Tejidos San Andrés, fin a 83 años de historia
La tienda que los hermanos Pedro y Satur Astiz abrieron en plena postguerra en la calle Zapatería 43 está en liquidación al jubilarse la segunda generación


Actualizado el 19/01/2024 a las 11:17
En octubre de 1941, en plena postguerra, dos jóvenes emprendedores de Villava, los hermanos Pedro y Satur Astiz Irazoqui, deciden abrir un negocio de tejidos en Pamplona, en la calle Zapatería número 43, Tejidos San Andrés. “Entre las dificultades para conseguir telas y las penurias de la población es fácil imaginar la dureza de aquellos comienzos”, expresa Pedro Astiz Gaztambide, hijo del primero de ellos. Durante 83 años, Tejidos San Andrés ha sido un referente en una ciudad acostumbrada a vestir con elegancia y distinción. Pero los tiempos cambian y la segunda generación en el negocio se acerca a la jubilación. No hay relevo y ven difícil encontrar emprendedores para un comercio tradicional. Así que han colgado el cartel de 'Liquidación por jubilación'. Echarán la persiana en torno a junio. “Hemos llegado al final del camino”, expresa Pedro y su mujer, Ana Erro Urrutia, que tienen dos hijos que han tomado otros caminos profesionales.
Tejidos San Andrés toma su nombre del patrón de Villava, localidad natal de sus primeros dueños. “Mi abuelo tenía ganado. No había tradición textil en la familia pero mi padre y mi tío se lanzaron”, recuerda Pedro Astiz hijo. Eligieron el 43 de la calle Zapatería, conocido porque alojó a San Francisco Javier antes de viajar a París como estudiante. El actual edificio, construido en 1940, es obra de Víctor Eusa.
En estas ocho décadas de actividad, Tejidos San Andrés ha pasado por épocas mejores y peores, recuerda este comerciante. En aquellos años de la postguerra las calles eran frecuentadas por pobres y mendigos pidiendo limosna: “Los empleados de esta tienda y de otras salían a darles unas monedas”. En los años 50, la cosa mejoró. “La industria textil empezó a crecer, sobre todo en Cataluña, y era más fácil proveerse de género. Los sesenta fueron los años dorados. Había muchas modistas y sastres en Pamplona y no les faltaba trabajo. Se vestía muy bien. Algunas personas tenían por costumbre estrenar traje una vez al año”, relata.
Tejidos San Andrés llegó a tener hasta ocho empleados, con tejidos, pañería y servicio de sastrería. La calle Zapatería tenía gran vida con comercios como Sagarra, La Perla Vascongada, sombrerería Aznarez, Mestre o Confecciones Madrileñas, todos ellos cerrados. Donezar es actualmente el más veterano de la calle, junto con las zapaterías Ayestaran y Pablo Goñi.
Pedro Astiz empezó a trabajar en el negocio familiar hacia 1982, con 21 años, y disfrutó de una década dorada: “El fin de semana todo el mundo venía al centro o al Ensanche a comprar. Había días que no se podía ni andar por la calle. La crisis de 1992 fue la peor. “Tuvimos que hacer una reestructuración de la empresa y quitar mano de obra. Se jubilaron varios que llevaban desde los inicios”, recuerda. En 1996 se quedaron los dos hermanos, Pedro y Florentino. Al año siguiente, entraron las mujeres de ambos, Ana y Pilar.
Entonces hicieron una reforma de la tienda. “Esta era la típica tienda antigua, con techos muy altos, estanterías de madera que llegaban hasta arriba y un largo mostrador de madera maciza”, describe. Conservaron dos cosas: las vidrieras de la parte alta del escaparate y los radiadores de hierro, que son de 1941 y siguen funcionando. “La gente siempre se queda perpleja cuando los ve. Tienen su encanto”, señala. Con la reforma se abrieron ventanales al patio interior.
En 2010 los hermanos Astiz dieron un giro al negocio al introducir ropa de hogar. “Coincidió con el cierre de Joaquín Ciga, en la plaza Consistorial. Teníamos amistad con la familia. Fue de esos cierres que causan impacto”, cita. Con las sábanas, edredones y toallas, Tejidos San Andrés compensó la caída de ventas de telas. “Se habían jubilado muchas modistas y eso se notaba”, apunta.
En 2015 y 2016, Florentino y su esposa se retiraron por motivos de salud. Pedro y Ana han afrontado solos esta última etapa. “El pequeño se ha tenido que adaptar a las modas y los nuevos hábitos, pero la atención personalizada y la escucha, siempre es nuestro valor añadido”, expresan Pedro y Ana, que tienen palabras de agradecimiento a la clientela. “Por aquí han pasado abuelas, hijas y nietas. Algunas conservan con cariño vestidos de novia o de graduación. Siempre hemos intentado dar calidad”, añaden. Ahora ofrecen la mayor parte del género con descuentos del 30% y 50%. Sábanas de franela, tejidos de seda, tules, toallas... con una amplia gama de tonos y estampados.
