotivlya, en la zona de Chernígov. Vika (Viktoriia Atroshenko) se despertó sobresaltada. “¡Ya está aquí la guerra!”, gritó su abuela. Localizada en la misma confluencia de Bielorrusia y Rusia, con una población de unos 300 habitantes dedicados principalmente al campo, las columnas de los blindados pasaron de largo en dirección Kiev.

Simultáneamente, en Cáseda (Navarra), Rosa Germain Vivó Romy y Javier Remón Oroz, familia de acogida de Vika durante los veranos, pendientes en todo momento de las últimas noticias y del móvil, preparaban la salida de la niña. Lo consiguieron una vez que los soldados rusos se replegaron, dejando la zona sembrada de minas. Entonces, la tía de Vika escribió a Rosa y Javier: “¿Podéis sacar a la niña de aquí?”. Putin anunciaba en un discurso televisado que había comenzado una operación para desnazificar Ucrania.

Un día después, 25 de febrero, Rusia tomó el control de la zona de exclusión de la central nuclear de Chernóbil. Los combates cercaron Kiev y miles de refugiados huyeron hacia Polonia, desatándose el pánico a nivel mundial cuando Putin amenazó con un ataque nuclear. En 72 horas la invasión provocó 150.000 desplazamientos más allá de las fronteras.

27 de febrero de 2022.Unas dos mil personas se concentraron en la Plaza del Castillo de Pamplona por la paz en Ucrania.
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Unas dos mil personas se concentraron en la Plaza del Castillo de Pamplona por la paz en Ucrania el 27 de febrero de 2022Iván Benítez
27 de febrero de 2022.Unas dos mil personas se concentraron en la Plaza del Castillo de Pamplona por la paz en Ucrania.

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El 27 de febrero, la Plaza del Castillo de Pamplona latía por la paz. Cerca de 2.000 personas se concentraron organizadas por varias asociaciones navarras vinculadas a Ucrania. Hasta allí se acercaron decenas de ucranianos residentes en Navarra, pero también muchos navarros solidarizados con el sufrimiento.

A las manifestaciones de protesta se encadenaron actuaciones humanitarias de todo tipo. Por ejemplo, atenciones médicas a heridos de guerra. Después de siete meses de recuperación en el Complejo Hospitalaria de Navarra junto a otros heridos, tras caer malherido en el frente de Donetsk, Igor regresaba a casa en noviembre de 2022 junto a su mujer y dos hijos. Lo hizo de la mano de voluntarias de la Fundación Enfermeras de Navarra. La expedición, conformada por las enfermeras Adriana Arregui Azagra e Isabel Iturrioz Núñez, la traductora Elena Sohor y un periodista de Diario de Navarra, arrancó en coche en Zizur Mayor a Barcelona, continuó al día siguiente en avión hasta Cracovia unas dos horas y media, prosiguió en coche otras dos horas a Jarostaw, a veinte minutos de la frontera, y llegó al puesto de Medyka, uno de los accesos desde Polonia. A partir de este punto, Igor y las enfermeras se adentraron a pie y buscaron la línea roja entre los puntos de control. Esta era la orden de un general. Allí se despidieron y las enfermeras continuaron hacia Kernytsya, 30 kilómetros de Leópolis, donde la Fundación aún reconstruye un hogar para cien personas desplazadas por la guerra, la mayoría mujeres con hijos.

UCRANIA. 12 de noviembre.  Igor se despide de las enfermeras Adriana Arregui e Isabel Iturrioz  y la traductora Elena Sohor. Un general acude a recoger al herido
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UCRANIA. 12 de noviembre de 2022. Igor se despide de las enfermeras Adriana Arregui e Isabel Iturrioz y la traductora Elena SohorIván Benítez
UCRANIA. 12 de noviembre.  Igor se despide de las enfermeras Adriana Arregui e Isabel Iturrioz  y la traductora Elena Sohor. Un general acude a recoger al herido

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El 15 de mayo de 2022, un grupo de 38 personas refugiadas ucranianas, mujeres con hijos muy pequeños, incluso un bebé de tres meses, se sentaron en el interior de un autobús y volvieron desde Navarra al corazón de la guerra para estar cerca de sus maridos e hijos. El autobús partió de madrugada con mucha angustia contenida. En el andén de la oscuridad del polígono de Berrioplano, Fernando González se despedía emocionado. “Hemos intentado ayudar en lo que hemos podido”, se lamentaba al verlas marchar. “Con su partida nos vamos a quedar muy solos en casa. Espero que acabe pronto todo esto”. En la explanada también se encontraba Joxean Ruiz, alcalde de Arano, que tiraba de los maletones de Marina, 30 años, y su hija Miroslava, de 6.

En mayo de 2022, 38 refugiados ucranianos volvieron a su país en autobús desde Berrioplano.
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En mayo de 2022, 38 refugiados ucranianos volvieron a su país en autobúsIván Benítez
En mayo de 2022, 38 refugiados ucranianos volvieron a su país en autobús desde Berrioplano.

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DEL INFIERNO DE MARIÚPOL A NAVARRA

El 24 de agosto del primer año de guerra, el Gobierno de Navarra informó de más de 2.000 refugiados procedentes de Ucrania en la Comunidad foral desde el inicio de la invasión. “Seis meses después de comenzar la guerra, 1.435 personas ya han obtenido la protección internacional temporal y 1.158 cuentan con tarjeta sanitaria”. Casi 300 días después del inicio de la invasión rusa, diciembre de 2023, cuatro mujeres y cuatro hombres procedentes de Navarra (dos enfermeras y un enfermero, tres policías municipales de Pamplona, una empresaria y una traductora) decidieron jugársela para llevar regalos de Navidad donados en la Comunidad foral a 80 niños y niñas y sus madres hasta la localidad de Skole, al oeste. Mujeres y niños desplazados por los combates que sobreviven en un edificio abandonado.

Lyudmila recuerda en Pamplona cómo sobrevivió  durante dos meses el asedio de las tropas rusas en el sótano de este edificio de Mariúpol, en la imagen superior
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Lyudmila recuerda en Pamplona cómo sobrevivió durante dos meses el asedio de las tropas rusas en el sótano de este edificio de Mariúpol, en la imagen superioriván benítez
Lyudmila recuerda en Pamplona cómo sobrevivió  durante dos meses el asedio de las tropas rusas en el sótano de este edificio de Mariúpol, en la imagen superior

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El 7 de abril de 2023, Lyudmila, 75 años, recordaba en Pamplona cómo sobrevivió durante dos meses el asedio de las tropas rusas en el sótano de un edificio de Mariúpol. Sin apenas agua ni comida, junto a otros 22 vecinos, la mayoría ancianos, el líquido que bebían procedía de las cisternas de baños y calderas. Un vaso al día para no orinar, puesto que no había donde hacer las necesidades. Hasta que el agua se terminó y la gente enloqueció. “La sed fue lo peor”, recordaba en este periódico. Y también los gritos de los más mayores que quedaron atrapados en las plantas superiores de los bloques de viviendas. Muchos murieron quemados vivos, tal y como pasó a la madre de Lyudmila, que vivía con su hermana. Se estaba produciendo la mayor crisis humanitaria de la guerra sin que nadie pudiera frenarla. Muy pocos conseguían escapar del cerco. Sin embargo, Lyudmila lo logró gracias a una hija que vive en Pamplona. Subió a una furgoneta y en un viaje a vida o muerte de seis días llegó en mayo de 2022.

Lidia Bondarenco y Jersón, el lugar donde falleció tras un bombardeo ruso
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Lidia Bondarenco y Jersón, el lugar donde falleció tras un bombardeo rusoCedidas
Lidia Bondarenco y Jersón, el lugar donde falleció tras un bombardeo ruso

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UNA PAMPLONESA MUERTA EN JERSÓN

Dos meses después, una vecina de Pamplona de 80 años, Lidia Bondarenco, fallecía en Jersón, al sur de Ucrania por el impacto de un misil ruso. El ataque se produjo el 8 de junio a las seis de la tarde mientras los grupos de rescate evacuaban a miles de personas afectadas por las inundaciones provocadas por la destrucción parcial del embalse de Kajovka. Cuatro horas antes del bombardeo, Lidia recibió la visita de un médico en su domicilio para examinarla de una dolencia cardíaca. “Se sentía cansada y quería echarse a descansar en la cama”, recordaba su amiga Tatyana Tarasova, también natural de Jersón y vecina de Pamplona. Lidia regresó a su país para cuidar a sus tres gatos y unas propiedades familiares. Su hija trató de retrasarlo sin éxito. “La gente está muy cansada de esta guerra. Ya nadie sale de sus casas para esconderse en los sótanos. Estoy muy cansada... No te puedes imaginar lo feliz que soy sentada en el sofá con mis gatos”, dijo antes de morir.

En julio de 2024, fallecía en las trincheras de Bajmut el sobrino de una vecina de Pamplona. “Me decía que era su tía guerrera”. Natalya le recordaba entre lágrimas. Tía y sobrino mantenían una fuerte relación a pesar de la distancia. Un vínculo que se fortaleció tras el inicio de la guerra gracias a los paquetes que le enviaban periódicamente desde Navarra tanto ella como Nadiya Sohor, amiga y vecina pamplonesa. “No olvides que conformáis la segunda línea del frente”, solía espolearlas Sergiy. De hecho, Natalya y Nadiya habrán uniformado a unos 200 soldados en un conflicto que ha entrado en su tercer año de guerra.

A la izq., Sergiy, sobrino de Natalya, en Bajmut. A la dcha.; Rusian duerme en Donetsk, en un saco enviado de Pamplona
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Sergiy, sobrino de Natalya, en BajmutCedidas
A la izq., Sergiy, sobrino de Natalya, en Bajmut. A la dcha.; Rusian duerme en Donetsk, en un saco enviado de Pamplona

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Sergiy murió en julio tras un bombaredo. En la imagen, su tía Natalya le recuerda.
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Sergiy murió en julio tras un bombaredo. En la imagen, su tía Natalya le recuerdaIván Benítez
Sergiy murió en julio tras un bombaredo. En la imagen, su tía Natalya le recuerda.

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SACERDOTES SECUESTRADOS

Fue casi al inicio de esta guerra cuando tropas rusas detuvieron a dos sacerdotes redentoristas ucranianos acusados de “actos subversivos”. Ambos religiosos, liberados el 28 de junio de 2024 gracias a la intervención del Vaticano, lo primero que hicieron tras dejar atrás el campo de trabajos forzados ruso donde han permanecido dos años ha sido continuar con la misión de ayuda que llevaban al cabo al frente de su comunidad greco-católica. Para ello, se pusieron en contacto con José Miguel de Haro, párroco de Santísimo Redentor en Madrid, que a su vez conectó con la ONG Ayuda Contenedores y con la comunidad ucraniana en Navarra, en concreto con Nadiya Sohor

De izquierda a derecha, David, Alina, y Oleksandry (familia ucraniana que ha salido este verano de la guerra). A su derecha, Benjamín Rekarte (Federación de Peñas), José Miguel de Haro (sacerdote redentorista de Madrid), José María Puig (presidente de Ayuda Contenedores) y Adriana Arregui (enfermera).
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De izquierda a derecha, David, Alina, y Oleksandry (familia ucraniana que ha salido este verano de la guerra). A su derecha, Benjamín Rekarte (Federación de Peñas), José Miguel de Haro (sacerdote redentorista de Madrid), José María Puig (presidente de Ayuda Contenedores) y Adriana Arregui (enfermera)DN
De izquierda a derecha, David, Alina, y Oleksandry (familia ucraniana que ha salido este verano de la guerra). A su derecha, Benjamín Rekarte (Federación de Peñas), José Miguel de Haro (sacerdote redentorista de Madrid), José María Puig (presidente de Ayuda Contenedores) y Adriana Arregui (enfermera).

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Así es como prendió una nueva mecha de solidaridad que partió hacia el este de Ucrania, primero de Madrid a Pamplona para luego continuar directamente a Novoyavorivsk, pueblo de la pamplonesa Sohor. “Sin Ayuda Contenedores hubiera sido imposible todo esto ”, expresó emocionado el sacerdote al ver partir el tráiler. “Hemos traído a Pamplona comida, camisas, linternas, mochilas, mucho material.... Aquel camión, como otros, viajó cargado con material deportivo de la Liga de fútbol gracias a la gestión de Benjamín Rekarte, responsable de acción social de Aficiones Unidas, presidente de la Federación de Peñas de Osasuna y de la asociación Europa con Ucrania. Aquella veraniega mañana, la explanada de Ayuda Contenedores también contó con la presencia de Alina y sus hijos Sasha y David, una familia que realizó 4.000 kilómetros para “desconectar” de un infierno al que volvieron en agosto.

Alina y sus dos hijos, David y Sasha, de 16 y 12 años, posan a finales de julio con una figura de San Fermín antes de regresar a Ucrania
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Alina y sus dos hijos, David y Sasha, de 16 y 12 años, posan a finales de julio con una figura de San Fermín antes de regresar a UcraniaIván Benítez
Alina y sus dos hijos, David y Sasha, de 16 y 12 años, posan a finales de julio con una figura de San Fermín antes de regresar a Ucrania

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Alina y sus hijos, David y Sasha pudieron disfrutar de tres semanas fuera de la guerra gracias a un grupo de navarros. “Allí vivimos encerrados, así que hemos optado por no salir por el rechazo que sufrimos por hablar solo ruso”, contaba David. Hasta 2022 residían en el corazón del Dombás, en Kramatorsk, uno de los principales objetivos del Kremlin. Ella trabajaba de educadora y su marido en un taller artesano. Llevaban una vida rutinaria que transcurría en torno a familia, trabajo, estudios, amigos y sueños. Nunca pensaron que después de sufrir un conflicto que estalló en esta región en 2014 entre las fuerzas ucranianas y los separatistas de Donetsk y Lugansk, de ser testigos de bombardeos y destrucción tras la invasión de febrero de 2022 y de huir durante dos días y dos noches en coche, les tocaría afrontar una guerra interior: la soledad.

Explosiones en Bajmut
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Bombardeo con fósforo blanco en Ucrania fotografiado por un soldadocedida
Explosiones en Bajmut

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Ese mes de agosto, Ucrania lanzaba una operación transfronteriza para conquistar parte del territorio de la región rusa de Kursk para abortar los planes rusos de abrir un nuevo frente desde Kursk, a lo que Putin respondió incorporando en sus filas a 11.000 soldados norcoreanos. La participación de este tercer país es lo que ha inclinado al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a autorizar a los ucranianos el uso de los misiles con un alcance de 300 kilómetros en territorio ruso. En este escenario, Vladimir Putin ha firmado un decreto que autoriza el uso del arma nuclear.

La operación ucraniana en Kursk ha pillado desprevenido al Kremlin
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La operación ucraniana en KurskSTRINGER
La operación ucraniana en Kursk ha pillado desprevenido al Kremlin

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El secretario general de la OTAN aseguró hace unos días que los aliados están de acuerdo en que el envío de defensas aéreas a Ucrania “es una prioridad”. Los ministros aliados participaron en la noche del martes en un Consejo OTAN-Ucrania junto a su homólogo ucraniano, quien les solicitó 19 sistemas de defensa aérea adicionales para defender infraestructuras de energía estratégicas ante los insistentes bombardeos de Rusia, que está poniendo a prueba sus misiles hipersónicos. De hecho, el ministerio ruso de defensa ha difundido imágenes de lo que dice son fragatas de su armada equipadas con proyectiles de crucero hipersónicos. Armas capaces de transportar una cabeza nuclear.

Mientras, Vika, la niña de 14 años que llegó a Cáseda escapando de los blindados rusos,  estudia Bachillerato de Ciencias y su idea es continuar. El 4 de noviembre sopló 17 velas junto a Romy y Javier, sus padres de acogida, y en diciembre regresará a su aldea del norte de Ucrania para celebrar la festividad de San Nicolás con sus abuelos. “Llegué hace dos años a España, la vida aquí es bastante diferente a la que yo tenía en Ucrania pero la gente es igual de buena y maja”, escribía esta semana. “Aquí, al igual que en Ucrania, tengo a las personas que me quieren, tengo mis amigos, mi segunda familia. Aunque estoy bien no dejo de preocuparme al ver cómo está la situación en mi país. Siempre estoy en contacto con mi familia para saber si están a salvo o no. Es duro ser conscientes de que en Ucrania están en riesgo, mientras yo estoy bien aquí. Es muy duro”.

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