¿Qué se hizo con la madera del bosque que se quemó entre Olloki y Alzuza?
El monte entre Olloki y Alzuza ardió en julio de 2023. Ahora, el paraje incendiado ha sido talado y será reforestado, mientras que la madera que no llegó a consumirse se ha vendido. ¿Es lo habitual? ¿En qué se emplea? Medio Ambiente responde.


Actualizado el 18/02/2024 a las 11:37
El 14 de julio de 2023, a escasas horas del Pobre de Mí sanferminero, saltaron todas las alarmas. Un potente incendio se declaraba en una zona de cultivo y bosque entre Olloki (Esteribar), Alzuza (Egüés) y Huarte. Las llamas alcanzaron varios metros de altura en un pinar muy próximo a las urbanizaciones y, por fortuna, pudieron controlarse rápido sin lamentarse daños personales. No así medioambientales, pues 69 hectáreas se vieron afectadas por el fuego, 50 de ellas forestales. Una superficie amplia y muy visible por su especial localización, que en pocas horas tornó su color del verde al negro. Y así ha permanecido hasta fechas recientes, en las que una tala casi completa de la zona afectada ha dejado limpio de arbolado el terreno. Un bosque quemado cuya madera será aprovechada, algo que puede sorprender pero que es algo habitual.
Así lo confirma Mikel Repáraz Chacón, técnico de la Sección de Gestión Forestal del departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del Gobierno de Navarra. “El de Olloki-Alzuza fue un incendio sonado por fechas y ubicación. Afectó a unas 70 hectáreas frente a las más de 16.000 de los graves incendios que hubo por toda la zona media navarra el verano anterior”, compara.
Y refiere que en todos los casos se han llevado a cabo talas posteriores de arbolado. “Pero se intenta no cortar la totalidad. Los árboles tienen distinta respuesta al fuego. Pueden ser especies rebrotadoras, como encinas, robles, quejigos o coscojas, o especies diseminadoras, como los pinos. E incluso entre los pinos hay diferencias, pues el pino halepensis o alepo (en la Ribera) explota con fuerza sus piñas con temperaturas altas, esparce así semillas y al tiempo rebrotan, mientras que el pino laricio, como el que había en Olloki (fruto de una repoblación de hace unos 60 años), no tiene esa capacidad tan espectacular. Por eso, lo normal es que las especies rebrotadoras sean las que no se cortan y el resto sí”, aclara.
LA MADERA Y EL FUEGO
“Es habitual pensar que en un incendio la madera del árbol se consume, pero no es así”, remarca Repáraz. “Sufre la hojarasca y el exterior, pero el interior del tronco no se quema. La madera queda en pie y, apagado el fuego, entran en acción los insectos xilófagos, que se aprovechan de la debilidad del árbol. Pero si vamos nosotros antes y cortamos el arbolado, esa madera aún puede tener aceptación comercial”, dice. Pero matiza. “Se talan los árboles que no reaccionan tras el incendio, que están muertos. Si se ve algún atisbo verde en la copa, se dejan”.
De los incendios de 2022, sobre 13.038 hectáreas de superficie forestal afectadas se talaron 2.743. En el caso de Olloki-Alzuza, “casi todo”, 39 de 50 hectáreas forestales (la mayoría pino laricio).
¿Qué usos puede tener la madera procedente de un incendio? “Según el nivel de afección. Si está muy dañada, para biomasa. Si no, puede ir a una serrería y tener valor añadido como producción de tablones o embalajes”.
En el monte, “toda superficie tiene propietario”. “Tras el fuego, desde el departamento hacemos una valoración y aconsejamos cómo proceder. Si hay que talar, lo autorizamos. En Olloki-Alzuza, aconsejamos a las entidades locales propietarias de suelo comunal la venta de la madera mediante subasta pública, y también a propietarios privados”. Resultaron 4.674 m3 de madera aprovechable.
¿Y qué viene después? “Toca repoblar, con un plazo de 2 años, y la ley marca que al menos un 25 % de las especies sean vegetación potencial de la zona. En Olloki-Alzuza se pueden poner especies ripícolas (fresnos o alisos) cerca de regatas, y también robles mediterráneos, quejigos o encinas en las vaguadas o suelos más frescos y profundos. Si son especies regeneradoras ante el fuego, mejor”.