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Natalidad

El primer niño en Anoz en 63 años

Aran Romero Arráez nació el 9 de agosto. Ese día se escucharon cohetes en un pueblo donde no hay fiestas, porque casi no hay quien las celebre: siete personas en el censo, entre ellas Davinia y Martín, los padres del nuevo habitante de Ezcabarte

Davinia Arráez y Martín Romero con su hijo Aran y ‘Buf’, el grifón de la casa, en Anoz
Davinia Arráez y Martín Romero con su hijo Aran y ‘Buf’, el grifón de la casa, en AnozJESÚS CASO
Publicado el 19/09/2021 a las 06:00
Aran duerme plácido, abrazado al pecho de su madre en el silencio balsámico de Anoz. Nació el 9 de agosto, el primer niño en este lugar del valle de Ezcabarte después de 63 años. La suya es una historia de las de trazo grueso, merecería titulares en un escenario donde la curva demográfica no es más que un salto al vacío.
La vida de Aran suma hoy 40 días, cascadas de alegrías y algún desvelo en el rostro de sus padres, Davinia Arráez y Martín Romero. Ella es catalana, él de Berriozar. Son pareja desde hace diez años y buscaban un pueblo donde enraízar. Vivieron de alquiler, cinco años en Atez, dos en Arribe, en el valle de Araitz. Hubo un punto de inflexión en el que decidieron comprar y comenzaron entonces un periplo “por 30 o 40 casas”, hasta que llegaron a Anoz. “Ya cuando cogimos la curva , aún sin ver la casa, supimos que este era nuestro sitio, ni siquiera sabíamos que aquí vivía tan poca gente”, describe Martín Romero, sentado en la entrada de la vivienda, una terracita de piedra rodeada de montes tupidos, verdes que refrescan una tarde calurosa de septiembre.
La casa es Irozenea, un inmueble de 1742, según la inscripción de la entrada, y llevaba unos 30 años deshabitado. El padrón indica que hay siete personas en el pueblo. “Bueno, ahora en verano estamos nueve en total, en invierno cuatro gatos”, describen. Con la llegada de Aran el censo toma aire. Dicen que cuando nació hubo cohetes en un pueblo donde ya no hay fiestas. “Fue muy bonito, los de la casa de al lado, Paco y Camino, nos trajeron un bizcocho y cuando llegamos del hospital fui puerta por puerta y a las doce quedamos para tomar algo delante de casa. Vinieron todos”, subrayan el buen ambiente entre los pocos que son “y la disposición para ayudar, como Miguel Ángel con el remolque de su tractor”.
Anoz es el pueblo situado más al norte en el valle y para llegar por carretera desde Pamplona es preciso superar Ezcabarte, atravesar Olaibar y tomar el desvío en Ostiz. Ya en el valle de Odieta, se dejan atrás Ciaurriz y Anocibar para tomar un camino que algún día fue sinuosa carretera. El viajero se confunde a veces, mientras la vegetación envuelve un entorno bucólico que toma altura hasta superar los 700 metros en un núcleo de seis casas, cinco de ellas abiertas en algún periodo del año. Y la iglesia, cerrada desde tiempo.
El 30 de agosto de 1958 se registró el último nacimiento en el pueblo. Era un varón que ya no vive allí y cuentan los mayores que madre e hijo regresaron a caballo desde el hospital San Juan de Dios de Pamplona, donde alumbró.
SERVICIOS EN PAMPLONA
Los servicios les derivan a la comarca de Pamplona, también la escuela infantil y el colegio, aunque ellos ven más lógico que Aran se escolarizara en Larraintzar, en el valle de Ultzama, geográficamente y por asentarse en el entorno rural por el que han apostado.
Allí quieren criar a su hijo. Davinia es enfermera y trabaja en Barañáin; Martín es carpintero y voz de la banda de rock Bocanada. Son de Berriozar, suman cinco discos de estudio desde 2012 y antes de la pandemia, las giras les llevaban de un escenario a otro, kilómetros de carretera y manta. “Esa es mi vida social, luego yo quiero esto, descansar aquí”, anota que el exuberante escenario vital le ha inspirado para las letras de sus canciones, y en los poemas. El 6 de julio presentó ‘Con un cante en los dientes’, un poemario acompañado de un disco con cinco temas en acústico con guitarra española que grabó en los estudios de Aberin, una discográfica en un enclave de 350 vecinos.
No todo son ventajas, pero aún así están convencidos de que han acertado. No hay cobertura de telefonía móvil, de manera que han tenido que pagar 400 euros para contar con un acceso a internet; tampoco existe señal de televisión y es necesario contar con una antena especial, aunque esto no les quita el sueño. No hay tiendas ni bares, ni pasa el panadero. “Pero tenemos el arcón lleno y no es necesario ir cada día a comprar”, describen que estas semanas apenas salen, y sus horas están dedicadas a la crianza de Aran. Ya tiene su habitación preparada. La ha diseñado su madre y las manos de su padre le han dado forma. Un gato aprovecha la visita para husmear dentro de la casa. “Es de la familia”, lo presentan Martín y Davinia, lo mismo al grifón francés que echa la siesta y se apunta a la sesión de fotos como si quisiera lucir su silueta rizada. “Es un grifón francés, tenemos un mastín, pero lo hemos dejado abajo porque es un buenazo, pero sus 65 kilos a veces incomodan a quien no le conoce”, apuntan.
Saben que la carretera es el peaje de la vida tranquila que quieren. “Pero en Barcelona tenía 85 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta para el trabajo, aquí estamos a 25 de Pamplona”, relativiza Davinia, a pesar de los quince días de nieve que tuvieron en su primer invierno, a los dos meses de instalarse en octubre. Pronto cumplirán un año en el pueblo. Esperan que Aran cumpla muchos allí, que sean todos, sonríen al destino con el sorbo del agua fresca de la fuente, “con la libertad y las sensaciones que se tienen viviendo en Anoz”. “Abrazado al bullicio del silencio”, como escribe Martín en uno de sus poemas, duerme el pequeño Aran.
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