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Pamplona

La Navarrería pasa del poteo al terraceo

La bola de pimiento del Cordovilla, las bravas de la Mejillonera y las tortillas del Mesón son las claves del buen ambiente de una plaza convertida en terraza alrededor de la fuente de Santa Cecilia

Las terrazas alrededor de la fuente de Santa Cecilia, con La Mejillonera, el Ezkia y el Cordovilla al fondo.
Las terrazas alrededor de la fuente de Santa Cecilia, con La Mejillonera, el Ezkia y el Cordovilla al fondo.
Actualizada 09/04/2021 a las 06:00

Si algún guiri nostálgico, o hincha bilbaíno, lograra saltarse el cierre perimetral para encaramarse a la fuente de la Navarrería y saltar al vacío, lo más probable es que se estampe contra un buen pincho de tortilla, una ración de bravas o un plato de fritos. Esta castiza plaza triangular ha cambiado de fisonomía y ambiente desde que a principios de mes el Ayuntamiento autorizara la instalación de mesas y sillas a los hosteleros de la zona. Seis bares de la plaza han solicitado su espacio. La Mejillonera, el Ezkia, el Cordovilla, el Mesón de la Nabarrería, la Barbakoa y el Mesón de la Tortilla han podido colocar 3 o 4 mesas, según cada caso, sin carpas que afeen este rincón con encanto.

Debido al cierre de interiores, el Cordovilla y el Mesón de la Tortilla permanecen sin actividad y no ofrecen el servicio de terraza. Sus mesas las han cedido a sus compañeros hosteleros porque las dificultades unen. “Existe buen rollo entre todos”, explica Alfredo Domeño, socio del Mesón de la Nabarrería. Este conocido y polifacético artista -rockero, compositor y poeta- es uno de los hosteleros más veteranos de la plaza. Y pone la misma pasión subido a los escenarios que detrás de la barra. Explica que antiguamente el local fue Casa Mina, una bodega por donde corría el tinto en porrón. Luego fue cambiando de dueños y de nombre. “Este ha sido un bar con mucha carga social”, admite. Los mismos socios regentan el mesón del Caballo Blanco.

Los hosteleros de Navarrería admiten que la plaza arrastra mala prensa, ya sea por el conflicto de los okupas del palacio del Marqués de Rozalejo, las quejas vecinales por sentadas de jóvenes botellón o la última controversia a cuenta de la fracasada terraza en la plaza de San José. En cualquier caso, defienden que es una zona de “poteo de toda la vida, con buen ambiente y buenos pinchos”.

Aunque esté temporalmente cerrado, el Cordovilla, que data de 1939, arrastra la fama de su bola de pimiento de la familia Ibáñez. Hace cuatro años el local fue reformado completamente tras cambiar de socios, Luisma Mújica e Itziar Eza. Luce ahora los muros de mampostería y vigas de madera originales de este edificio que data de 1777, el más antiguo de la plaza. El viejo montacargas de madera por el que bajaban los fritos de calamar gigantes se ha cambiado por otro más moderno de acero inoxidable. Precisamente, el hecho de tener la cocina arriba es lo que hace inviable abrir sólo la terraza: “Tendría que haber una persona en cocina y otra en barra para atender tres mesas”. Mújica explica que la bola ahora no es tan grande como antes porque ha cambiado el sistema de freírla: “Antes se usaba una churrera con una bombona debajo. A 300 grados la masa se hinchaba y salía gigante. Daba un fogonazo terrible. Ahora se fríe a 230 grados y no se hincha, pero la receta lleva el doble de carne”. En la carta sigue la tortilla de patata, “no tan gorda como la de antes”. “Luego me enteré que no las hacían en sartén sino en las latas grandes de atún”. Y los fritos de calamar no algo menos espectaculares: “En aquella época los calamares de tres kilos tenían otro precio”.

COMANDAS A VIVA VOZ

A su lado La Mejillonera también es un clásico de la ciudad por sus raciones de bravas, mejillones y calamares. Es un negocio familiar que tiene sus orígenes en Valladolid y Zaragoza. El bar de Pamplona lo montó Alfredo Escudé en 1967, que también abrió otra Mejillonera en San Sebastián. Ahora la regenta la segunda generación, los hermanos Armando y Alfredo, que también han abierto en Logroño. Su éxito estriba en la calidad el producto -”mejillón gallego fresco, fresco”- y su sistema de comandas, más eficiente que el de McDonalds, a viva voz, sin tablets ni notas de papel. “Puede parecer una locura, pero nos entendemos sin problema”, explicó Armando Escudé.

El Mesón de la Tortilla, que regenta Juanjo Guembe, fue reformado en 2018 recientemente cuando los detalles: muros de mampostería, vigas antiguas, maderas recicladas y una vieja y robusta puerta para acceder a los baños. El mismo detalle pone Juanjo con sus tortillas y cazuelicas. El Ezkia taberna es el antiguo Tilo, el primer bar que regentó el expresidente de Osasuna Javier Miranda, ya fallecido. Hace unos años cambió de nombre, Ezkia, que significa tilo en euskera. Antes que la fuente de Santa Cecilia la plaza tuvo un árbol, pero era un olmo. La ornamental obra de Paret fue ahí en medio desde 1913. Los hosteleros de la plaza han visto a mucho guiri saltar desde ella hasta que el ayuntamiento puso coto a esta práctica. Ahora esperan que ningún hincha del Atheletic la vuelva a poner de moda. “En las redes sociales algunos han dicho que en la Navarrarería ha muerte gente, pero no es cierto. Eso sí, varias personas se quedaron parapléjicas”, puntualiza uno de ellos.


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