Zolina, oxígeno para la cuenca de Pamplona
Tras un año de trámites, con pastos sembrados y vacas y ovejas de razas autóctonas en el entorno, ya funciona como sumidero de carbono

Publicado el 01/05/2024 a las 20:00
La balsa de Ezkoriz, que en los años 60 del siglo pasado se preparó para recoger lodos salinos y lixiviados de las explotaciones mineras de Potasas, es desde hace unos años uno de los refugios de aves y otras especies en la cuenca de Pamplona. El tercero de Navarra con casi 250 avistadas y el número 16 en la Península ibérica. Objeto de deseo para diferentes proyectos, desde urbanísticos, como la ciudad bioclimática que se llegó a tramitar a finales de los 90 por el Gobierno de Navarra, hasta ligados a energía renovable, como el experimental de Acciona en 2019 para instalar paneles fotovoltaicos solares, también recogió planes para mantener su estado como humedal y proseguir con su naturalización. Lo lanzó en 2020 Aranguren con idea de sumar al Valle de Egüés. Hasta hace un año. Entonces se consolidó la apuesta de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona para transformarlo en uno de los sumideros de carbono con los que pretende compensar las emisiones de CO2 que producen sus servicios e instalaciones.
Un año después, con las antiguas parcelas destinadas a cereal alquiladas a Sodena (Posusa) y convertidas, en parte, en pastizales y los animales pastando, ya es una realidad entre Zolina (Aranguren) y Badostáin (Valle de Egüés). Oxígeno para la cuenca de Pamplona . Y un experimento que sus promotores muestran con entusiasmo y que ha sumado a colaboradores como la UPNA, el Gobierno foral a través de INTIA y hasta los ganaderos de la zona, dos de los supervivientes, que han llevado vacas y ovejas de raza autóctona, pirenaica y raza navarra.
Las vacas, que además estrenan collares inteligentes con tecnología GPS, son de la cooperativa agrícola y ganadera que constituyó la familia Izko, de Labiano. Lo explica Gorka Izko Pérez, de 28 años , que junto a sus dos hermanos varones sigue la tradición que continuaron su padre y su tío y que antes tuvo su abuelo.
Las ovejas son de Aritz Larequi Apesteguía, de 32 años y vecino de Aranguren. Formado como electricista, tras pasar por la fábrica apostó por seguir como pastor en el valle cuando la salud de su padre se resintió y sumó la tercera generación a un oficio que venía del abuelo.
Con Izko y Larequi firmó la Mancomunidad el acuerdo para introducir el ganado y dar así un paso más en el proyecto, convertido además en el mayor pastizal en la comarca.
VENTAJAS
David Campión, presidente de la Mancomunidad, doctor en Biología y cabrero aficionado en su Valle de Ollo de residencia, explica los pasos dados. “La UPNA ya ha tomado las muestras de suelo para saber cuál es la situación de partida en cuanto a carbono almacenado en el suelo. Luego se irá mirando periódicamente para ver cómo va aumentando cada año. La conversión de cultivos cerealistas en pastizales permanentes puede suponer 1 tonelada de carbono por hectárea y año que se acumule en el suelo. Además de eso, hay que descontar todo el petróleo que no se gasta en combustibles, abonos, fitosanitarios, etc...”, presenta los datos técnicos.
Y ahonda en ellos. “Es una muy buena herramienta para ello, además también de prevenir incendios y de aumentar exponencialmente la biodiversidad en aves, insectos, flora etc... La mayoría de los proyectos de sumidero de carbono se centran exclusivamente en plantar árboles (la Mancomunidad lo hizo en el meandro Arecea de Huarte), incluso en árboles de crecimiento rápido, no en bosques. En Navarra estamos más faltos de pastizales naturales que de árboles, ya que el abandono rural ha propiciado un avance imparable de los bosques, y hay que tener también pastizales, que son muy ricos en biodiversidad. Estos pastos de Zolina son los más extensos de la comarca y vamos a ver cómo evolucionan naturalmente”, dice de uno de los proyectos que se incluyó en el programa de gobierno que firmaron para su reelección. Y avanza otros, como uno que se trabaja con el Ayuntamiento de Adiós para recuperar arbolado en un antiguo vertedero.
Y TEMORES
En un paseo hasta la zona elegida por las vacas en sus primeros días en la balsa, Gorka Izko no oculta los temores. Y entre ellos, los efectos que puede producir el agua salina de la balsa en sus animales y la presencia de humanos y canes cuando no respetan al ganado. “En casa recordamos cómo murió una vaca de mi abuelo que bebió agua salada. A ver ahora. Ya se está trabajando para llevar y se han puesto depósitos. Pero las personas tienen que tener cuidado y respetar. Sobre todo si van con perros. Tienen que sujetarlos porque alteran al ganado y el efecto puede ser muy perjudicial. En las vacas quizá no tanto, pero también. Pero sobre todo en las ovejas”, apunta ese lado negativo frente a un proyecto que les va a permitir mantener ganado cerca de casa. Ahora lo llevan a Jaurrieta o a Urbasa en verano.
Campión corrobora los temores y anuncia la colocación de carteles y la difusión para evitar estas situaciones. Y subraya la presencia de otros animales que eligen la zona por la salinidad.