Centenario
Carlos III: Cien años de la ‘gran vía’ de Pamplona
La avenida Carlos III el Noble nació en 1923 con “media docena de casas modestas”, según José Joaquín Arazuri, pero no tardó en convertirse en la gran vía donde pasear e ir de tiendas


Publicado el 07/10/2023 a las 05:00
Hace un siglo, el Ayuntamiento de Pamplona estaba embarcado en los actos del quinto centenario del Privilegio de la Unión. Entre otras cosas, y a propuesta del concejal Francisco López Sanz, se acordó dar el nombre del rey Carlos III a la que iba a ser la principal avenida del Segundo Ensanche. Así se aprobó el 1 de julio de 1923. Cuatro meses más tarde, el pleno dio un paso más y acordó que la avenida se denominase Gran Vía de Carlos III. “Lo cierto es que el título de Gran Vía no cuajó ni oficial ni popularmente. Conociendo la mentalidad sencilla de nuestro pueblo navarro, no nos extraña su actitud ante aquel intento municipal hiperbólico de bautizar a la entonces modesta calle de media docena de casas”, escribe José Joaquín Arazuri en su libro Pamplona, calles y barrios.
En realidad, esa “media docena de casas” no eran en absoluto modestas. Un ejemplo de ello es la conocida como Casa del Catedrático, en el chaflán del número 11, obra de Serapio Esparza, con sus miradores y su pequeño torreón. Otras viviendas y chalés construidos en la década de 1920 no han tenido la misma suerte. De haber sobrevivido, serían pequeñas joyas del patrimonio arquitectónico de la ciudad: el chalé del comerciante Aniceto Muniáin (antiguo dueño de la vinoteca Murillo), la Casa Notarial o la casa de las Hiedras fueron derribadas a golpe de excavadora o de cargas explosivas. Precisamente, entre los primeros derribos figura el antiguo teatro Gayarre, que cerraba la plaza del Castillo donde ahora está la rampa del garaje subterráneo.
Aunque la idea de la Gran Vía no cuajó, la avenida de Carlos III tiene el honor de ser de las pocas que ha conservado su nombre original hasta nuestros días. No puede decirse lo mismo de la plaza de las Merindades -que ha cambiado en tres ocasiones de nombre-, la avenida Baja Navarra -antigua avenida de Francia, de Alfonso XII, de Galán y de Franco- o la plaza del Vínculo -antigua Argentina-.
Tal como recordaba a este periódico en el año 2000 el capitán Carlos Etayo, la avenida Carlos III tuvo en sus inicios un carácter peatonal, “no porque el tráfico estuviese prohibido sino porque apenas había coches”. La cosa cambió a partir de los años 60, cuando los conductores se acostumbraron a aparcar en los parterres a la sombra de los plataneros de la mediana.
EN EL GRÁFICO. La primera parte de la avenida Carlos III, desde la plaza del Castillo hasta la plaza de Merindades. Pincha sobre el botón para saber más.
EN EL GRÁFICO. La segunda parte de la avenida Carlos III, desde la plaza de Merindades hasta la plaza de la Libertad. Pincha sobre el botón para saber más.
LA PEATONALIZACIÓN
“Siempre había mucho tráfico. Aquí se aparcaba en batería y siempre había coches en doble fila”, comenta Pedro Bergasa, dueño de Cucadas, en la parte alta de Carlos III. Todo ello se acabó con la construcción de los dos aparcamientos subterráneos, en el año 2000 entre Merindades y Los Caídos, y en 2006 entre Cortes de Navarra y Leyre. Dos hitos que devolvieron a la gran vía su carácter originario, a pesar de la tala de los plataneros que supuso.
Hay otro hito que en su momento pasó casi desaparecido y que marcó un antes y un después en esta gran vía, la apertura de la tienda de Zara en 1986. Ni siquiera Diario de Navarra dio cuenta de la inauguración del establecimiento situado en el número 7 -ahora Stradivarius-. Entonces Amancio Ortega y su recién creada Inditex sólo eran conocidos en el mundillo empresarial. De hecho, Pamplona puede considerar de las primeras ciudades del mundo en tener un Zara.
La década de los 90 fueron los años de la expansión de Inditex y otras multinacionales en este primer tramo de Carlos III. Erro, Cuadrado, Piedad y otras enseñas locales fueron cerrando o buscando otras ubicaciones. De hecho, hasta Merindades, el comercio más veterano es la farmacia Irujo, que en 1973 tomó el relevo de la farmacia Ezcurra, conservando su hermosa fachada de estilo cubista.
Los talleres Doria, la tienda de bicicletas Orbaiceta -después se instaló Fonos-, la gasolinera de Jesús Unsain, la tienda de moda masculina Vale, símbolo de elegancia, fueron algunos de los comercios que dejaron huella. También destacó el Palacio del Niño, en el número 53, que vendía moda infantil, trajes de comunión y de novia, cochecitos... Dependientas que entraron a trabajar en el Palacio del Niño con 14 y 15 años regentan ahora sus propias tiendas de moda o complementos por distintos lugares de Pamplona.

