Urbanismo
SOS: Pamplona se queda sin suelo
En un siglo, Pamplona ha pasado de vivir intramuros a ocupar casi la totalidad de su término municipal y de su superficie edificable. Según Enrique Maya, la imposibilidad de construir puede romper las políticas de regeneración urbana en la ciudad


Publicado el 16/11/2023 a las 05:00
Pamplona se queda sin suelo, sin superficie edificable en la que levantar nuevas viviendas. Es un hecho rotundo y delimitado territorialmente. La capital navarra tiene 25 kilómetros cuadrados de superficie, que linda por todos sus flancos con otros municipios: Berriozar y Ansoáin por el norte; Cordovilla y Zizur por el sur; Barañáin por el este, y el valle de Egüés por el oeste, entre otros. Dos urbanistas como el exalcalde Enrique Maya y el abogado tudelano Jesús María Ramírez recorrieron recientemente el desarrollo urbano de Pamplona a lo largo de los siglos -desde la fundación romana por Pompeyo- y las perspectivas de futuro para una sociedad, la navarra, con una demanda actual de 15.000 viviendas.
Ambos especialistas acudieron a la llamada de la Asociación Española de Técnicos Urbanistas (AETU), que organiza periódicamente ‘Conversaciones de urbanistas’, -encuentros que se retransmiten en streaming-, un diálogo en el que mostraron complicidad, pese a las diferencias y a los matices ideológicos. Maya, al final del encuentro, pedía flexibilizar las normativas de habitabilidad. “Yo lo intenté cuando era alcalde y no pude”, se lamentó.


SEGREGACIÓN DE VIVIENDAS
¿Y en que se traduce relajar las normas? “Si haces las cuentas de la vieja, en Navarra hay 300.000 viviendas con una media de 110 metros cuadrados. La demanda es de 15.000 viviendas en Navarra, y el 85% son de unipersonales o parejas. Si dividiésemos el 5% de las 300.000 obtendríamos esas 15.000 viviendas que se demandan. Estamos encorsetados con normas que están impidiendo que se dé respuesta a algunos problemas”, observó el exalcalde. Básicamente, en la posibilidad de segregar las viviendas actuales, de acuerdo a los nuevos modelos de familia.
En la actualidad hay dos proyectos de desarrollo sobre la mesa: las 4.000 viviendas que se proyectan en el término municipal de Galar, en Donapea, gracias a una permuta de terrenos entre los dos ayuntamientos, y Echavacoiz, pendiente de la modificación de un PSIS que ha detenido su evolución en las dos últimas décadas. “Toda la operación está vinculada al TAV, pero tiene un bucle ferroviario que parte Pamplona, una cuchillada en el corazón de la ciudad. Hay que hacer una línea recta, quitar el bucle y crear un nuevo barrio, un nuevo ensanche”, aseguró Maya.


Con todo, como reconoció Maya, las limitaciones de suelo de Pamplona -como recurso finito- plantean un problema de financiación para el ayuntamiento, que ha dedicado buena parte de los ingresos por operaciones urbanísticas en la regeneración urbana, es decir, a la recuperación de barrios ya existentes. “Si un ayuntamiento tiene pocos recursos, va a poder regenerar poco salvo que construya mucho. Depende de la actitud de los ciudadanos, de lo que quieran y puedan hacer. Si hacemos normas estrictas para rehabilitar centros históricos y no ayudamos a que se consigan edificios de matrícula de honor se rehabilitarán pocos”, consideró el exalcalde.
El suelo se acaba y con la merma de ingresos en las arcas públicas se rompería esa cadena que permite que los nuevos desarrollos financien la recuperación de otras zonas más deprimidas. Ya no solo es la imposibilidad de crecer, sino un modelo de ciudad que en apenas un siglo ha pasado de vivir encerrada en sus murallas a ocupar prácticamente el suelo edificable. Y el futuro no parece que pase por densificar, como se ha hecho en las torres de Salesianos. Pamplona necesita suelo.
"Pamplona ingresa 40 millones de euros de los coches"
“Yo me pregunto: cuando esté Pamplona terminada, cuando estén hechas las viviendas, ¿de qué vamos a vivir? Ahora vivimos del 10% y de los coches. Casi 40 millones de euros proceden de los coches: zona azul, multas, aparcamientos…”. La reflexión procede de Enrique Maya, en su doble condición de profesional urbanista -desde 1990 en el ayuntamiento y ahora en su puesto en la Oficina de Rehabilitación- y de gestor, como alcalde de Pamplona en dos legislaturas.
Pese a las políticas de favorecer la movilidad sostenible, Pamplona seguirá ingresando ese dinero por los coches, aunque quizás en un futuro, todos sean eléctricos o con sistemas de propulsión no contaminantes. Sea como sea, Pamplona es una ciudad milenaria. Maya recorrió su perfil urbano, el de una ciudad surgida como plaza militar con Pompeyo y el asentamiento vascón previo. “Tiene agua, es plano, fácil de defender con una cortada de 30 metros al río”, describió. Llegaría después la Pamplona de los tres burgos, cada uno con su muralla, hasta la unión de los tres el 8 de septiembre de 1423: el Privilegio de la Unión. Con la conquista castellana en el siglo XVI, se construye la Ciudadela de Felipe II. Pamplona se consolida como plaza militar hasta el derribo de las murallas en 1915 para ensancharse y abrirse. “Si hubiera estado encerrada entre murallas habría muerto”, observa Enrique Maya.
