Pamplona
“Nos sentimos desprotegidos”, dicen los vigilantes de la zona azul de la Txantrea
La empresa acordó emplear un protocolo para reforzar personal el lunes día en que finaliza la prórroga sin sanciones


Actualizado el 10/09/2021 a las 09:43
Costó que los trabajadores que cumplían con su labor de vigilancia alrededor de la zona azul en el barrio de la Txantrea ayer se liberasen plenamente. Con el anonimato como bandera, lo que quedó claro fue que la intranquilidad desde que se implantó el estacionamiento regulado en la zona es una realidad. Si ya lo era desde que a finales de agosto se borraron las primeras plazas de aparcamiento pintadas de azul y naranja, la incertidumbre fue en aumento hasta la agresión sufrida este miércoles . El comité de empresa integrado por LAB-ELA-CCOO y UGT mostró su repulsa por el perdigonazo que recibió un trabajador. “Creemos que no es la forma de protestar ante la implantación de la zona azul en dicha zona” y que es un caso aislado por el que “no se puede criminalizar a un barrio”,señalaron.
Desde la ventana de un inmueble de la calle Mendigorría se disparó un perdigón a un trabajador de la ORA, que tuvo que ser atendido en el hospital. Por si fuera poco, también le habían lanzado dos vasos de agua previamente. El suceso, unido a los sabotajes en máquinas expendedoras, señales y numerosas pegatinas en contra de la implantación de la ORA, reforzó la intranquilidad.
CARA A CARA
En esa tesitura, vigilantes de Dornier afirmaban ayer su preocupación. Mirando de soslayo, afirmaron sentirse en el ojo del huracán. “La gente debe entender que este es un trabajo como otro cualquiera y que nosotros no dictamos las órdenes”, argumentaban, alertando de que se sienten “desprotegidos” ante este tipo de actuaciones. “Si la gente está enfadada ahora, no quiero saber qué harán cuando empecemos a multar (recordemos que el Ayuntamiento de Pamplona ofreció una moratoria sin sanciones que finaliza este lunes día 13)”, aventuraba otro empleado.
Precisamente por el miedo a las posibles reacciones, empresa y sindicatos acordaron ayer que se aplique idéntico protocolo al que se utiliza en San Fermín en la zona en la que sucedieron los hechos. Se trata de reforzar la seguridad con tres personas (un inspector y dos vigilantes de la ORA). “Es un sistema que se ejecuta cuando se dan agresiones verbales, hay alcohol de por medio... esas cosas”. Asimismo, desde la empresa se ha solicitado al Ayuntamiento de Pamplona más presencia policial “hasta que se tranquilicen las cosas”.
En el área en la que tuvo lugar la agresión quedó ayer sin vigilancia de ningún tipo, a la espera de los acontecimientos. Con la condena como principal eje, el alcalde Enrique Maya dejó su mensaje: “A veces se está creando un caldo de cultivo como de que hay una persecución hacia un barrio que es falso”. Como también lo hizo el secretario general de la FSC de CCOO Navarra, Cecilio Aperte. “No es de recibo que sea el colectivo de la ORA el que reciba las consecuencias del rechazo”.
“Nos meten a todos en el mismo saco y no es así”
Basta darse una vuelta por las calles de la Txantrea para darse cuenta de que, salvo excepciones, como en todo, el grueso de los vecinos no apoya la violencia como parte de la solución. Pero para contextualizar bien el panorama, es justo decir que quienes allí residen no comparten esa alta ocupación que sostienen los informes municipales. Como tampoco armonizan con haber instalado máquinas expendedoras ni pintado calles sin “una auténtica consulta ciudadana”.
Hasta ahí todo correcto. Opiniones, reivindicaciones perfectamente comprensibles. Incluso si tenemos en cuenta que, como los mismos residentes señalan, los cambios cuestan y el embrollo de tener que disponer de una tarjeta de residente o arreglártelas para pagar si trabajas en alguna de las oficinas del barrio no es sencillo. Más si cabe cuando, a ojos de los vecinos, “no es prioridad”.
LA CONSULTA
Pero eso es una cosa y otra, muy distinta, la agresión a un trabajador de la ORA durante la tarde del miércoles en la calle Mendigorría. Fue la tendencia general de un barrio que ayer despertaba con la conversación en la boca, donde el temor a que los incidentes suban de tono era sincero. “A ver cómo acaba todo esto, que no tiene buena pinta”. Eran las palabras de Aitor, padre de dos hijos y preocupado por la tensión que, dice, se palpa en el barrio. Un recelo compartido entre quienes sí quisieron responder a este periódico.
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Fue así cómo el mantra más repetido entre quienes iban y venían enfocaba la mirada hacia las más de 4.300 firmas recogidas en el barrio y sobre las que dicen el consistorio ha hecho caso omiso. También se apenaban de la “nula repercusión” que tienen las resoluciones del Defensor del Pueblo, entidad que ya en agosto tendió una lanza en favor del argumento vecinal.
