Hostelería

Cierra el bar Hawai, con 60 años de andadura en Pamplona

El bar echa la persiana el 25 de septiembre al extinguirse el contrato de arrendamiento firmado hace diez años con la propiedad del local

Paloma Sagüés, tras el mostrador del bar Hawai
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Paloma Sagüés, tras el mostrador del bar Hawai
Paloma Sagüés, tras el mostrador del bar Hawai

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Marialuz Vicondoa

Actualizado el 28/08/2024 a las 07:10

El emblemático bar Hawai, situado en la pamplonesa calle Navarro Villoslada, número 14 bajo, echa la persiana. Será el 25 de septiembre cuando el negocio hostelero, con más de 60 años de historia y que desde 2014 está regentado por Paloma Sagüés Lacasa, dejará de atender a su ya fiel clientela. Las albóndigas caseras, el ajoarriero, la ensaladilla rusa, los pimientos rellenos de bacalao, la leche frita, las manitas de cerdo y esa tortilla de patata que le ha llevado a copar los primeros puestos en listas de medios especializados, plataformas y guías turísticas (Trip Advisor, El Comidista…) y que sirven en el mismo bar, además de atender encargos, dejarán de cocinarse. “El contrato de arrendamiento del local toca a su fin después de diez años y los propietarios no quieren que continúe. Así que, con mucha pena, me veo obligada a cerrar”, explica Paloma Sagüés, todavía sin saber el futuro que tendrá el local y sin posibilidad de traspasar el negocio.

Fue en 2014 cuando esta pamplonesa decidió emprender en el negocio hostelero, nuevo para ella en ese momento. Los anteriores regentes del bar Hawai querían traspasarlo y Paloma Sagüés firmó un contrato de arrendamiento para diez años con la propiedad del local. Siempre tuvo la confianza, por las conversaciones mantenidas con los dueños, de que, llegada la fecha de extinción, podría firmar un nuevo contrato que le permitiera continuar con la actividad. Pero no ha sido así.

De estos años de trabajo, en una “actividad dura, difícil y poco reconocida como es la hostelería”, señala, destaca las personas que se ha encontrado en el camino. Porque Paloma Sagüés es de esos hosteleros que llaman a sus clientes por su nombre, sin miedo a equivocarse, y que conocen sus vidas, sus preocupaciones, sus alegrías… “He tenido la mejor clientela de Pamplona, agradecida, educada, cariñosa… Sé que muchos venían en esos comienzos del negocio, que siempre son tan complicados, con el único fin de apoyarme. Son clientes que valoran la buena cocina y el producto de calidad”, explica Paloma Sagüés días antes del cierre. Porque el Hawai se ha caracterizado en estos diez años por la comida casera y por sus recetas propias. La reconocida tortilla de patatas, con su cebolla y pimientos fritos, elaborada al momento y servida con forma rectangular, del tamaño que pidiera el cliente, es creación de Paloma Sagüés.

A la hora de decir adiós, esta hostelera se lleva, además de la satisfacción de la relación con sus clientes, la mantenida con los proveedores y los locales vecinos. “Todos me han ayudado siempre mucho y se han portado muy bien con nosotros”, señala. Y destaca el papel que han tenido en su día a día ‘vecinos’ hosteleros como La Servicial, El Saturnino, con la encargada Gentzane Rodríguez Gorostieta, Besos Robados y El Adiskyde. Agradece especialmente el trabajo y el compromiso de Aránzazu Erice Larumbe, quien le ha acompañado como camarera todos estos años.

La historia del Hawai se remonta a 1960 cuando el pamplonés Eloy Fernández Marquínez puso en marcha el bar. En 1969 asumió el negocio Lucio Manuel Riesco de la Llave y María Feliciana (Mila) Valerdi Andueza, matrimonio que mantuvo el bar hasta 2014, fecha en la que se firmó el traspaso a Paloma Sagüés. Al asumir la gerencia, quiso ir eliminando paulatinamente las referencias al mucho taurino que había caracterizado el local hasta entonces. Los huecos que iban dejando en las paredes estos motivos y los diferentes adornos que iban llevándose los antiguos arrendatarios fueron llenándose de imágenes de Tintín, héroe del mundo del cómic del que Paloma Sagüés ha sido y es gran admiradora. Por eso una de las paredes del bar está presidida por el cartel de cine original, de 1,60 por 1,20 metros, de “Tintin et le lac aux requins”, adquirido en el mercado parisino de las Pulgas hace más de 30 años. “Eran los comics que regalaban a mis hermanos pero que yo devoraba de pequeña”, recuerda de esa época en la que pertenecía a una familia numerosa. Porque Paloma Sagüés es la octava de 11 hermanos e hija del matrimonio formado por Joaquín Sagüés  Amorena, que fue alcalde de Pamplona entre 1969 y 1972, y de Carmencita Lacasa Martínez-Guardamino.

Después de estudiar Formación Profesional de Administración y Finanzas, Paloma Sagüés (Pamplona, 2 de abril de 1964) comenzó a trabajar en la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona (CAMP), en la Obra Social y Medios de Pago. De ahí pasó a gestor de empresas y gestor operativo de atención al público en Caja de Ahorros de Navarra, Banca Cívica y La Caixa. Al finalizar su relación laboral con esta última entidad, la búsqueda de trabajo le llevó a vender lavadoras en Carrefour y dedicar tiempo a la Cruz Roja como monitora voluntaria. Con anterioridad a su experiencia en las entidades financieras, trabajó seis temporadas en el Balneario de Fitero, en reservas y facturación, y cuatro veranos de monitora en el campamento Montejurra de Ulzama. A todo ello añadió sus experiencias como cocinera en San Fermín en el bar Bodegas Riojanas o en contabilidad en Óptica Rozaut. Todo ello antes, mucho antes, de recalar en el Hawai. Con dos hijas, de 25 y 27 años, a Paloma Sagüés le gustaría seguir trabajando y, a punto ya de decir adiós a los últimos diez años vividos entre la barra y la cocina del bar, desearía despedirse personalmente de los clientes que han disfrutado en este tiempo de sus pimientos rellenos, de unas manitas de cerdo o de su famosa tortilla de patatas. 

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