El fenómeno de las fruterías paquistaníes y marroquíes: así consiguen competir en precio

Estos emprendedores madrugan para ir a Mercabilbao y Mercazaragoza e intentan vender todo en el día: mucho volumen y poco margen

Abdelkader Serhir, de Marruecos, regenta desde 2021 una frutería en la avenida Marcelo Celayeta número 40
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Abdelkader Serhir, de Marruecos, regenta desde 2021 una frutería en la avenida Marcelo Celayeta número 40
Abdelkader Serhir, de Marruecos, regenta desde 2021 una frutería en la avenida Marcelo Celayeta número 40

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Pedro Gómez

Actualizado el 25/07/2024 a las 09:08

Mucho volumen de ventas con un margen mínimo de beneficio. Ese es el secreto, según explican sus dueños, de las fruterías de barrio regentadas por ciudadanos paquistaníes, marroquíes y en menor medida latinos y chinos. Escaparates que muestran montañas de naranjas, nectarinas, manzanas golden o cebollas de guisar a 0,99 euros el kilo. Pero la fórmula de éxito tiene muchas más claves, entre ellas “muchas horas de trabajo” y el “buen trato al cliente”. Por eso no todos los negocios prosperan y algunos terminan echando la persiana a los pocos meses.

“Cada vez hay más competencia”, expresa Osman Cul, paquistaní que trabaja en Frutiver, en la avenida Marcelo Celayeta 111. Su familia es de las pioneras en Pamplona en las fruterías 'low cost', con la apertura en 2017 del primer Frutiver, en la calle San Fermín 53, donde todas las mañanas se forman colas. En 2019 abrieron en la Rochapea y en 2022 en la calle Mayor de Burlada. “Así abarcamos la mayor parte de la comarca”, señala Osman mientras atiende a una cliente habitual que viene desde Barañáin. Entre las tres tiendas tienen once trabajadores.

LA COMUNIDAD PAQUISTANÍ

En los últimos años, otros paquistaníes han abierto fruterías con el mismo formato e incluso con nombres similares. “A algunos les conocemos y a otros no, pero no tenemos ningún tipo de relación comercial con ellos. No les asesoramos ni nada, entre otras cosas porque no tenemos tiempo”, señala Osman. Este frutero sale de trabajar a las siete de la tarde, cena y se va a dormir. “Muchos días me levanto a las tres de la mañana para ir a Mercabilbao, Mercamadrid o Zaragoza. Es la forma de conseguir un producto de calidad a buen precio”, explica este tendero, que admite conocer “muy bien” a los mayoristas tanto de Mercairuña como de otras ciudades. En el caso de Frutiver, mantienen contactos con productores locales para las frutas y hortalizas de temporada. “Esta temporada he vendido más de 200 kilos de espárragos al día, de Arróniz”, señalaba Osmán.

El espíritu emprendedor y comercial está en el ADN de la comunidad paquistaní en Navarra, donde viven en torno a 800 personas. Las tiendas de accesorios para móviles y los kebabs son otros sectores en los que están presentes desde hace años. El modelo de las fruterías low cost ha sido imitado por pequeños empresarios de Marruecos, India, China o Latinoamérica.

ABIERTO AL MEDIODÍA

En general, buscan calles con elevado tránsito de peatones o que son zona de paso. La avenida de Zaragoza y Marcelo Celayeta son dos claros ejemplos. En ambos casos, tienen un atractivo añadido, la clientela multicultural. Abdelkader Serhir, marroquí de 35 años, casado y con dos hijas, empezó hace una década con una frutería en la avenida Zaragoza y en el 2021 se trasladó a Marcelo Celayeta número 40. En Frutinet trabajan dos hermanos y dos empleadas más. “Soy muy feliz en Pamplona”, expresa. Abdel va casi todos los días a Mercairuña o Mercabilbao a buscar “buen género a buen precio”. Esta primavera trajo espárragos de Sartaguda y cerezas de Echauri. Ahora tiene tomates de la Ribera. “Aquí apenas tiramos frutas y verduras. Cuando se empiezan a estropear, se las entregamos a familias necesitadas del barrio”, explica.

Frutinet, Frutiver, frutas Romero, Wasi, Frutimix, Mubeen, Los Fueros y La Milagrosa, entre otras, no cierran al mediodía y la mayoría abre los domingos. Funcionan como autoservicio, donde cada cliente se sirve los productos y luego pasa por caja para pagar. Por eso las primeras horas de la mañana son las más concurridas, para elegir las mejores piezas.

VIAJES A MERCABILBAO

Mercabilbao es uno de los destinos favoritos de estos negocios. Allí es posible conseguir horquillas de precios más amplias. Por ejemplo, en la semana del 15 de julio, las naranjas valencia late tenían un precio medio de 0,80 euros el kilo, con una horquilla desde los 1,20 a los 0,50 euros. Las manzanas golden oscilaron entre los 0,50 y los 2 euros. En el caso de las hortalizas, los precios son más estables. Los calabacines, por ejemplo, oscilaron entre los 0,70 y 1,40 euros.

Para poder rentabilizar el transporte, las fruterías se marcan como objetivo vender la mayor parte en el día. “A última hora de la tarde nos solemos quedar sin tomates, naranjas, lechugas, fresas...”, admite Osman. La mayoría de estas fruterías carecen de cámaras frigoríficas o bien son de tamaño reducido. Así se ahorran costes de electricidad. La inversión en acondicionamiento de los locales y en mobiliario también es reducida.

COMIDA EXÓTICA

Junto a las frutas y verduras, estas tiendas son pequeños supermercados donde encontrar todo tipo de alimentos internacionales. Abdelkader tiene en Frutinet más de una decena de variedades de arroces, como los aromáticos. “Se venden por sacos. Los africanos no pueden vivir son arroz”, comenta.

Osman, en Frutiver, también tiene mucha clientela africana que demanda productos muy específicos del continente: “Compran mucho aceite de palma”. El cliente latino también tiene sus productos específicos. “Vendemos mucho queso fresco a colombianos, dominicanos, venezolanos... También salsas picantes, como el chile habanero”, enumera Osman.

La mayoría de fruterías paquistaníes también venden bebidas alcohólicas, las marroquíes no. Ofrecen también conservas y legumbres navarras. Los huevos, normales y camperos, son también un producto de reclamo que se venden por cartones. “Están más baratos que en supermercado”, aseguran.

En este cruce de culturas gastronómicas, estos fruteros admiten que la gente de aquí cada vez se anima a probar comida extranjera, como las salsas, especias y frutos secos. “Los dátiles que traigo de Marruecos les chiflan”, señala Abdel. 

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