Suceso

Mujer invidente que cayó en una arqueta abierta en Pamplona: "El suelo desapareció de repente"

María Pilar Barranco Serrano, vecina de la Rochapea de 59 años, es invidente. El lunes caminaba por la acera y cayó unos 3 metros a una arqueta. Se ha roto un codo y un tobillo. "Y gracias", dice

La arqueta por la que cayó la mujer
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La arqueta por la que cayó María Pilar Barranco, en una imagen facilitada por la Policía Municipal de Pamplona, que investiga el suceso
La arqueta por la que cayó la mujer

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Carmen Remírez

Actualizado el 09/03/2022 a las 07:48

María Pilar Barranco Serrano, vecina de la Rochapea de 59 años, asegura que, entre el vaso medio lleno o medio vacío, ella es sin duda de las primeras. “Tengo el ánimo muy positivo”, sostiene, y así parece, desde luego, tras una conversación de apenas diez minutos en los que relata cómo, de repente, cuando caminaba con su marido y su perro por la avenida de Marcelo Celayeta, se precipitó de una altura de unos 3 metros a una arqueta abierta donde unos operarios llevaban a cabo unos trabajos, sufriendo un susto tremendo y dos fracturas de las que ahora se recupera en su domicilio.

María Pilar Barranco es invidente total y, tras una gestión en el centro de salud, se encaminaba al banco del brazo de su marido, que a su vez sufre de baja visión. “Serían sobre las 9.45 y recuerdo que caminábamos a buen paso. De pronto, no noté el suelo. El suelo desapareció y me caí. Desde luego no noté que hubiera ninguna barrera de advertencia. Dicen que habían puesto alguna de tobillo, pero la policía nos ha explicado que mínimo deben ser de un metro de altura, y fuerte”. Al ‘pisar’ en el vacío, la mujer se precipitó por el hueco. “Había un montón de hierros y tubos y me golpeé en la cabeza. Para haberme matado. Me han hecho un escáner a ver, por el golpe en la cabeza, pero instintivamente, al caer, me protegí la cara y el pecho”. En un primer momento no fue consciente de sus fracturas. “Lo primero que pensé es que abajo había un pozo y un operario trabajando y que menos mal que no le caí encima, que lo podía haber matado”.

Agradece la amabilidad y preocupación de los obreros y de las personas del barrio que se acercaron a interesarse por ella. “Los operarios fueron muy majos conmigo. Estaban destrozados por lo que había pasado. Y eso que no fue más, que el golpe pudo haber sido mucho peor. Al principio no sabía muy bien ni dónde estaba. Ni dolor tenía. Del subidón de adrenalina, subí yo sola por la escalera”. Al llegar arriba, ya sentada, esperó la llegada de la ambulancia y las primeras atenciones de los agentes de la Policía Municipal de la capital navarra. Tras su paso por el hospital, el escáner descartó lesiones en la cabeza pero sí le dejó escayolados y el pie derecho y el brazo izquierdo. “Ahora toca esperar que los huesos no se hayan desplazado y no tengan que operarme. Prefiero pensar en recuperarme y bien pronto”.

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