Calle Sangüesa
La calle habla: “No queremos el parking”
Recorremos algunos de los comercios afectados por las obras del aparcamiento subterráneo de la calle Sangüesa. También la plaza de la Cruz y las calles colindantes. Ninguna de las personas consultadas se muestra a favor de esta infraestructura


Publicado el 09/08/2023 a las 06:00
Son las 12 del mediodía en la plaza de la Cruz. Dos operarios taladran la base de una de las farolas de la plaza en la parte afectada por las obras del futuro parking de la calle Sangüesa. El ruido del percutor contra las baldosas y el asfalto se impone punzante sobre el griterío habitual de los niños del parque infantil, al que siguen acudiendo multitud de familias. Dos vallas situadas a ambos lados de la calle Sangüesa ocultan el tronco de los 35 árboles que el proyecto del parking talará en los próximos días. Once más serán trasplantados.
Recorremos la plaza y los comercios de la zona para pulsar la opinión de la calle sobre este proyecto de parking que se culminará en un plazo de casi dos años. El resultado es demoledor: nadie -de la docena de personas consultadas- quiere el parking. Pero antes, un poco de contexto: el parking de la calle Sangüesa se construirá en el subsuelo de esta céntrica vía del II Ensanche pamplonés con una capacidad para 346 coches y 45 motocicletas. Tiene un presupuesto de 13,7 millones, de los que 2,57 los pone el Ayuntamiento de Pamplona para la reurbanización de la plaza de la Cruz y de las calles colindantes. Los grandes árboles de la plaza no se tocan.
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El parking tendrá una superficie total de 13.000 metros cuadrados en cuatro plantas con una longitud de 164 por 17,7 metros. El grueso de su coste lo sufraga la Agrupación Propietarios Garajes Avenida Galicia, adjudicataria del contrato mixto de construcción y de uso del parking. Cada plaza de coche tiene un coste unitario de 31.714 euros y las de moto, 1.500 euros. Se trata de concesiones por un periodo de 75 años. Ya se han reservado 125 plazas de garaje.
"EL PARKING ESTÁ MALDITO"
Jesús Sarasate Olazarán tiene 90 años y lleva medio siglo viviendo en la calle San Fermín, una de las perpendiculares a la calle Sangüesa. A media mañana, charla con varias personas que se oponen a la construcción del parking. De los árboles de la plaza cuelgan carteles con un mensaje rotundo: “Parking no”. “No sé los años que me quedarán de vida. Lo que sí sé es que van a conseguir amargarme la vida el tiempo que me quede. Este es un aparcamiento maldito. No se puede consentir que se permita hacer un aparcamiento en la calle Sangüesa. Es como si hiciesen uno en la calle Jarauta”, asegura Sarasate, pamplonés y exmecánico de profesión.
Cerca de él, una familia descansa en un banco frente al parque infantil, donde juegan varios niños. Eneko Goñi Fiel, ingeniero pamplonés de 42 años, es el padre de uno de los pequeños. Vivió 12 años en Bruselas. “Este parking va justo en contra de lo que se está haciendo en otras ciudades europeas. Antes, el centro de Bruselas estaba lleno de coches. Ahora, se está peatonalizando todo. Y es la dirección en la que hay que ir. Hay que poner parkings disuasorios y sacar los coches del centro de la ciudad”, sostiene. Goñi, vecino de Buztintxuri, hace la analogía con el parking de la plaza del Castillo. “No podemos cargarnos la historia de Pamplona. Las ciudades tienen que conservar su idiosincrasia”, añade.
Nos trasladamos a las tiendas que se verán afectadas por las obras. Yamile Huérfano Uñate, colombiana de Bogotá, lleva casi dos años y medio con su negocio de peluquería -Yamile Estilistas- en el número 18 de la calle Sangüesa. Ella lo tiene claro: “Con todo mi respeto hacia el Ayuntamiento, esto es una explotación económica”. Yamile cree que las obras van a afectar a su negocio. “Mis clientas pasan un largo rato en el salón y el ruido va a ser molesto e incómodo, también para mí”, asegura, para sumar otros problemas: “polvo, imposibilidad para ventilar, obstrucción de visibilidad...”. “Estoy planteándome moverme a otro lugar porque el perjuicio es enorme”, zanja.
Tomás Fischer es un joyero argentino de 35 años, que lleva 19 en España, tras pasar cuatro en Miami. Su tienda, Reinas de Navarra, en el número 12 de la calle Sangüesa también se va a ver afectada por las inminentes obras. “Dicen que el parking son dos años de obras. Dos años de polvo y ruidos. Es muy probable que me afecte tanto al negocio que vaya a tener que cerrar. Tendré que abrir en otro lugar al menos donde la gente pueda pasar y ver el escaparate”, se lamenta.
Doblamos la esquina por la calle Padre Calatayud. De su casa asoma Goyo Lacunza Santesteban, fundador de un establecimiento señero de Pamplona: la Servicial Vinícola, “la servi”. “Ojalá caiga una bomba en el parking”, exagera este vecino de 91 años. El resto de testimonios, también contrarios al aparcamiento, es de usuarios y vecinos que prefieren guardar el anonimato.
EN FRASES
Jesús Sarasate
VECINO DE 90 AÑOS
“Este parking va a conseguir amargarme los años que me queden de vida. Está maldito”
Tomás Fischer
JOYERO DE LA CALLE DE SANGÑÜESA
“Es muy probable que las obras me afecten tanto que vaya a tener que cerrar antes de que terminen”
Eneko Goñi
INGENIERO DE PAMPLONA
“Hay que sacar los coches del centro y conservar la idiosincrasia de las calles y plazas de Pamplona”
Yamile Huérfano
PELUQUERA DE LA CALLE DE SANGÑÜESA
“Con todo mi respeto al Ayuntamiento, creo que esto es una operación de explotación económica”