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Hallazgo

Noria de sangre para sacar agua en la Txantrea

La estructura junto al Convento de las Josefinas fue descubierta el pasado octubre. Aitor Pescador, historiador que ha trabajado en el hallazgo, cuenta los detalles de esta noria-pozo anterior al siglo XIX

Imagen del 21 de octubre, día en el que miembros de la comisión de Urbanismo visitaron el hallazgo después de ser descubierto
Imagen del 21 de octubre, día en el que miembros de la comisión de Urbanismo visitaron el hallazgo después de ser descubiertoCalleja
  • Lucas Domaica
Actualizado el 21/07/2021 a las 23:06
Una excavadora y dos dumpers -maquinaria de obra para transporte de materiales-, trabajan sacando tierra y roca en la Txantrea en torno a una estructura de piedra deteriorada repleta de malas hierbas. Están construyendo el nuevo parque junto al convento de las Josefinas. La estructura no llega a los dos metros de alto, exactamente las escaleras salvan un desnivel de 1,76 metros. Ahora mismo no se puede llegar hasta lo alto porque está vallado y desde el puente de la Magdalena no se ve nada en especial. Es un bloque de piedra que pasa bastante desapercibido. Es más, los viandantes veteranos centran su mirada en las piedras que caen de la excavadora antes que en esta infraestructura que ha resultado tener un “valor histórico notable” según el departamento de Cultura del Gobierno de Navarra. Están ante una noria de sangre.
De nombre bruto y fácil relacionable con algún tipo de tortura, ese bloque de piedra pasará en meses a ser uno de los atractivos del parque que se está construyendo en Txantrea junto a la Magdalena. “Es la denominación habitual que se da a todos aquellos elementos que funcionan a través de la tracción o fuerza animal”, explica Aitor Pescador Medrano, historiador que ha trabajado en el hallazgo junto a otros profesionales. Así que nada de sangre literal. “En este caso, sería un équido el encargado de arrastrar diaria y rutinariamente el brazo que hacía girar las ruedas”, añade.
Para que se hagan a la idea, el hallazgo es de tal valor que han tenido que modificar el proyecto del parque para incluirla. “Siempre tendemos a admirarnos con grandes edificios o estructuras, pero estas humildes norias eran las que conseguían el agua para que los campos de cultivo de Pamplona produjeran los alimentos necesarios para la población”, comenta Pescador.
¿CÓMO FUNCIONABA?
A lo peliculas rodadas en Andalucía o México en las que un burro da vueltas y sacaba cubos de agua de un pozo. Así pero en la Magdalena. “La vía para extraer el agua era bastante lógica. En el caso de Pamplona, la noria se situaba en las proximidades de una fuente de agua importante como era el Arga”, dice. Hasta el pozo llegaba el agua por filtración o por un canal. Menos de 50 metros de distancia entre la noria y el río. “Encima del pozo, sobre una mota, se situaban los diferentes rodetes, la pértiga de transmisión, el balancín o brazo al que quedaba sujeto el animal y el brocal que cerraba el pozo”. Vueltas y más vueltas para extraer el agua. Destacar que la fuerza también la podía ejercer un humano, “pero no parece el caso”. Ese agua servía para regar los campos en los que se cultivaba. “El río es una entidad viva que tiene sus propios ciclos naturales (sequía, salida del cauce, inundación, etc.), los agricultores no podían quedar a expensas de estas posibles variaciones”, puntualiza.
Introducida por los musulmanes en la Península, la estructura se ve bastante deteriorada y hasta el día del hallazgo estaba oculta tras la Casa del párroco, que fue demolida durante las obras. “En la zona de la Magdalena ya se tiene constancia documental de la existencia de norias de sangre para el último cuarto del siglo XVI, aunque no sería muy arriesgado retrotraerlas a época medieval”, anota el historiador.
Una de las dudas que surge al descubrir la noria es conocer al propietario. ¿Quién la hizo y quién la utilizaba? Las Josefinas parten con ventaja por haber estado dentro de su terreno, pero un plano elaborado por Dionisio Casañal en 1882 deja entrever que antes del convento ya estaba la estructura. Concretamente pertenecía a la huerta de Iraizoz, las Josefinas no llegaron hasta 1895. De fechas anteriores no hay constancia. Solo se sabe que no era la única de la zona. En una documentación del siglo XVI, exactamente de 1.579, unos “peritos” de la época van a revisar una noria de sangre de la zona y escriben lo siguiente:
[...] an visto la dicha noria y poço que staba echa en la dicha pieça la qual an allado que esta cubierta de tierra y se echa de ver claramente en las paredes que tienen y se been de piedra que fue noria como otras dos norias que estan en la huerta vieja
“La declaración de los testigos nos refiere la existencia de al menos tres norias de sangre muy próximas entre sí”, comenta Pescador sobre el escrito.
EVOLUCIÓN
El paso de los años han ido provocando cambios en la propia estructura. No es como era al principio. “Son muchos los elementos que se han ido cambiando con el tiempo y que han alterado o transformado la fisonomía original del ingenio”, añade el historiador. Las modificaciones se dieron hasta el siglo XX, momento en el que su utilidad quedó eclipsada por la llegada de los motores y se decidió tapar la noria de sangre.
“Este período de pandemia que nos ha tocado vivir, nos ha mostrado la importancia de algunas labores que vemos como insignificantes, pero que resultan esenciales en el día a día. Lo mismo ocurre con esta noria de sangre, que además se conserva en un espacio considerado siempre como de menor importancia que la “parte alta” de la ciudad”, anota el historiador.
En los próximos meses comenzará la restauración de una estructura que finalmente tendrá mucha más importancia de la que iba a tener en la nueva plaza junto al convento de las Josefinas. Las obras servirán para sanear el sustrato de la estructura, retirada de vegetación, restaurar juntas deterioradas, rejuntando piedras y colocar una estructura metálica acristalada en el pozo. Una restauración fundamental para que los pamploneses conozcan el modo de vida histórico de la ciudad.
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