Patrimonio gráfico
Descubre los rótulos que hacen de Pamplona una ciudad única (II)

Actualizado el 20/04/2022 a las 10:38
Si en el anterior reportaje mostrábamos una identidad gráfica y tipográfica de Pamplona desde un punto de vista estético y referencial, de cultura pop, en estas páginas, el arquitecto Javier Torrens (Pamplona, 1951) ofrece una visión histórica y académica de la cultura de la rotulación. Va más allá del letrero como herramienta anunciadora de un comercio, como representación física de su identidad corporativa, para analizarlo desde su integración en la arquitectura. Como no podía ser de otro modo, se detiene en el cuantioso legado de Víctor Eusa, factótum en definitiva de buena parte de la singularidad arquitectónica de Pamplona.
Torrens, ya jubilado, actual presidente del Ateneo Navarro, exdirector de la Escuela de Artes de Pamplona, exconcejal del Ayuntamiento de Pamplona y expresidente de la Mancomunidad de Pamplona, ofrece una inicial radiografía del paisaje gráfico de la ciudad. “La rotulación en Pamplona tiene calidad en general. Destaca por su discreción y por la ausencia de estridencia, con cierta variedad y ajustada al mensaje comercial en el zócalo de la edificación, la parte baja comercial”, esboza.
El arquitecto alude a dos peligros que emergen en la gráfica de la Pamplona contemporánea, ambos extendidos en la mayoría de ciudades del país: la excesiva presencia de vinilos en escaparates -con los casos paradigmáticos de las casas de apuestas- y las “pantallas masivas” de LED. “Italia sí que tiene una normativa muy estricta que regula la rotulación. Por ejemplo, en Florencia tiene una normativa tajante para los bajos de los edificios”, explica. Frente a esa protección, las nuevas edificaciones en España suelen ignorar la parte inferior comercial y la arquitectura llega solo hasta la primera planta.
En este contexto, salvaguardar las rotulaciones parece poco probable. “Lo primero porque si cambia un negocio, no se puede mantener la rotulación del establecimiento anterior, por ejemplo si un bar pasa a ser una joyería”, asegura Torrens. Implicado del Catálogo Monumental del Ayuntamiento de 2002, el arquitecto cita dos casos extraordinarios: la farmacia Blasco -en la calle Mercaderes-, que mantiene su rótulo original art nouveau, al igual que la joyería Víctor Idoate, en la Chapitela, también del mismo estilo. En ambos casos, la protección es tanto del interior como del exterior, incluido el rótulo.
VÍCTOR EUSA Y LA PERLA
Javier Torrens destaca la tipografía del rótulo del histórico hotel La Perla, que, con variaciones, se asemeja a la futura, tipografía totémica y sin serifa (sin remates), que sigue utilizándose casi un siglo después de su aparición en Alemania. También se refiere el arquitecto pamplonés a Eusa por la obra del Casino Eslava, actualmente con una rotulación retroiluminada. En cuestiones que van más allá del rótulo, Torrens explica cómo el seminario se convirtió en un exponente de “arquitectura parlante”. Según el presidente del Ateneo, el enorme crucifijo que gobierna la fachada del edificio fue una reacción ante la norma de la II República de prohibir los crucifijos en las aulas.
De vuelta a las rotulaciones, Torrens destaca, entre otras, la leyenda del centro de salud de San Jorge, obra de del también arquitecto Patxi Biurrun, que con una tipografía de palo seco, se adapta a la volumetría del edificio y parte la letra “A” de “Osasun”, por el vértica con una mitad en cada parte del edificio. Y para terminar, una obra del propio Torrens: el edificio de los cines Golem Bayona y la torre con la palabra “cine” en varios idiomas.
