Bares, qué lugares
Bar Katiuska, el segundo cuarto de estar de su casa
Desde hace dos años, Victoria Torres Mariño y Jorge Mosquera Mora regentan este establecimiento en el que el trato familiar es la seña de la casa


Publicado el 02/12/2024 a las 05:00
"Buenos días, Pablo. Aquí tienes el café". Y Pablo sólo ha dicho hola. Pero tras la barra del Katiuska (Monasterio de la Oliva, 7), Jorge Mosquera Mora ya sabe qué quiere su cliente, al que se dirige con la familiaridad del que acude todos los días al bar. "Nuestra seña es tratar a la gente como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Y eso es con cercanía", dice este hostelero que junto a su mujer Victoria Torres Mariño llevan dos años al frente de este establecimiento hostelero del barrio de San Juan. No son nuevos en el sector, durante mucho tiempo regentaron el bar Lerma de Estella. "Pero los hijos se nos han hecho grandes, se fueron a estudiar. Y a nosotros nos apetecía dar el salto a la capital". Sin miedo. "Hay que vivir la aventura, siempre, Cuando era pequeño, en medio de la selva colombiana, ya le decía a mi madre que algún día me marcharía fuera. Y así fue, primero a Bogotá y luego a España", sonríe al recordarlo Jorge.
Ahora, una de sus hijas trabaja con ellos mientras completa sus estudios a distancia, el mayor ya terminó Derecho ("pero le gusta tanto este mundo que se ha hecho somelier de un restaurante") y la pequeña se prepara para ser bióloga en León. Ellos, dice la pareja, ya hicieron su recorrido vital más importante cuando hace 24 años llegaron a Navarra. "Somos ya de aquí. De hecho, nuestra oferta gastronómica es totalmente de la tierra, con producto fresco y de temporada. Pero dejamos un 10% a la comida colombiana como homenaje a nuestros orígenes".
A lo largo de la mañana se siguen sucediendo el rosario de clientes, como el de una madre joven que pide reservar cena para 14 personas en la terraza. "Es que su nene cumple los años. Para nosotros es casi de familia porque lo conocemos desde que estaba en la tripa de su madre; si nos dejan, lo cogemos en brazos una y otra vez". Pero no sólo los asiduos al bar son gente del barrio. "También el boca a boca hace mucho y nos vienen de otros lugares de Pamplona o de las parroquias cercanas. ¡Incluso gente de Estella que nos conocía y si viene a la ciudad quiere comer con nosotros!"
Su servicio es amplio, desde las nueve y media de la mañana hasta las once de la noche. "Pero también nos pueden dar las doce o más tarde si es fin de semana. Por eso decimos que ésta es nuestra casa y nuestra casa a donde vamos a dormir". El trasiego en la barra y en la cocina es constante, con esta amplia oferta culinaria de pinchos. "Esmeramos mucho la presentación porque siempre digo que la comida, como el amor, entra primero por los ojos. Pero tiene que estar bueno para que repitan, ¿eh?".
Y una anécdota para terminar. "Cuando cogimos el bar preguntamos por el nombre. Nos contaron que al abrirse el barrio estaba el plena construcción por lo que había mucho barro en esta zona y que para venir al bar había que ponerse un buen par de katiuskas".