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Iglesia

El relevo del campanero de Aldapa

Campaneros de la catedral retoman la labor del claretiano Carlos Galarraga

Parte del relevo. En la imagen, seis de los componentes del Grupo de Campaneros de la catedral de Pamplona, que tocó el domingo en San Fermín de Aldapa: Arriba, desde la izquierda, Ismael Liras, Carlos Sanz y Josu Marauri; debajo, Javier Mangado, Arantza Zozaya y Goyo Induráin
Parte del relevo. En la imagen, seis de los componentes del Grupo de Campaneros de la catedral de Pamplona, que tocó el domingo en San Fermín de Aldapap.f.l.
Publicado el 24/10/2021 a las 06:00
El domingo 25 de septiembre, a mediodía, sonaron altaneras las campanas en la pequeña basílica de San Fermín de Aldapa, en la fiesta del martirio del santo. En la torre con acceso desde la terraza de la casa, como atalaya de la ciudad y su anillo montañoso, las volteaban a mano seis personas del grupo de campaneros de la catedral de Pamplona. Hace unos años que se encargan de la tarea en este día. Tomaron el relevo al padre claretiano Carlos Galarraga Larrañaga. Guipuzcoano de Soraluze, contaba ese mismo domingo que nació en el ocaso de la Guerra Civil, el 13 de abril de 1939, “el pequeño de seis hermanos”, dos de ellas religiosas como él, una mercedaria y otra, clarisa. “Ahora solo quedo yo”, explica en la terraza. Sube todas las escaleras a pie, desde el primer piso. No las cuenta, reposa un poco y gana aire. Antes iba con más frecuencia, no solo a tocar las campanas, también a cuidar de las plantas, de las jardineras que cultivaba en lo alto. “Pero ahora ya, quienes necesitamos cuidados somos nosotros”, sonríe a la vejez. Son ocho en la comunidad de los claretianos. Él llegó hace veinte años, antes había pasado otros tantos, desde 1980, en el colegio Larraona. Se había formado en Beire, en Balmaseda y sirvió en otros puntos hasta recalar en Navarra.
Ya en el retiro de Aldapa fue cuando comenzó a tañer las campanas, los primeros años con el hermano Jesús Mari Sanz. “Y en Sanfermines teníamos el atrevimiento de meternos adentro, en la torre, y tocar la campana grande a mano. Luego ya bandeábamos. Cuando vinieron los campaneros de la catedral, les conté cómo lo hacíamos”, recuerda el padre Galarraga y describe que la torre tiene tres campanas y que antes tocaban a diario, con las misas y los rosarios.
UN NUEVO BADAJO
Una de las tres campanas, la situada a la derecha si se mira a la torre, desde la fachada principal, perdió el badajo, y aquel domingo 25, mientras tocaban y conversaban, los campaneros se comprometieron a dotarla de un nuevo badajo. “La idea surgió allí mismo”, recuerda Javier Mangado, portavoz del grupo de campaneros de la catedral, y subraya que entre ellos hay “personas de toda edad y condición y dos personas trabajan la forja y la soldadura”. Uno es Ismael Liras, y él estaba entre los seis que tocaron en San Fermín Txikito. “Hablaron entre ellos, Ismael y Goyo Induráin, creo, fue algo espontáneo, se tomaron las medidas y, cuando lo tenga preparado, se llevará”, indica. Javier Mangado señala que, esa campana, la tocaron “con el martillo del motorico automático un rato”. Pero, al no tener badajo, en vez de voltear optaron por repicar.
El grupo de campaneros de la catedral se instituyó como tal en 2011, tras la reforma de la fachada de la seo y de las propias campanas. Lo forman 30 personas, las que son necesarias cuando, en días solemnes, se tocan las diez campanas en uso de las dos torres. “Solo para la María hacen falta tres personas”, repara. En el tiempo ordinario se reúnen entre ocho, diez o doce personas.
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