Rusia invade Ucrania

Reencuentros ucranianos en Cizur

Cinco furgonetas con 28 personas refugiadas llegaron desde Polonia en la Caravana de Vida organizada por once navarros.

Lass hermanas Korniienko vuelven a estar juntas
AmpliarAmpliar
Lass hermanas Korniienko vuelven a estar juntas
Lass hermanas Korniienko vuelven a estar juntas

CerrarCerrar

Bosco Hernández / C.A.M.

Actualizado el 16/03/2022 a las 10:56

A Rubén García, chófer en la empresa Kybse en Ororbia, le habían advertido de la poca expresividad de los ucranianos. De su aparente frialdad de trato. Se lo comentaron cuando se propuso completar la idea de su compañero David Sola de montar una caravana de furgonetas para recoger en Polonia a menores y mujeres que habían salido de Ucrania tras los primeros días de invasión del ejército ruso. 

El tópico lo dejó atrás en cuanto contactó con ellos, 18 menores y 10 adultos, en un restaurante de comida rápida a las afueras de Varsovia. Y la idea preconcebida terminó de desmoronarse ayer en la emocionante llegada del grupo, los diez navarros que condujeron las furgonetas y un ucraniano que hizo las veces de traductor y los nuevos refugiados, algunos de vuelta a la Navarra que les ha acogido en tantas vacaciones organizadas por Arco Iris Solidario. 

El punto de encuentro fue Cizur Menor y allí esperaban personas de Noáin, de Fustiñana, de Valtierra, de Arbizu, de Lekunberri, de Pamplona... Familiares de los voluntarios y las familias que van a dar cobijo a las personas refugiadas. Convertidos en una nueva “familia” tras un recorrido de más de 3.000 kilómetros por Europa , la emoción desbordaba los reencuentros, las presentaciones y las conversaciones sobre planes para seguir en contacto. Muy cerca, ediles de Cizur y de Cizur Menor.

La llegada a Cizur Menor la anunciaron, tras un viaje sin demasiados sobresaltos, para las 18.30. Justo a esa hora las cinco furgonetas, seguidas, aparcaban en el estacionamiento del complejo deportivo de la Cendea de Cizur. En este municipio y en varios de sus concejos se terminó de organizar una caravana que tuvo su origen en Noáin, el pueblo de Rubén García o de Nacho Laquidáin, dos de los conductores. De la organización económica se ocupó la fundación Brazadas Solidarias, que creó Izaskun Adot, vecina de Larraya. Entre los refugiados, menores habituales en viajes de Arco Iris Solidario y otros ya adultos que huyen de un país ahora devastado por la invasión. Y entre los voluntarios algunos amigos y otros conocidos que no dudaron en sumarse a una cadena que se enlazó a través de las redes sociales.

Ni las cámaras de televisión o fotográficas ni la mirada curiosa de algunos vecinos que a esa hora aprovechaban la tarde templada fueron obstáculo para esas emociones. Como la de Umila, 30 años y 16 años sin ver a Jaione Bakaikoa ni José Antonio Yeregui, vecinos de Arbizu, que junto a sus tres hijos la acogieron varios veranos hasta que cumplió 14 años. Llorosa, no podía dejar de pensar en la hija de dos años de la que la separó la guerra. Ni en su marido. A la vez que sonreía a Jaione y a José Antonio y a su hijo Aimar. “Hemos mantenido el contacto y nos preguntó la asociación si queríamos seguir siendo familia de referencia y no lo dudamos”, explicaban.

A unos metros otra joven de 21 años y ya con doble nacionalidad desde que la acogiera una familia de Pamplona no dejaba de dar abrazos, de traducir mensajes y de calmar y aupar a sus hermanos pequeños, a sus primos y hasta algún vecino que junto a su madre, de 42 años, también ha llegado a Navarra. En total siete miembros de su familia. Varios niños y niñas pequeños que recibían carantoñas y hasta algún regalo de manos de los chóferes. Como Guillermo, de Valtierra, que prefería pasar desapercibido ante los periodistas pero que no dejaba de abrazar al grupo que deja atrás el horror de la guerra, los bombardeos y un largo periplo para poder salir de su país pero que en algunos casos conserva la idea de volver.

Rubén García, de Noáin, se emocionaba al recordar el viaje y al ver su final feliz por ahora. “Volvería a hacerlo si me dejan. Cómo no hacerlo. Ha sido una emoción sólo comparable al nacimiento de mis dos hijos. Nos decían que no esperáramos nada, pero con un balón y unas sonrisas enseguida hemos conectado. Lo peor son los más mayores, los más conscientes de lo que hay allí”, reflexionaba.

Y tras el viaje, ahora toca reorganizar las vidas de los refugiados. Como la de Dasa, de 14 años, que acudirá al instituto junto a la joven hija de la familia de Fustiñana que la va acoger, como contaba Laura Gil.

Las hermanas Korniienko vuelven a estar juntas

Yelena Korniienko, 19 años, se vistió este martes como si fuera fiesta, por fuera y sobre todo por dentro. Dieciocho días después de la invasión rusa, con todas sus noches, con el desasosiego cruel de una guerra, se pudo reunir con sus hermanas. Llegó a Cizur con su familia de acogida de Fustiñana. Yulia y Dasa, 17 y 14 años, dejaron atrás la atrocidad y descansan ya con sus familias de acogida, en Lekunberri una, en Fustiñana la pequeña. Las dos escaparon de su pueblo, a 40 kilómetro de Kiev, hacía una semana, con su madre y otras tres amigas. Finalmente, la madre ha decidido quedarse en Polonia. Ya ha encontrado un trabajo y no pierde la esperanza de volver con su marido y su hermano a Ucrania. Está cerca de su país y sabe que sus hijas están bien. Pero la de los Korniienko, es una historia como la de miles de familias, separadas por la sinrazón. Al menos, esta tiene un reencuentro, “aunque con esa sensación agridulce”.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora