Bar El Cali pone fin a 72 años de buen ambiente y grandes recuerdos
Este jueves se jubila Ramón Otazu, veterano hostelero siempre ligado al Segundo Ensanche


Publicado el 31/10/2024 a las 05:00
Una despedida discreta que será un antes y un después en la calle Amaya de Pamplona. El bar California, El Cali de toda la vida, se despide este jueves de su clientela y del Segundo Ensanche. Ramón Otazu Larrauri se jubila a los 66 años. “Me voy con mucha pena pero creo que me lo merezco después de tantos años en el oficio”. Un merecido descanso también para Eduardo Guillén, camarero de los del viejo oficio.
El Cali abrió sus puertas en 1952 con la familia Rodríguez como propietaria. En sus orígenes fue la Taberna Andía. “Esto era como una segunda casa”, explicaba en 2012 José Javier Ustárroz, implicado en las actividades del 'club' desde sus inicios. Con motivo de su 60 aniversario, El Cali quiso recuperar su espíritu con una gran fiesta con charanga y kilikis y una exposición de coches antiguos.


Estos últimos días en El Cali han sido ocasión de rememorar los “gratos recuerdos” de varias generaciones de vecinos. El equipo del Trofeo Boscos, la peña, los kilikis, la charanga Jubilosos donde Juan Cruz Alli tocaba el saxofón, los festivales navideños o el sorteo de la tradicional cesta de Navidad, cuyos fondos servían para sufragar los gastos del equipo de fútbol, dar un donativo a las Hermanitas de los Pobres y comprar regalos para los huérfanos. Pero sobre todo por el programa sanferminero alternativo, con chupinazo incluido. Hasta que en el año 2000 el ayuntamiento no autorizó el toro de fuego y se suspendieron también las verbenas.


Ramón Otazu, perteneciente a una saga de hosteleros siempre ligados al Segundo Ensanche, cogió El Cali el 1 de junio de 2016. Hasta entonces había estado en el Mikael de la plaza de la Cruz, bar que abrió su padre, el lerinés Juan Otazu Abete, en 1969. Los Otazu llevaban también el Savoy, donde sigue Aitor, hermano de Ramón. “La parroquia no nos renovó el alquiler del Mikael y tuvimos que marcharnos. Pero nos vinieron a buscar los de El Cali porque necesitaban relevo”, recuerda Ramón. El bar estuvo dos meses cerrado por obras. “Fue una reforma integral, de la cocina, los baños, todo”, señala. Eso sí, respetando la icónica fachada con su logotipo y el diseño interior de perfiles en ángulo recto.


El bar continúa en perfectas condiciones, señala Ramón, que desconoce qué será del local, que tiene otros propietarios. Al igual que en el Mikael, este hostelero siempre ha apostado por la cocina tradicional, con menú del día y “una buena barra de pinchos, unos ya preparados y otros que hacemos al momento”.Callos, morros, migas de pastor, caracoles, ajoarriero y bien de pan para huntar en las salsas.
Para esta última jornada de trabajo, Ramón Otazu no ha querido preparar nada especial. “En los últimos días me he ido despidiendo de los principales clientes, teniendo un detalle con ellos en agradecimiento. Espero que este jueves no haya una avalancha de gente porque sólo estamos para atenderlos”, confiaba.