Iglesia Católica
Una pamplonesa denuncia abusos por parte de una monja en 1960
María Victoria Martinikorena, de 73 años, denuncia la invisibilización social de las niñas víctimas y critica la postura de la Iglesia


Actualizado el 10/02/2022 a las 15:50
La pamplonesa María Victoria Martinikorena, víctima de abusos sexuales a los 11 años por parte de una monja en 1960, ha arrastrado desde entonces “una inseguridad” con la que no ha conseguido “ni que me quieran ni querer”, fruto de una experiencia que está convencida que sufrieron “muchas más” niñas a las que la sociedad ha dejado “invisibilizadas”. Lo relata tras anunciar el Gobierno central la creación de una comisión para investigar los abusos en la Iglesia, una institución hacia la que se muestra muy crítica: “No creo que la verdad les interese”.
Martinikorena, de 73 años, incide en su interés en contar su traumática experiencia “para hacer hincapié en que las mujeres abusadas y violadas somos invisibles”, más aún si como es su caso los abusos provenían de otra mujer, con prácticas que no dejan huellas tangibles, algo que “no se ve pero que hace el mismo daño” que la violación a los hombres y conlleva “las mismas consecuencias”. “En los abusos nos pillan a los más vulnerables. Saben distinguir -los abusadores- a quienes tenemos problemas de autoestima, de cariño, y van a por nosotros, tanto hombres como mujeres. Y las mujeres actúan exactamente igual que los hombres, con el mismo abuso de poder. Ejercen, se comportan y te culpabilizan igual que a los niños” varones, con amenazas.
Y lo señala firme en su recuerdo de los hechos, ocurridos en 1960 cuando con 11 años ingresó junto con su hermana como alumnas internas en el Colegio de las Ursulinas de Jesús, donde en edificios separados debido a su diferencias de edad permanecían de lunes a viernes.
Pese a que los dormitorios eran compartidos por grupos de chicas, a ella poco tiempo después “la monja que yo creía que nos cuidaba” le trasladó a otro dormitorio con tan solo dos camas, un lugar donde a partir de esa noche “apareció una monja que pensó que tenía todo el derecho del mundo de abusar de mí e hizo conmigo lo que quiso durante todo el año”. Tras señalar que tan culpable fue “la monja que le procuraba niñas” a la otra como la que abusó de ella, subraya que con 11 años y más aún con la educación de mediados del siglo XX, ella desconocía cualquier práctica sexual, pero tiene presente aquel “acariciarme, besarme, desnudarme” en el que “ella encontraba placer conmigo”, pero sobre todo recuerda las amenazas y el chantaje de la religiosa cuando la niña pasaba los fines de semana con su familia.