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Navidad

Las luces de Navidad iluminan a Pilar

Sandra, Sergio y Juan Luis, voluntarios de DYA Navarra, regalan más de lo que se puede pedir. Lo sabe Pilar Martínez Ortega, que va en silla de ruedas y vive en un 4º piso sin ascensor. Le ayudan a salir a la calle y el lunes pudo ver las luces de Navidad

Ampliar EN LA PLAZA DEL CASTILLO Pilar, junto a una de sus hijas y voluntarios de DYA Navarra, viendo las luces de Navidad en la plaza del Castillo
EN LA PLAZA DEL CASTILLO Pilar, junto a una de sus hijas y voluntarios de DYA Navarra, viendo las luces de Navidad en la plaza del Castillobuxens
Actualizado el 28/12/2022 a las 10:33
Está claro que resulta complicado. Poner palabras a esa cantidad de sentimientos que afloran estos días más especiales, cuesta. La Navidad ya está aquí y, por mucho que nos centremos en comidas y regalos, no podemos olvidarnos de lo esencial, de la magia que flota en el aire, de la alegría que se respira. Todavía incluso más cuando de empatía se trata.
Y es que observar cómo se ilumina la cara de quienes no pueden salir de casa por diferentes motivos y, en estos últimos momentos del año, se lo permiten, no tiene precio. Son esas cosas inmateriales que valen tanto, las que deberían atesorarse de principio a fin. Tal y como hacen en casa de Pilar Martínez Ortega. A sus 82 años, natural de Jaén pero afincada en la capital ‘de toda la vida’, es su silla de ruedas las que se convierte en impedimento. Y es que las necesidades que surgen en un cuarto piso sin ascensor en el barrio de Echavacoiz no son sencillas de atender.
Menos todavía cuando Pilar necesita ayuda casi constante. Y aunque a veces le cuesta reconocer a las personas, el cariño que profesa por sus cinco hijos sigue intacto. Cinco hermanos que tratan de ajustar agendas, calendarios, trabajos y obligaciones para que su madre se sienta respaldada en todo momento. Especialmente desde que el padre, Faustino Cámara, falleciera este pasado mes de febrero.
TAN CERCA
Quizá por ello, el hecho de poder salir de casa se convierta en un chute de energía que recarga pilas a todos. Empezando por Pilar, quien aguarda con paciencia para disfrutar del brillo del sol y, si se diera el caso, una taza de café con leche. Un anhelo que este mismo lunes tocó a su fin. El sonido del timbre pasadas las cinco y media de la tarde dibujó de inmediato una sonrisa en la familia, que valora sobremanera el trabajo, profesionalidad y cariño que demuestran en DYA Navarra.
Y es que bastó la cordialidad de los voluntarios Juan Luis, Sandra y Sergio para que el engranaje se pusiera en marcha. A través del programa ‘Sube y baja’, el trío logró que las escaleras que separan el salón del domicilio de la calle quedaran en pura anécdota.
Cuatro minutos bastaron para que, a pulso, consiguieran bajar a Pilar hasta la acera con todo el cariño que fueron capaces. “Estas iniciativas son media vida para que la gente que tenemos estos problemas”, aseguran dos de sus hijas, Encarna y Mari Carmen Cámara Martínez.
Pero eso no fue todo. A días de que el año se despida, la sorpresa fue mayor. Y es que el plan consistía en desplazar a Pilar en un vehículo de la DYA hasta el mismo corazón de Pamplona. Un trayecto que se vivió con alegría, ya que las luces de Navidad siempre merecen una sonrisa. “Me he cogido fiesta para venir con ella, para disfrutar juntas de este día”, compartía Encarna. Horas en el Casco Viejo, horas en la felicidad de quien se sale de la rutina para experimentar el destello de una fórmula que debería ser diaria.

¿En qué consiste el programa?

Hace menos de una semana que Ayuntamiento de Pamplona y DYA Navarra sellaron lazos para que personas con movilidad reducida puedan salir a la calle. Se trata de un servicio gratuito y cualificado, orientado a superar barreras arquitectónicas y materiales a la hora de salir de los domicilios. En definitiva, se facilita el acompañamiento a personas mayores o con necesidades de movilidad para que puedan salir de casa a pasear o hacer compras sin riesgos. Un convenio de colaboración para el desarrollo de este programa que la asociación puso en marcha hace cinco años y al que este 2022 se suma el consistorio con una partida de 20.000 euros.

Una cita especial cada martes

Dada su situación, Pilar Martínez Ortega ‘disfruta’ de este servicio de voluntariado cada martes. Es por ello que ese día de la semana ya se ha convertido en especial. “Está marcado y reservado”, afirman Encarna y Mari Carmen con una sonrisa. Tanto que incluso los nietos tratan de acudir a la cita con la abuela a pie de calle. Cuando pueden. “La DYA nos baja y nos da unas horas para que podamos hacer recados, tomar un café, pasear, disfrutar del aire fresco... antes de volver a subirnos a casa otra vez”, detallan. Un servicio al que no pueden ponerle palabras. “Nos da media vida”, recalcan. “¿Te gusta salir a la calle?”, le preguntan a Pilar. “¡Hombre claro!”. La duda está claro que ofende. Y quizá por ello, el cariño que se palpa entre voluntarios y usuarios es un gran envoltorio para todo lo que depara este nuevo 2023.

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