Pamplona
No hay que perderse por las ramas
Entre los asistentes había arquitectos, ingenieros, concejales del pasado y del presente y un experto en arbolado urbano. Y la mayoría recordó que estamos ante el que será el gran proyecto de ciudad que no debe condicionarse por los árboles


Publicado el 24/02/2024 a las 05:00
Sintonía entre el público y los arquitectos invitados al encuentro organizado por Diario de Navarra para abordar la reforma del paseo Sarasate. Al igual que María Urmeneta, Santiago Iribarren y Jesús Leache, la mayoría de los asistentes coincidieron en señalar que se está ante el que será uno de los grandes proyectos de ciudad por lo que centrarlo en el debate de árboles sí o no es andarse por las ramas. Pero difícil sustraerse cuando el tripartito de EH Bildu, Geroa Bai y Contigo Zurekin pone para el futuro proyecto una condición: que se mantengan.
Una obligación que el arquitecto Ramón Garitano, cuya propuesta para el paseo fue una de las tres seleccionadas en la anterior legislatura de NA+, afirmó que se trata “de un callejón sin salida para el Ayuntamiento”. Garitano sostuvo que la otra exigencia del actual equipo de gobierno, que la solución del suelo sea una plataforma única, hace incompatible mantener los árboles. El arquitecto advirtió que los árboles y sus raíces en San Nicolás están más altos que la acera. ¿La única solución? “Elevarlos en alcorques de metro o metro y veinte”. Un disparate si se quiere un espacio diáfano y sin barreras.
Pero, afirmó, aún así habrá ideas al concurso planteado por el actual Ayuntamiento. “Los concursos tienen mucho de ilusionismo, el papel lo aguanta todo; luego en la ejecución ya corregiremos”, añadió Garitano. “No juguemos a la estafa de mantener los árboles”, concluyó.
Precisamente entre los asistentes estaba Alfonso Bañón, que fue concejal del Ayuntamiento de Pamplona por UCD y que, como ingeniero de Montes, participó en la elección de qué ejemplares plantar en el paseo en 1988 para sustituir los 43 olmos enfermos de grafiosis. Y apostó por los tilos. “Una magnífica elección, ese olor que desprenden...”, le alabó María Urmeneta, mientras que con sorna Garitano dijo que si se talaban dejarían al descubierto lo feos que son los edificios de la acera paralela a San Nicolás.
“Hay un excesivo interés por los árboles”, dijo Bañón, que más tarde sería concejal del Ayuntamiento de Pamplona bajo las siglas del desaparecido UCD y también diputado, testigo del 23-F, del que ayer se cumplía el aniversario. “Pasé miedo y luego indignación”, comentó cuando se le preguntó por el suceso. Pero su interés ayer era otro: “He venido a ver un proyecto y todavía no hay nada”, dijo en tono divertido provocando las risas de los presentes. Y es que ya antes se había hablado de que la solución se estaba dilatando en el tiempo y la convocatoria de dos concursos era algo excesivo. Alfonso Bañón lo tenía claro: “Los árboles nacen, crecen y se mueren. El proyecto debe ser ambicioso y si se apean no pasa nada”, porque, añadió, se pueden plantar otros ejemplares.
“La religión, el sexo, dinero y, el cuarto tabú, son los árboles”, le dio la razón Jesús Leache. “Hay que tratarlos sin rigidez”. Pero el concejal de UPN Juanjo Echeverría, que acudió al encuentro junto a su compañera y ex alcaldesa Cristina Ibarrola, advirtió que para que un árbol alcance cierto porte deben pasar al menos 40 años. “Y habrá una generación entera que no verá el paseo con árboles”. “¡Pero todos hemos conocido replantaciones!”, intervino Leache, “¿tenemos algún trauma por eso?”, dijo provocando las risas entre los presentes, incluido las del propio Echeverría.
El concejal quiso hacer un recordatorio de lo sucedido en la anterior legislatura. “Se tenía un proyecto redactado desde el área de Proyectos Estratégicos basado en la propuesta de Ramón Garitano. Estaba listo para su ejecución pero se quedó en el cajón porque la oposición lo rechazó”, les recriminó Echeverría a los ediles de EH Bildu, PSN y Geroa Bai. Una iniciativa que respetaba los árboles gracias a que el paseo se resolvía con diferentes niveles en lugar de la plataforma única.
“Esta es una ciudad donde los árboles tienen especial significado”, diría más tarde. Y para ejemplificarlo contó esta historia: “Hay un abedul cuyas raíces invaden la acera en la Vuelta del Castillo, a la altura de la Misericordia, y para respetarlo se ha preferido hacer una curva en la calzada que talarlo”.
A Benito Sada, que también se presentó al concurso de ideas, le sorprendió que el tema se abordara desde los extremos. “No es blanco o negro, se pueden plantar con porte como se hizo en Port Aventura por ejemplo”, dijo. Pero para este ingeniero, aunque al final habló de árboles, la primera inquietud que tuvo sobre el futuro proyecto de Sarasate no fue esa, sino los contenedores, un tema que dijo pasa inadvertido. “Se ha invertido mucho en la recogida hidráulica en el Casco Viejo, con el soterramiento, y resulta que la red no llega hasta el paseo Sarasate. ¿Se quedarán allí, diseminados, los contenedores como ahora?”.
Para el experto en arbolado urbano, Gabriel Iguíñiz, no debería existir este debate sino que “es el Ayuntamiento el que debe establecer unas líneas rojas claras de si árboles sí o árboles no, en lugar de dejar que sean los proyectos los que lo resuelvan”. Porque, añadió: “Esta no es la forma buena de trabajar, sino que se asuma una línea y luego se escoge el proyecto que mejor se adapta a esa decisión”.
Al final de encuentro, la arquitecta María Urmeneta decía con una sonrisa que a pesar de que, en cierta medida, estaban todos de acuerdo en que la envergadura de Sarasate no se podía reducir a unos árboles, el debate había girado en “árboles sí, árboles, no”. Pero, añadió, confiaba en que el futuro proyecto sea el que dé la mejor respuesta.