Historias y un buen pintxo

Los goles de Osasuna se viven en Casa Albero

Este bar fundado en 1978 se encuentra situado a escasos metros de El Sadar y se convierte en un centro de reunión para los aficionados rojillos los días de partido

Aficionados disfrutan de un partido de Osasuna en Casa Albero
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Aficionados disfrutan de un partido de Osasuna en Casa Albero
Aficionados disfrutan de un partido de Osasuna en Casa Albero

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Iker Jiménez Fernández

Publicado el 29/08/2024 a las 05:00

Con casi 50 años a sus espaldas, el Bar Casa Albero se ha convertido en un emblema de Pamplona. Fundado en junio de 1978 por Marcos Albero y Carmen Mauleón, el local está situado en la calle Zolina, a pocos metros del estadio El Sadar, lo que lo convierte en un punto de encuentro vital para los aficionados de Osasuna. “Mis padres abrieron el bar justo antes de San Fermín, y desde entonces hemos visto cómo el barrio y la clientela han cambiado con los años”, comenta Juan Albero, quien actualmente lleva el negocio junto a su esposa Narci Cabeza.

Casa Albero es un bar familiar en toda regla. Juan comenzó a trabajar en él a los 17 años junto a su hermano Alfonso, un año menor, y recuerda con cariño cómo su madre seguía bajando al local incluso después de jubilarse: “Le hacía ilusión estar aquí, aunque solo fuera una o dos horas”. 

Uno de los símbolos más reconocidos del bar es la estatua de Rojillo situada en la terraza, tallada en madera por Alfonso Albero. “La hicimos como un amuleto cuando Osasuna estuvo a punto de bajar a Segunda B. A los niños se les cae la baba cuando la ven y un año hasta les puse una caja para que echaran allí las cartas a los reyes magos”, explica. 

Los días de partido, Casa Albero se transforma en un hervidero de aficionados y es difícil llevar la cuenta de los bocadillos y cervezas que se piden “Es una locura, pero nos encanta ver el bar a tope de gente”, dice Juan.

Durante la semana, el bar sigue siendo un punto de referencia para los trabajadores del barrio y los residentes de siempre, aunque ahora también atrae a estudiantes de una residencia cercana. “La gente que vive en el barrio y lleva viniendo tantos años al bar más que clientes son amigos”, añade Juan. 

Los menudicos, una de las especialidades de la casa, es uno de los platos más demandados. “Cada vez hay menos sitios que los sirven, y eso nos ha dado un impulso”, señala. La paciencia y la dedicación es lo que ha llevado a Juan a mantenerse en el bar durante 46 años: “Es muy complicado medir el éxito o el fracaso, la clave es trabajar duro y tener un poco de suerte”, concluye.

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