

El ‘atelier’ del hogar en Pamplona
El Ajuar, una tienda en la que se puede buscar para el hogar desde un pequeño detalle, pasando por muebles para llegar a una reforma integral. Esta fue la propuesta de una decoradora que ha conseguido una andadura de 27 años gracias, dice, a un servicio cercano y trabajo
Actualizado el 10/03/2022 a las 08:32
Dice Carmen Aincia Caridad que en las clases para titularse como Decoradora en la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona; sus profesores, entre ellos el arquitecto Fernando Redón o Javier Suescun, no se limitaron a enseñarles cómo trabajar. “Nos abrieron una ventana al mundo”. Esa ventana que esta comerciante intenta ofrecer en su escaparate de la avenida Sancho el Mayor números 24-26 a donde llegó hace 27 años. La idea, compartida junto a una compañera, era ofrecer regalos, artículos de decoración, muebles, iluminación y también reformas integrales del interior. Y funcionó. ¿Por qué? “Por el servicio”, responde rotunda Carmen, aunque es poco amiga del autohalago. De hecho, costó convencerle para salir en la foto. Lo suyo, insiste, es la trastienda, el asesorar al cliente, acompañarle en ese cambio del hogar. “Pero nunca imponer”. Ese es el servicio, al que no pone condición de horas ni tampoco de compra. “Si al final no le convence, te vas con una sonrisa. No pasa nada. Te ha conocido y tal vez regrese en otra ocasión”.
Una mujer a la que nunca le relegaron al papel de ama de casa, ni la familia en la que se crió ni la que luego formó ella. “Mi madre, que trabajó en el negocio familiar toda la vida, me grabó a fuego que debía ser independiente económicamente. Luego, cuando mis hijos eran más mayores, les decía si querían que me quedara en casa con ellos y me respondían que ni hablar”. Aunque el hogar siempre está ahí, a la vista, y por eso la elección del local obedeció en parte a esa cercanía a su casa y al colegio de unos niños entonces pequeños. “Pero también había otros factores, como que era una calle con gente joven que podía tener más ganas de decorar su casa, su tamaño que nos permitía meter muebles y su magnífica orientación al sur que le da mucha luminosidad”.
PRIMEROS PASOS
También les gustó la actividad comercial de la calle. “Estábamos pegados a una franquicia de cocinas de alta gama, la Colchonería Santo el Fuerte que sigue aquí y trabaja fenomenal, el servicio técnico de Panasonic y otro establecimiento de muebles. Todo esto atraía a mucha gente”. Algunos se han ido pero, por contra, otros han subido la persiana. “Y aquí ahora hay una peluquería que funciona muy bien, al igual que una tienda de sofás de marca francesa”. Carmen dice que ella no ha mirado jamás a sus vecinos en clave de competencia. “No, creo que somos más una red que nos complementamos y encajamos. Y eso da vida al barrio”.
Ahora, con una clientela asentada, atrás queda ese vértigo que reconoce sintió cuando se lanzó a abrir una tienda. “Hay que saber administrar y apretarte el cinturón. Si quieres que el negocio funcione te tienes que crear un colchón. Mi padre ya lo decía, no todo lo que entra es para gastar; primero hay que pagar lo que se debe y guardar también”. Pero no sólo se trata de una cuestión numérica. “Mi compañera era supertrabajadora y yo creo que también. Soy de las que pienso que si le pones ganas, las cosas salen. Y nos salieron”. Con el añadido de una magnífica relación entre socias hasta que le llegó el momento de jubilarse de su compañera.
Respecto a la clientela, dice que tiene de todo tipo. “Gente joven, madura, familias enteras porque en su día vino la madre o el padre y aconsejaron a sus hijos. Estos casos me hacen especial ilusión”, reconoce. Y no sólo del barrio de Iturrama, también de otros de la periferia como aquellos que están en plena expansión y necesitan dibujar su recién estrenado hogar, por lo que el establecimiento se convierte en una especie de ‘atelier’ de esas viviendas en Lezkairu o Erripagaña.
Clientes a los que les está agradecida porque, dice, en su negocio ha sido muy valioso el “boca a boca”. “Sí, ponemos publicidad, pero también es muy importante la recomendación que hace una persona que ha quedado muy satisfecha con nuestro trabajo”. Un trabajo o servicio al que ella nutre con varios ingredientes. “Creo que se trata de ser buen profesional y honesto. Tener un producto de calidad y dar ese servicio de cercanía y acompañamiento”. Una suma que ha dado 27 años de resultado. Y aún quedan.
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