Bares, qué lugares

Bar Alivio, el premio a la constancia

Los hermanos Sonia y Gabriel Tanco Jurío son la segunda generación al frente de este local junto a los cines Golem de Ermitagaña

Gabriel y Sonia Tanco Jurío, la segunda generación del Bar Alivio.
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Gabriel y Sonia Tanco Jurío, la segunda generación del Bar Alivio.
Gabriel y Sonia Tanco Jurío, la segunda generación del Bar Alivio.

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Myriam Munárriz

Publicado el 03/12/2024 a las 05:00

En 1987, el matrimonio de San Jorge formado por José Antonio Tanco y Chelo Jurío decidían "subir a Pamplona" para abrir un bar. La pareja conocía el sector porque en su barrio habían regentado la Panadería Chelo y el Bar Sonia. "Como mi nombre", dice con orgullo su hija que junto a su hermano Gabriel hace quince años dio el relevo a sus padres en las riendas del negocio ubicado en el número 2 de la calle Ermitagaña, pegado a los cines Golem. "Lo gracioso es que ellos compraron un local que entonces era nocturno, muy vanguardista y metido en la que fue la movida de Pamplona. Y ellos venían de trabajar el día, el café y el pincho".

Entonces no existía la plaza Yamaguchi y el Iruña Park era un amasijo de hierros y hormigón. Pero sí estaban los cines, abiertos en 1982, y que proporcionaban una clientela para la que también se abrió una tienda de chucherías, a la que siguieron dos más de las que perduran la de la avenida de Barañáin y Sancho el Mayor. "Son muy conocidas nuestras palomitas caseras. De hecho hay gente de fuera que las probó de estudiante y cuando visita la ciudad compra bastantes bolsas para llevárselas a casa", dice Gabriel.

El producto casero es la carta de presentación del alivio. "Hacemos hasta la pasta de los fritos. Están los pimiento, el más emblemático de la casa, el tigre sin cáscara, jamón y queso, por supuesto la clásica croqueta y e incluso uno de huevo", enumeran los hermanos. También tienen una carta para comer en la que siguen la misma máxima: producto de la tierra y comida casera. "Vamos, la que comemos nosotros mismos".

La clientela es muy variopinta: están los de paso, aquellos que van al cine, al tanatorio, del Iruña Park y, un fenómeno nuevo, el de los apartamentos turísticos. "Estos últimos, sobre todo, valoran los pinchos porque hay una corriente de visitantes que se acerca a Pamplona atraído por su gastronomía". Pero también están los fijos, los que viven en Ermitagaña, los que trabajan cerca y personas jubiladas. "Gozan de buena salud y no se quedan en casa, sino que se acercan por las mañanas a disfrutar de un vermú. Y no sólo el fin de semana".

Y por las tardes, sin llegar al tardeo del centro, sí hay gente que busca el ocio con una buena cerveza, al que hacia las ocho de la tarde le acompañan los bocadillos. Y para ellos cuentan con tres tanques de cerveza que garantizan el sabor de fábrica. "Sin espuma de más, pudiendo así saborear la bebida con todos sus matices", explican sobre estos tanques que llegaron tras la pandemia junto a la reforma completa del local. 

"¿El secreto para mantenernos tanto tiempo? La constancia. Mantener las señas de identidad del producto local y de calidad y un trato cercano sin ser invasivos. En definitiva, hacer lo que sabemos hacer después de tanto tiempo".

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