Pamplona, Viaje al Pasado
'¿Es Yamaguchi? Soy Julián Balduz'
Hace 40 años, los alcaldes de Pamplona y Yamaguchi celebraban con una llamada telefónica los dos años del hermanamiento


Publicado el 16/02/2022 a las 06:00
El segundo aniversario del hermanamiento entre Pamplona y Yamaguchi tuvo una celebración virtual, un poco al estilo de ahora. Corría 1982, hace ahora 40 años, 19 de febrero, y el alcalde entonces Julián Balduz, recibió a las 9 en punto de la mañana una llamada telefónica de su homónimo en la ciudad nipona, Yasuo Hori. La atendió en su despacho, cuando los teléfonos no tenían altavoz ni manos libres, pero se las ingeniaron y fue imprescindible la ayuda de la traductora Fumiko Maramatsu, japonesa residente en Navarra.
En la imagen que acompaña este texto se ve al alcalde al teléfono y a otra persona que sujeta otro interfono que hace las veces de altavoz. Entretanto, sentada enfrente, Fumiko toma notas y hace que fluya la conversación entre los dos regidores a miles de kilómetros. Pero, al otro lado, el alcalde Hori precisaba también de traductor y ejerció la tarea el jesuita padre Luna, afincado en Yamaguchi. Eran allí las 4 de la tarde.
Fueron testigo del singular momento las cámaras y periodistas que habían sido convocados a la llamada de teléfono. En la conferencia, los alcaldes recordaron que el hermanamiento se firmó el 19 de febrero de 1980 “en un espíritu de confianza mutua, para fomentar y profundizar los lazos de amistad y comprensión mutuos, conscientes de que con ello contribuyen también a la paz mundial”. Lamentó Balduz que “la enorme distancia geográfica” impidiera la intensificación de los lazos convenidos e hizo votos porque “las esperanzadas expectativas que se suscitan siempre en los contactos no queden restringidos en la realidad a la letra impresa del convenio”. El relato del alcalde concluía, según se publicó al día siguiente en este periódico con la frase Domo arigato, sayonara: “Muchas gracias y adiós”.
Cuatro décadas después, Navarra y Pamplona celebrarán los 400 años de la canonización de San Francisco Javier que fue, en fin, el germen de la amistad entre las dos ciudades. A Yamaguchi llegó el santo navarro en el siglo XVI.
Yasuo Hori había visitado ya Pamplona en dos ocasiones y dio muestra, coincidían distintas fuentes, de una “extraordinaria simpatía”. Parecía complicado, sin embargo, que el hermanamiento fuera más allá de las buenas palabras y la cortesía. Años después, Pamplona dedicó un parque a la ciudad nipona y ahora la cantante Amaia Romero ha puesto música y letra a ese parque, una jota que suma ya millones de visualizaciones en todas las plataformas. No imaginarían entonces los dos alcaldes algo así. Lo que sembraron las instituciones locales ha dado frutos sin salir de ese jardín que diseñaron a miles de kilómetros.