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Respuesta masiva al cierre de bares en el Casco Viejo tras los últimos incidentes
Más de medio centenar de establecimientos echaron la persiana en demanda de seguridad

Actualizado el 10/09/2021 a las 12:40
La convocatoria de cierre de bares en el Casco Viejo por los incidentes de las últimas semanas obtuvo una respuesta mayoritaria de establecimientos radicados en los ejes principales de su entramado de ocio y consumo: calles San Gregorio, San Nicolás, Pozo Blanco, Comedias, Plaza del Castillo, Estafeta y Navarrería. Hasta la mayoría de las terrazas del Paseo Saraste, regentadas por hosteleros de calles interiores, permanecieron vacías.
En un somero recuento, la protesta, organizada de forma improvisada tan pronto como el pasado viernes por la noche un hostelero sufrió una agresión en un altercado, fue secundada por más de medio centenar de locales. Desde antes de las cinco de la tarde, coincidiendo en buena parte con la limpieza de interiores tras el servicio de comidas, el cartel de cierre acompañado de las razones de su anticipación -“Cerrado por agresión y vandalismo; Cerrado por agresión y desprotección”- estampaba puertas y cristales. “Las cuatro y media o cinco es un espacio habitual para la recogida después de la comida y se ha aprovechado para cerrar ya”, ofrecía como explicación a la premura de la clausura Roberto Recasens Chango, del bar Río, en San Nicolás.
La calle, con una afluencia mínima de viandantes, contrastaba con la aglomeración que una semana antes ofrecía en el primer jueves del inicio del curso y la salida de fiesta vespertina y nocturna de estudiantes. “Hace una semana esto estaba lleno”, rememoraba Josu Eraso Jiménez, uno de los dos camareros que permaneció retenido durante media hora en el interior del bar La Granja, en Estafeta. Como recordaba, dentro del incordio de no poder salir a la calle, mantuvo la serenidad en la confianza de una pronta salida del apuro, como así sucedió con la llegada de la Policía Municipal y Bomberos. Su interpretación de la protesta de este jueves, mantenida hasta primeras horas de hoy, es que “algo había que hacer” para reclamar seguridad y evitar la reedición de problemas como los sufridos en las últimas semanas.
La difusión en los días previos de la medida protagonizada por el sector, con el respaldo de Anapeh, Asociación de Hostelería, y Comercio del Casco Antiguo de Pamplona y Asbana, ejerció de efecto disuasorio en una reducción drástica de la afluencia en la vía pública. Ante la divulgación del anuncio, hubo hosteleros, como Roberto Recasens o Gloria Fernández Pérez, propietaria del bar La Granja, que atendieron por la mañana llamadas de jóvenes que dudaban de la veracidad del plante. Otros, como Luis Martinikorena, del Casino Eslava, vieron en la propagación anticipada del paro un equívoco sobre la estrategia planeada. De acuerdo a su razonamiento, la idea era haber mantenido los bares abiertos y “sobre las ocho de la tarde cerrarlos para que la policía pudiese ver el rastro de los botellones en la plaza. De esa manera verían que los de los bares no somos los culpables de los botellones. Aquí, los sábados hay un botellón en cada banco de la plaza”. Acompañaba sus palabras con vehemencia y la muestra de un artículo comercial, compuesto con licor y bebida refrescante, que “se vende para hacer botellón”.
“Hay que tomar medidas”
El propio titular del Casino de Eslava hablaba de pérdidas económicas por el paro realizado, sin desvelar la cuantía. Estaba convencido de que había que realizarlo en apoyo de un compañero y en petición de soluciones. “Los jueves y sábados se hace caja”, observaba sin restar un ápice de su adhesión a la causa compartida con la mayoría de sus homólogos de profesión.


“Entre todos hay que tomar medidas”, terciaba, a su vez, Marga Portas Díaz en los instantes previos a pegar carteles en el bar Gaucho, donde trabaja, con la adhesión a la iniciativa reivindicativa. Justo a su lado, un compañero suyo informaba del cierre inminente a un grupo de turistas que se acercaban con idea de probar pinchos. Poco después, el silencio cada vez más acusado de la calle Estafeta se vio interrumpido por la irrupción de una manifestación de vecinos de la Txantrea contrarios a la extensión a este barrio de la Zona Azul de aparcamiento regulado.
Mientras, la jornada vespertina daba lugar a reflexiones sobre las soluciones a un problema que ha acabado por enquistarse. Roberto Recasens diferenciaba un tipo de “hostelería sostenible y respetuosa, con pinchos y una atención cuidada con adultos y también jóvenes, de aquella que no lo es. No queremos fiestas en la calle, como en Salou”. Las opiniones alimentan un debate de actualidad, en la que la hostelería propone “ampliar horarios, permitir el consumo en barra y que el ocio nocturno pueda expandirse a más zonas de la ciudad y más locales, evitando así aglomeraciones”. El Gobierno foral baraja ampliar el horario de cierre sin que se pueda consumir en barra.



