Pamplona
El profesor de Cuba que vino a Pamplona a cumplir su sueño
Ruddy Guerrero llegó a la capital navarra hace tres años para estudiar un master con una beca en la UPNA. Sus padres y su abuela sacaron los ahorros del banco para pagar el billete de avión y ahora agradece la decisión que tomó


Publicado el 03/03/2024 a las 05:00
Le entusiasma la primavera de Pamplona, ver brotar lento las hojas, de pronto una margarita en medio del verde, el lienzo de color sobre el horizonte desnudo. Le parece algo mágico. En Cuba, donde se crió, las estaciones se solapan unas con otras, difuminadas, sin contrastes. Ruddy Guerrero, Ingeniero Informático con 29 años recién cumplidos, ha cumplido también el sueño con el que se levantaba desde niño en La Habana: programar ordenadores. Comenzó con 14 años, con ordenadores “a los que dabas a ejecutar, te ibas a tomar café, volvías y aún estaba cargando”. Nació en una familia “de clase media allí, lo que sería pobre aquí”. Y decidió estudiar Matemáticas, objetivo para el que le instruyeron de manera especial. “Pero como casi todo lo que sucede en la vida”, cuenta Ruddy, una casualidad quiso que el día del examen de acceso no pudiera acudir. “Entonces me presenté al de Informática, quería ser ingeniero informático, creo que te aporta mucha visión del mundo, algorítmica, muy razonada, cada vez que resolvía un problema era un logro, y cuando no lo resolvía aún mejor, porque pasaba cuatro o cinco horas intentándolo. Ganar es dulce, pero cuando pierdes aprendes mucho también”, reflexiona. Y de competir sabe porque desde niño se presentó a las olimpiadas de Informática. Llegó a ganar a nivel de su país, cuando el certamen internacional se iba a celebrar en Australia, “pero el Gobierno no puso fondos” y no pudo ir. Sí estuvo más tarde en China, en la modalidad universitaria, quedaron en el número 100 de 144 y fueron primeros del Caribe, vio los frutos de la trayectoria. “Cuando muchos se iban de fiesta tú te ponías a estudiar”, recuerda. Una vez licenciado comenzó a impartir clases de Optimización en la Universidad de Santa Clara, donde había estudiado. “Ganaba 34 euros al mes”, apunta y sostiene que de algún modo veía su vida anclada. Decidió solicitar becas en muchas universidades de distintas partes del mundo con el fin de cursar un master. Le respondieron de dos, una en México y la Universidad Pública de Navarra. Con una beca de 6.000 euros llegó a Pamplona. Antes, sus padres y su abuela sacaron todos sus ahorros del banco para pagarle el pasaje, unos 500 euros. “Yo ganaba 34 al mes, cuándo podría ahorrar para un billete?”. No tiene duda de que ha sido la mejor decisión de su vida. La otra, estudiar Ingeniería Informática.
Llegó en noviembre de 2020, con una ciudad aún envuelta en la pandemia. “En la universidad había una silla vacía y al otro lado el compañero. Aquí nadie me quiere, pensaba yo. Y mi madre me decía que estuviera tranquilo, que era por el covid, al poco hice amigos”, sonríe ahora.
Con los 6.000 euros, calculando que necesitaba unos 450 al mes para los gastos, para vivir, tenía que buscar un trabajo porque la beca se agotaría antes de finalizar el master. Un compañero me habló de la empresa Sumitomo, me contrataron y a día de hoy sigo allí”, prosigue su relato. Tras caducar el visado de estudiante y pasados tres años desde que llegó, ha logrado el de trabajo. En la empresa tiene horario de mañana, además imparte dos horas de clase a alumnos de Ingeniería Mecánica e Industrial en la UPNA y dos días es profesor en la academia Algorithmics. Enseña a programar Phyton, un lenguaje muy demandado, con mucho desarrollo en aplicaciones y en inteligencia artificial. Y el mejor regalo para Ruddy es ahora “ver el fruto trabajando con buenas personas y los pequeños clones” como llama a sus alumnos, como Ariadna Puertas Caballero, estudiante de Jesuitas de 15 años que ha logrado el segundo puesto en la Olimpiada Informática de Navarra, donde competía con personas hasta dos años mayores y que se ha clasificado para la final nacional de la Olifem.
Considera Ruddy que las competiciones son positivas porque conoces la universidad, ves si te gusta o no, haces amigos en todo el mundo y te integras en un ambiente competitivo, sano.
Ruddy Guerrero está muy agradecido a Navarra y a sus habitantes. “Me he encontrado personas geniales, personas que están dispuestas a ayudar, fiel a principios y no me he visto apartado por ser de otro país”, recuerda que ha sido en este tiempo monitor en un grupo scout de la parroquia de Mendebaldea, donde también se sintió acogido. Y subraya que Pamplona es una ciudad pequeña en la que puedes llegar en bici a todas partes, limpia, con muchos árboles y zonas verdes. Mi abuela quería que fuera jugador de beisbol, beisbolista, pero si vuelvo atrás, hago lo mismo”, se reafirma sin dejar de sonreír. El único lunar, el invierno es muy largo. Ya falta menos para la primavera.