Pamplona, a pie de calle

Doble relevo en la familia de joyeros Pelegrín

Xabier e Iker Pelegrín han heredado la pasión por el delicado trabajo de orfebre de su padre, Javier, fallecido de forma repentina en noviembre

Iker y Xabier Pelegrín Vivanco posan con su madre, Yolanda, en la joyería que abrió su padre
AmpliarAmpliar
Iker y Xabier Pelegrín Vivanco posan con su madre, Yolanda, en la joyería que abrió su padre
Iker y Xabier Pelegrín Vivanco posan con su madre, Yolanda, en la joyería que abrió su padre

CerrarCerrar

Pedro Gómez

Actualizado el 27/02/2024 a las 16:26

La joyería y el fútbol. Son las dos pasiones que Xabier e Iker Pelegrín Vivanco han heredado de su padre, Javier Pelegrín Domenech, fallecido en noviembre pasado a causa de un derrame cerebral a los 70 años de edad, cuando todavía seguía activo en su taller de orfebre. Un duro golpe que ha trastocado los planes profesionales de esta saga de joyeros. A principios de febrero, la familia cerró la joyería situada en la calle Bergamín número 4, pero los hermanos continúan su actividad en la oficina taller que tienen en el edificio Aurora, en la misma calle Bergamín número 2. “Nuestro padre empezó por su cuenta con un piso de la calle Mayor, con 21 años. Por cosas de la vida, nosotros volvemos a un piso 50 años después”, comentan. Aunque ahora se llevan diseños minimalistas y vanguardias, esta segunda generación de joyeros no ha cambiado la pasión por el trabajo artesanal de orfebre para lograr alianzas, sortijas o pendientes únicos por encargo.

Javier Pelegrín comenzó en el oficio con 15 años en el taller de joyería de Ricardo Rojo en la Estafeta, primero haciendo recados y luego ya como aprendiz. “Aprendió bien y rápido, lo que le permitió con 21 años montar su propio taller, en la calle Mayor”, destacan. En 1982 abrió una joyería en la calle Íñigo Arista, en Iturrama, y en 2012 se trasladó a la calle Bergamín número 4. Sin duda, el encargo más especial que Javier Pelegrín tuvo en su carrera profesional es una mitra para la imagen de San Fermín. Se la encargó en 2014 el entonces párroco de San Lorenzo, Santos Villanueva, para cumplir la última voluntad de un navarro afincado en Madrid, que dejó escrito en su testamento que una parte de la herencia se destinara a una mitra para el santo. “El donante quiso permanecer en el anonimato. Nunca llegamos a saber su identidad”, explica la familia. Con una plancha de plata de 1,20 metros, Pelegrín confeccionó la mitra a la que luego le hizo delicados trabajos de orfebrería. La familia conserva en casa una réplica en miniatura que hizo en los trabajos preparatorios.

Iker y Xabier, ya desde muy jóvenes, empezaron a ayudar a su padre en el taller a la vez que compatibilizaban sus estudios. Sin embargo, desarrollaron su pasión por la joyería por caminos distintos. Iker ha permanecido junto a su padre. “Empiezas por curiosidad y conforme aprendes te vas enganchando”, expresa. Xabier también se vio contagiado por el entusiasmo y la profesionalidad de su padre. “Quise ir muy rápido, quise saberlo todo sobre el mundo de la joyería”, expresa. Estudió en la escuela EASO de San Sebastián y después viajó a Escocia con intención de trabajar en alguna joyería y seguir aprendiendo.

“El 15 de junio de 2014 me fui a Glasgow y allí conocí a Evan Scott, que confió en mí y que fue mi profesor, mi mentor, mi inspiración. Me desveló muchos de sus secretos”, relata. Aprendió nuevas técnicas y dio rienda suelta a la vena artística. Con ese bagaje regresó a Pamplona y montó su propio taller en una oficina del edificio Aurora, dedicado a trabajos personalizados, sobre todo alianzas. Ahora, Xabier e Iker unen sus talentos para dar continuidad a Pelegrín como sinónimo de trabajo artesanal y delicado.

“Atendemos a parejas que vienen con una idea clara y original de lo que quieren. Una imagen, o un mensaje que significa mucho para ellos. Y les hacemos partícipes de ese proceso”, explican. Por ejemplo, los clientes tienen la opción de fundir en el crisol viejas joyas a las que les quieren dar una vida nueva.

Junto a las joyas, Xabier e Iker también han heredado de su padre para afición por el fútbol. Javier Pelegrín jugó en Oberena y fue durante muchos años presidente de la división de fútbol, además de vicepresidente del club. Sus dos hijos también defendieron los colores del equipo. “Era un gran aficionado y se desvivía animando al equipo. Así le recuerdan muchos chavales”, explican los dos hijos.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora