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Quién fue Esteban de Adoáin y por qué tiene una calle en Pamplona

Esteban de Adoáin, misionero y predicador, defendió la fe en América y Europa en tiempos de inestabilidad política y religiosa

Monumento al Padre Esteban de Adoáin
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Monumento al Padre Esteban de Adoáin
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Diario de Navarra

Publicado el 03/12/2024 a las 05:00

A lo largo de su vida, el fraile y misionero Esteban de Adoáin, que cuenta con una calle en Pamplona (calle Padre Adoáin), dejó una huella profunda en los países en los que ejerció su labor religiosa y social. Nacido en 1808 en la pequeña localidad navarra de Adoáin, en Urraul Alto, Esteban creció en una familia de labradores, lo que forjó en él una conexión con la sencillez y el trabajo. A los veinte años ingresó en el noviciado capuchino de Cintruénigo, donde adoptó el nombre de Esteban de Adoáin, en honor a su lugar de origen. Aunque sus estudios de Teología se vieron interrumpidos por las circunstancias políticas en España, su vocación y su destino como misionero ya se vislumbraban.

Durante la primera mitad del siglo XIX, España vivía una época convulsa en la que las reformas liberales, especialmente la desamortización de Mendizábal, alteraron profundamente el panorama religioso. Debido a la persecución de órdenes religiosas y la incautación de bienes eclesiásticos, Esteban de Adoáin tuvo que huir de Pamplona y exiliarse en Italia, donde pasó dos años que marcarían profundamente su vida y misión. En Italia no solo perfeccionó el italiano, sino que se familiarizó con las misiones populares, un tipo de apostolado orientado a las clases más humildes. Estas misiones influirían en su visión y método de evangelización en América.

Tras su estancia en Italia, Esteban de Adoáin fue enviado a América, donde se convirtió en un misionero itinerante. En Venezuela, Cuba, Guatemala y El Salvador, trabajó durante tres décadas como predicador y guía espiritual en condiciones a menudo hostiles. Su dedicación fue total, enfrentándose a enfermedades tropicales, conflictos políticos y a un entorno donde la influencia eclesiástica no siempre era bienvenida. Uno de los momentos más críticos fue en Guatemala, cuando la expulsión de los capuchinos puso en riesgo la estabilidad de la población. Ante el riesgo de un levantamiento popular, la intervención del padre Esteban, respetado por la gente, fue decisiva para evitar una masacre.

La expulsión definitiva de Guatemala no significó el fin de su labor. Tras su retorno a Europa, se estableció en Bayona, Francia, desde donde continuó su misión como predicador y trabajó en la restauración de la Orden Capuchina, que había sufrido un duro golpe con las desamortizaciones y los exilios. Su dedicación hasta el último momento de su vida, en 1880, le ganó el respeto no solo de sus compañeros de orden, sino también de la comunidad religiosa de toda la región.

Esteban de Adoáin es recordado en Navarra no solo como un religioso y misionero, sino como un hombre que enfrentó la adversidad y los desafíos de su tiempo. Su figura simboliza la fuerza de los misioneros navarros que llevaron su fe y su apoyo a comunidades en los rincones más lejanos del mundo.

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