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Obstáculos diarios para sillas de ruedas en Pamplona

Cuatro personas que se desplazan en silla de ruedas por Pamplona han enumerado los problemas que se encuentran durante un día cualquiera. Desde baches y adoquines sueltos que acrecientan sus lesiones hasta la falta de espacio en aceras

Paco Toledo, Carmen Velasco y Stefan Daniel Comandaru con Kattalin Oses, de la asociación IBILI
Paco Toledo, Carmen Velasco y Stefan Daniel Comandaru con Kattalin Oses, de la asociación IBILICordovilla
  • Bosco Hernández
Actualizado el 18/11/2021 a las 09:50
Pamplona tiene que mejorar en muchos aspectos. Esta es la conclusión general a la que han llegado cuatro personas que han contado sus problemas al circular. Todos se desplazan en sillas de ruedas y scooters de distintos tipos. Dos de ellos viven en la Rochapea, pero todos se acercan al barrio pamplonés para acudir a la asociación IBILI. Desde allí, gracias al trabajo de socios y trabajadores como Kattalin Oses Goicoechea, les ayudan a realizar sus gestiones económicas, a conseguir equipo y material para facilitar su vida y a que se sientan acompañados.
Pocas cosas hay peores en el día a día de estas cuatro personas que encontrarse con una acera en mal estado. Igual que los baches, los adoquines sueltos y el desnivel al intentar cruzar un paso de peatones. Los cuatro coinciden en el tipo de suelo que desean para Pamplona: lisos, sin adoquines sueltos, sin baches ni desniveles, ni terrenos por los que las ruedas de las sillas puedan patinar.
Además, a los cuatro les gustaría que la gente en general fuera más cercana con ellos, que se les sonriera por la calle en vez de ir mirando el móvil, y que no se les ponga malas caras cuando hay que adelantarles en bicicleta o cederles el paso. “Son gestos que no cuestan nada y que significan un montón para nosotros”.
PACO TOLEDO, 82 AÑOS PACIENTE DE ELA EN SILLA DESDE HACE 2 AÑOS

Para ir al Vergel desde la Rochapea paso un infierno

Paco Toledo tiene 80 años y vive en la calle Isaba de la Rochapea. Él nació en Albacete, pero lleva desde 1964 viviendo en Pamplona. Paco lleva dos años en una silla de ruedas mecanizada porque le diagnosticaron ELA. Su mujer, Puri, le ayuda con todo en su día a día.
No obstante, Paco tiene una tradición. Todas las tardes, a eso de las cinco, se va al parque del Vergel a tomar un café con unos amigos. El problema es que para ir hasta allí, tiene que cruzar el puente del Runa y su larga cuesta. Además, a pesar de que la acera no es precisamente estrecha, Paco no se siente seguro sobre el puente porque el suelo resbala y hay baches. Esto provoca que tarde mucho en subir, además de que como el suelo no es liso, a veces se queda atascado.
Otra de las causas de la inseguridad de Paco en este recorrido es que la convivencia con las bicis es muy difícil, porque le adelantan a unas velocidades que le asustan. Un factor que han confirmado otras personas con discapacidad y en silla de ruedas. Una vez superado el puente, una acequia discurre hacia el parque justo por donde Paco circula con su silla y, a menudo, las ruedas suelen patinar por el canal. Esto provoca que Paco pierda el control de su medio de movilidad con facilidad y, en el supuesto de que se cayera, no podría volver a levantarse por sí mismo.
CARMEN VELASCO LÓPEZ, 49 AÑOS LESIÓN DE COLUMNA Y DISTROFIA

Todo mi cuerpo tiembla si voy sobre adoquines

Carmen Velasco López tiene 49 años. Ella es de Pamplona, y vive en el centro Infanta Elena. Padece una lesión de columna y cervicales, además de una distrofia espinal congénita. Carmen también se desplaza en una silla de ruedas motorizada, pero es más pequeña que la mayoría. Esto provoca que, al llegar a un paso de cebra, haya muchos coches que ni siquiera la vean cuando se aproximan, haciendo que Carmen deba tener sumo cuidado al cruzar. Hay veces que ella prefiere esperar a que llegue otra persona para cruzar a la vez.
Como sus amigos, uno de los grandes problemas de Carmen son los baches. Pero en su caso, debido a sus lesiones en la zona lumbar y cervical, se acrecienta mucho más. Esto se observa claramente cuando intenta cruzar un paso de peatones. Los bultos en el suelo para que las personas ciegas sepan que se están acercando a un paso de cebra, sumados al desnivel al bajar a la calzada y al volver a subir a la acera, son una tortura para Carmen. La silla tiembla y vibra, lo que provoca un fuerte dolor en las zonas en las que ella padece las lesiones: “Todo mi cuerpo tiembla en esos momentos, o si voy sobre adoquines”. Hay veces que el desnivel entre la carretera y la acera es tan grande que las sillas no tienen fuerza para salir de la calzada, lo que provoca que haya algunos coches que incluso les piten porque ocupan una parte de la vía.
STEFAN DANIEL COMANDARU, 43 AÑOS LESIÓN DE COLUMNA

Las sillas no tienen fuerza para subir los baches

Stefan Daniel Comandaru tiene 43 años, y quince de ellos los ha vivido en la Rochapea. Él padece una lesión de columna y otra en la pierna derecha que le impide andar, por eso Stefan se mueve en scooter.
Además de también sufrir los problemas de sus compañeros al desplazarse por las aceras, su moto no tiene gran potencia para subir cuestas. Y debido a que pesa más que Paco y Carmen, cada vez que sube una rampa tiene la sensación de que puede volcar hacia atrás. Stefan tiene que ejercer un gran peso sobre la parte delantera de la silla para evitar caerse. Esto provoca que tarde mucho más tiempo en subir las cuestas desde la Rochapea hacia Pamplona, y también que la batería tarde menos tiempo en gastarse. Por eso ha tenido que comprarse una silla nueva que, en teoría, no le va a dar estos problemas.
Al igual que el resto de sus compañeros, los baches en las aceras son de los peores obstáculos que Stefan puede encontrarse. Pero también hay otros problemas del día a día que le hacen la vida más complicada. “Por ejemplo: ¿cómo se supone que tengo que levantar la tapa de los contenedores? A mí no me afecta porque tengo hijos que lo pueden hacer por mí pero, ¿y alguien que vive sólo? Tendría que haberme comprado una silla que tuviera una grúa incorporada para levantar la bolsa de basura”, bromea Stefan.
LLUNA BARQUERO HIDALGO, 39 AÑOS 12% DE DISCAPACIDAD


Hay veces en las que no quepo en la acera con la silla

Lluna Barquero Hidalgo vive en Aoiz y tiene 39 años. A ella le diagnosticaron un 12% de discapacidad y lleva un año en silla de ruedas. No puede mantenerse de pie más de treinta minutos. Si lo intenta se derrumba porque las piernas no aguantan el peso de su cuerpo.
Tampoco siente su pierna derecha y no tiene fuerza en los dedos. Su silla no es motorizada como las de los demás, lo que provoca que, cuando no está acompañada de su hija o alguna otra persona, tenga que ser ella la que se impulse. Un ejercicio complicado si no tienes fuerza en las manos. “Durante un rato se aguanta”, dice, “pero cuando has estado moviendo los brazos tanto tiempo acabas con el cuello y los hombros molidos”.
Lluna se ha encontrado numerosas veces en la situación de no poder circular por la acera. “Entre que la silla es muy ancha y las aceras muy estrechas, no puedo pasar cómoda”, apunta Lluna. En Pamplona esto ocurre en el puente de los Corralillos, donde la acera no abarca suficiente espacio para que transite una de estas sillas con otro peatón al lado. “El resto de gente puede pisar la carretera si no puede pasar, pero yo no”, cuenta. Esta situación le ha llegado a ocurrir en una tienda de ultramarinos hace poco, en la que no cabía por los pasillos. “Es muy frustrante. Da la sensación de que somos gente de segunda”, reconoce.
Lluna Barquero Hidalgo frente a la sede en la Rochapea
Lluna Barquero Hidalgo frente a la sede en la RochapeaCordovilla
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