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Calzados Gembero: futuro envuelto en tradición

Tras un paréntesis de casi un año, reabre este comercio con una apuesta por el futuro pero sin perder de vista lo que le ha convertido en una tienda de referencia en el sector: el trato personalizado y la buena relación calidad precio que es marca de la casa desde 1955

Ampliar A la izquierda, Alberto Gembero Lázaro en la nueva zapatería remodelada y donde toma el relevo a su padre, a la derecha, Alberto Gembero Herce
A la izquierda, Alberto Gembero Lázaro en la nueva zapatería remodelada y donde toma el relevo a su padre, a la derecha, Alberto Gembero HerceEDUARDO BUXENS
Actualizado el 26/05/2022 a las 21:54
El trabajo en una tienda no se mide únicamente por las horas de atención al cliente. O al menos no en Calzados Gembero que, en su reapertura tras un paréntesis de casi un año, puede llevar hasta su estanterías un buen calzado de piel a un precio muy competitivo. Y eso es gracias a años, muchos, de presencia en el sector lo que ha hecho a la familia Gembero conocer proveedores y ferias con los que poder negociar para no encarecer más la cesta de la compra. Un regreso ahora en solitario de la mano de la tercera generación de este establecimiento del número 13 de la calle Amaya. Pero Alberto Gembero Lázaro no llega con las manos vacías, sino que trae el bagaje de 12 años de experiencia en la tienda aprendiendo de sus padres Alberto Gembero Herce y Ana María Lázaro Bailo que, a su vez, heredaron el oficio del fundador de este emblemático establecimiento que abrió sus puertas en 1955, Antonio Gembero junto a su mujer María Amor Herce Gómez.
¿Y cuál es ese legado? Una atención personalizada, el cuidado al cliente, la calidad en el producto y un precio competitivo. “Y a todo esto se le añade ahora una apuesta por un calzado más urbano y moderno, donde destaca el diseño, el colorido y por supuesto la piel del producto, como siempre ha sido en esta casa”, desgrana Alberto Gembero, que volvió a subir la persiana este lunes 23 de mayo con, en sus palabras, las pilas cargadas. “La jubilación de mis padres, junto a la pandemia que nos minó a muchos comercios, hizo que me planteara un respiro. Pero nunca pensando en un adiós, sino en un hasta luego”. Por eso dice que desde hace ocho meses comenzó la marcha atrás para reabrir el establecimiento en una calle que, con humor dice su padre, “pasa más gente que en el metro”. Y es que se encuentra junto a una de las principales arterias comerciales de Pamplona, Carlos III, y con el mercado del Ensanche al lado y junto a una parada de autobús urbano que da servicio a cinco líneas de transporte.
UNA TIENDA REMODELADA
La nueva oferta del zapato llega acompañada de una remodelación del establecimiento que subraye esta apuesta de futuro. “La verdad es que esta tienda siempre ha ido acorde con el tiempo y ahora hemos apostado por una línea más minimalista, con una renovación tanto del interior como de la fachada”, resume Alberto Gembero Lázaro, que ha contado con el apoyo de su padre en esta renovación lo que, dice, aún le ha dado más vida, impulso y ganas a la tienda. Pero también reconoce que sin esa experiencia de años ni la carta de presentación de un establecimiento referente quizá no hubiera abierto. De hecho, en la calle Amaya durante la pandemia algunos han echado el cierre de forma definitiva. Pero él mantiene la confianza en esa clientela labrada durante años y en la que pueda llegar atraída por la nueva variedad. Y más: “Reabro porque me gusta lo que hago, la moda, la atención al público, a nuestros clientes y he cargado pilas, en definitiva, porque es lo que sé hacer”.
Unos ingredientes que se unen, señalan casi al unísono padre e hijo, el II Ensanche no ha perdido el pulso comercial. Todavía hay una red de comercios de cercanía que invitan a pasear por sus calles. “Ojalá también en las adyacentes lleguemos a ver unas aceras más amplias o, incluso, con cubierta para amainar el calor o la lluvia como ocurre en otras ciudades”, dice Alberto Gamberro Herpe.
¿Y los jóvenes? ¿Irán a la tienda? Su nuevo propietario confía en que se consolide el fenómeno que tímidamente se va notando en el comercio de cercanía. “Hay una generación, la que tiene unos cuarenta años, que ha sido y sigue siendo la consumidora de las grandes superficies. Pero te encuentras con jóvenes, y cada vez más, que quieren piezas más exclusivas y no grandes productos, que además valoran el esfuerzo del pequeño comercio no sólo por esa atención y calidad, también porque damos vida a las calles. La gente lo ha valorado más después de la pandemia. Y para ellos traemos este calzado de futuro y urbano, pero también para aquellas mujeres de más edad a las que les gustan las nuevas tendencias”.
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