Huarte

Iñaki Sanz, propietario: “Esto son huertas, lo desolador está al otro lado, en las casas”

A sus 69 años y jubilado hace cuatro, ha perdido la cuenta de cuando llegó a Martiket y se hizo con una de las 57 huertas

Iñaki Sanz en la parte trasera de la caseta. Por encima de la ventana se aprecia la marca del agua
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Iñaki Sanz en la parte trasera de la caseta. Por encima de la ventana se aprecia la marca del agua
Iñaki Sanz en la parte trasera de la caseta. Por encima de la ventana se aprecia la marca del agua

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C.A.M. 

Publicado el 19/12/2021 a las 06:00

A diferencia de localidades próximas como Villava o Burlada, en Huarte se citó el sábado a voluntarios para ayudar en la limpieza. La llamada se centró en las zonas de huertas con espacios comunes que se reparten por la villa. Hoy está previsto seguir en la de Ezpeleta y recoger restos vegetales y el barro que se acumula. Quedó fuera del listado la agrupación de huertas Martiket. Pegada al grupo Martiket de Villava y próxima a la urbanización Martiket de Huarte, tiene carácter privado y su acceso está restringido a los titulares. Es la zona que una fotografía aérea de la agencia Efe mostraba casi completamente anegada. Con los tejados de las casetas únicamente libres. El agua alcanzó los 2,30 metros. Todavía quedaba la marca en las paredes de los edificios de recreo, como el de Iñaki Sanz.

A sus 69 años y jubilado hace cuatro, ha perdido la cuenta de cuando llegó a Martiket y se hizo con una de las 57 huertas. “En 1984 o 1985. Es una maravilla, tenemos un canal de agua al que cada uno se engancha, buena tierra, la caseta, está cerca de Pamplona. Es verdad que ahora se ha inundado, pero al final es una huerta. Lo desolador es lo que está al otro lado, en las casas de Villava”, comentaba el viernes. Conducía una carretilla para recoger algunos troncos con los que encender el fuego y calentar un poco su instalación. El agua alcanzó dentro todavía más altura que en la calle. Embarró los enseres de la huerta y los que emplean en meriendas y comidas en el buen tiempo. Destrozó la cosecha de invierno y el invernadero, cuyos restos ya ha retirado. Y derribó la valla que separa de la propiedad del vecino. En su caso no tenía seguro, ya que sólo se hace cargo del interior de la caseta. “Ahora toca limpiar porque el agua subió mucho y estuvo mucho tiempo y hace estragos, pero no hay más”, comentaba resignado.

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