Damaxen, la vinoteca que da continuidad a la centenaria Murillo
Michael Expósito Abrego, Mieke Iriarte Sulleiro y Eneko del Valle de Lersundi Campistegui afrontan como un “reto ilusionante” la apertura de este emblemático establecimiento pamplonés


Actualizado el 01/02/2024 a las 18:19
El vino, símbolo de la alegría, vuelve a la emblemática esquina de la plaza de San Nicolás de Pamplona. Tres emprendedores con amplia experiencia hostelera reabren este jueves 1 de febrero por la tarde la centenaria vinoteca Murillo, cerrada a finales de marzo de 2023 al enfermar su dueño, José Ignacio Murillo Sanz, que falleció el 29 de abril. El establecimiento ha pasado ha llamarse Damaxen, que en euskera significa damajuana, las garrajas que se utilizan para vender el vino a granel. La vinoteca conserva varias como elemento decorativo.
“Va a ser una vinoteca de perfil técnico pero conservando ese regusto clásico que da un establecimiento tan singular”, explica Eneko del Valle de Lersundi Campistegui, dueño del restaurante Napargar de la plaza del Castillo y socio del nuevo negocio. Le acompañan Michael Expósito Abrego, sumiller del restaurante Abaco, y Mieke Iriarte Sulleiro, que ha regentado y asesorado a diversos negocios del Casco Antiguo. De momento arrancan con 470 referencias de vinos y destilados, con una horquilla de precios entre los 2,40 euros de un rosado a los 160 euros de una botella de ron. Pero calculan que llegarán a las 2.000 referencias "y si hay demanda traeremos alguna botella de 500 euros para arriba", explican. Los vinos navarros, especialmente de pequeños productores, van a tener un gran protagonismo. "Ignacio Murillo tenía todos los vinos de Navarra. Nos gustaría seguir su ejemplo", añaden.
Tal como expresan estos tres socios, se trata de un “reto ilusionante y un orgullo” reabrir un establecimiento con 134 años de historia y que se conserva igual que hace un siglo, con su fachada de tablero con rótulos de letras doradas sobre espejo negro. "Es la casa más antigua del vino en Navarra. La licencia es de 1890, pero hay documentos de 1860 que demuestran que aquí ya se vendían vinos por entonces", señalan.
Al establecimiento sólo le han hecho una limpieza profunda y algún retoque de pintura, señalan. Del interior destacan la escalera de caracol que sube a la primera planta, así como las estanterías de madera y la bodega, "que posiblemente tenga varios siglos de historia", apunta Mieke. Entre otros elementos curiosos, destaca un antiguo radiador para mantener el aceite en estado líquido.
“Nos parece importante transmitir el mensaje de que existe relevo en este tipo de negocios. Queremos ser una parte más del Casco Antiguo, barrio que conocemos muy bien. Por eso a la inauguración hemos invitado a muchos veteranos comerciantes y hosteleros que piensan como nosotros”, explica Mieke Iriarte. Los tres socios se sienten desbordados por la cantidad de gente que se ha acercado a interesarse por la reapertura, con mensajes de ánimo, felicitación y agradecimiento. También están muy agradecidos a la familia Murillo, a los hijos de Ignacio, por la confianza "y porque todo han sido facilidades". "Hemos vivido momentos muy emotivos, porque esta ha sido su casa y va a seguir siendo su casa", expresa Mieke.
Michael Expósito va a ser la cara visible tras el mostrador. Este sumiller del antiguo restaurante Abaco ha tenido un papel destacado en la selección de bodegas y caldos. “Vamos a apoyar a pequeños productores locales, que están haciendo unos vinos excelentes aunque no sean especialmente conocidos”, señala. Eneko del Valle se ha encargado de la selección de destilados, un ámbito en el que acumula amplia experiencia. "En Pamplona se ha perdido un poco esa cultura de tomar una copa. Ahora se es más del combinado y la gente se va a lo básico y a lo que conoce. Hemos traido rones, whiskies y ginebras de marcas poco habituales pero que creemos que van a sorprender", relata
Eneko del Valle de Lersundi mantenía una buena relación con José Ignacio Murillo y su dependienta, Mariví. “Le compraba Oportos y algunas especialidades para mi restaurante”, señala. También Michael Expósito y Mieke Iriarte eran clientes habituales y pudieron estar con la familia Murillo y con Mariví aquellos últimos días de apertura de la vinoteca. Casi sin hablar entre ellos, entre estos tres emprendedores rondaba la idea de dar continuidad al negocio. "Tenemos amistad y relación profesional de años, así que enseguida compartimos nuestras inquietudes y nos lanzamos a contactar con la familia Murillo", relatan.
“Nos pidieron un pequeño proyecto con la idea que teníamos y les gustó. Nos han confiado la gestión”, señala. Saben que ha habido empresarios más potentes económicamente que se han interesado por la vinoteca, por lo que están muy agradecidos por la confianza.
“Somos tres socios que nos complementamos muy bien. Cuando estemos más asentados nos gustaría organizar catas, cursos y otros eventos”, anuncian.