Pamplona

La farmacéutica del Ensanche que se crio en una venta

Se jubila Lourdes Arrechea, una de las farmacéuticas de referencia en el Ensanche de Pamplona, después de 36 años en la plaza Príncipe de Viana con Conde Oliveto, un entorno que muda vertiginoso. La suya es una historia de ayuda al paciente.

Lourdes Arrechea, este miércoles 13 de noviembre en la farmacia junto a Natalia Góngora, la nueva titular.
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Lourdes Arrechea, este miércoles 13 de noviembre en la farmacia junto a Natalia Góngora, la nueva titular
Lourdes Arrechea, este miércoles 13 de noviembre en la farmacia junto a Natalia Góngora, la nueva titular.

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Pilar Fernández Larrea

Actualizado el 15/11/2024 a las 12:27

No piensa en cruceros de lujo, ni en gastar suela en paraísos de postal, tampoco le quitará el sueño inscribirse a mil y un cursos. “¿Qué haré cuando me jubile? Desayunar tranquilamente, un café y unas tostadas y leer el periódico despacio, en papel”. Lourdes Arrechea se arrima a la vida sencilla. Una de las farmacéuticas de referencia en el Ensanche de Pamplona se jubila tras una prolija andadura en la botica que llevaba su nombre desde el 30 de enero de 1989, casi 36 años “haciendo las cosas como creía que había que hacer”. Esta ha sido su última semana y ella sí tendrá relevo: Natalia Góngora, de 26 años. En la plaza Príncipe de Viana, esquina con Conde Oliveto, una de las arterias de la ciudad, un entorno que muda vertiginoso. Ya no quedan prácticamente en la manzana comercios de aquellos 80 o 90.

Mis pacientes han sido mi vida, sé que les voy a echar de menos, pero prefiero marcharme así, he podido dar el servicio hasta el final”, resume diáfana esta mujer de formas elegantes que desliza en la conversación sus orígenes. Lourdes Arrechea Bidaur se crió en una venta de Dantxarinea, en Urdax, donde lo mismo vendían “una lata de sardinas que un anillo de oro o una lápida”. El mostrador le gustó siempre, igual que los cuidados, la salud de las personas. Estudió en la escuela en Urdax, Bachillerato en la Compañía de María de Hondarribia y COU en Pamplona. Son cuatro hermanos, “tres chicas y un chico”, y Lourdes recuerda cómo lloraba cada lunes su madre: “Tengo cuatro hijos y no tengo ninguno decía, aunque sabía que volvíamos el sábado. Siempre”. En verano trabajaban en las ventas y luego vuelta al colegio. Estudió Farmacia en la Universidad Complutense de Madrid, trabajó primero en diferentes farmacias y aquel enero de 1989 cogió la farmacia de la que era titular María Cabodevilla, que se jubilaba con 80 años largos.

“Me gustaba la Medicina, pero Farmacia abarca más, tocas todas las especialidades. Somos el primer eslabón sanitario, el más accesible”, subraya Lourdes y lamenta que la Administración les haya “atado de pies y manos” y ponga al tiempo pegas al paciente, cuando ellos son profesionales que pueden prescribir tratamiento para “males menores”. “Necesitan un Ibuprofeno de 600, un Nolotil o una crema para una quemadura con un poco de antibiótico, y tienen que ir al médico porque no se lo podemos vender sin receta”, explica. “O una mujer que viene con síntomas claros de una infección de orina. Tampoco”, añade.

Lourdes Arrechea repara en que se ha sentido querida y lo ha percibido con mayor intensidad desde que se supo su marcha. “Nunca pensé que la gente me apreciara tanto”, confiesa y destaca cuánto ha disfrutado con su profesión. “No puedo decir que he venido un solo día sin ganas a trabajar, repetiría lo mismo, a pesar de los momentos difíciles que hemos vivido, con la ley de Farmacia y con otros”, valora y vuelve a ellas, a las personas: “Poder ayudarles en lo que precisaran, en su salud”. Constata su vecindario que Lourdes Arrechea ha sido mucho más que expendedora de medicamentos. No ha dudado en atender a personas en apuros, en acercarse a su casa, en preguntar cómo les va, una conversación a tiempo, una sonrisa en el momento preciso. Es la manera en que concibe su profesión. Y se detiene de nuevo en la atención sanitaria. Ella y su equipo, que seguirá al frente de la farmacia, han dirigido talleres para personas mayores en prevención de caídas o alimentación saludable y en otros grupos de edades.

A pesar de que las redes sociales, opina, “han deshumanizado” esta y tantas profesiones. Comparte que hay que estar en ellas, pero para divulgar, siempre en el marco del área sanitaria. No esconde que la salud no tiene vacaciones. “Esto no es una zapatería”, sostiene y considera que pude ser una de las razones de las dificultad para encontrar profesionales. Tampoco horarios. “A puerta abierta estamos para el cliente, pero hay mucho trabajo a puerta cerrada”.

Puede que Lourdes lea estas líneas con la taza de café entre las manos o pensando en volver el fin de semana a Dantxarinea, como no ha dejado de hacer en estos años, con el único propósito de visitar a sus tías, estar con sus hermanos, con su familia, junto al fuego. Conversar. Cuidarse unos a otros.

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