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Transporte

Aforos difusos en las villavesas

Versiones que se contraponen y una realidad cambiante. Los chóferes denuncian exceso en los aforos mientras que la MCP no ve tales irregularidades. El distanciamiento social no se cumple en ocasiones. ¿Tanto como para reforzar el servicio?

Aspecto del interior de la línea 4 ayer, a media mañana  con los asientos ocupados y viajeros  de pie.
Aspecto del interior de la línea 4 ayer, a media mañana con los asientos ocupados y viajeros de pie.
Actualizada 04/06/2020 a las 22:12

El frío que recuerda la belleza del amanecer también se deja sentir en Pamplona. Sucedió ayer, de la misma manera que pasó el miércoles y ocurrirá mañana. Bien lo saben todos aquellos para los que madrugar está en su ADN personal. Para ir a trabajar, cumplimentar los trámites del día o simplemente porque las noches no son para ellos. Hasta ahí, todo lícito. No obstante, cuando la conjunción de posibilidades converge en un mismo vector, la realidad conlleva que ese distanciamiento social sea complicado de cumplir. En ocasiones, cierto. Pero se produce. Al menos así lo certifican quienes se sitúan a diario al frente de las villavesas que recorren la capital.


Para testar el tránsito, una radiografía. Quede claro que las líneas que acompañan a este texto perfilan la instantánea de un momento concreto a una hora determinada. En definitiva, la fotografía de ayer, jueves 4 de junio, entre las siete y las diez menos cuarto de la mañana, y también a medio día. Viajes aleatorios, en autobuses diferentes, desde Merindades y Paseo de Sarasate como plataformas de salida. Una certeza que para nada se repetirá mañana. O no de la misma manera.


Las nubes que saludan a un nuevo día se acumulan sobre uno de los centros neurálgicos de la ciudad. Los pasajeros que aguardan a la línea 4 no se conocen pero se suenan. Evidentemente, no todos, pero sí algunos. Al menos así lo atestigua Irene Calvo Zabalza, limpiadora en diferentes comunidades de vecinos. “Cojo el autobús a diario y hay personas que repiten trayecto”, explica mientras espera lejos de la señal de la marquesina. En esta parada esperan cinco personas. Todas respetan la distancia de seguridad. También a la hora de acceder. En fila, suben al autobús, mascarilla colocada y tarjeta preparada. No hay pagos en metálico y la única interacción con los pasajeros por parte del conductor es para pedirle a una mujer que se coloque la mascarilla por encima de la nariz. “El control de aforo es complicado, porque no siempre eres consciente de cuántos suben o bajan, pero sí notamos demasiada afluencia a determinadas horas”, coinciden los chóferes, quienes prefieren no dar nombres.


Con los protocolos bien establecidos en una villavesa articulada, los pasajeros se acumulan en el pasillo. Al querer buscar un sitio, un asidero, ya que los asientos permitidos están ocupados (el resto se encuentran precintados), los viajeros tienden a juntarse cerca de las puertas de salida. La distancia de seguridad no se cumple. Es así. La gente es consciente y cada uno mira para un lado. Por la ventana, hacia el suelo o en dirección a la trasera del autobús. A cualquier esquina menos a los ojos. Quizá por miedo al contagio, quizá por cruzarse directamente con la mirada de alguien demasiado cerca de esa franja de seguridad que ya tenemos en mente. “Todos vamos con mascarilla, así que no pasa nada. Al bajar te limpias las manos con gel por si has tocado algo y listo”, mantiene Iosu Etxeberria.


ALTERNATIVAS


Una parada más tarde y de vuelta al punto de partida. Otro viaje y otra tesitura. El vacío de líneas como la L1, en la que todos sus pasajeros circulan sentados; la L25, en la que apenas se contabilizan siete personas; o la L10, en dirección Orkoien contravienen ese hipotético amontonamiento de pasajeros que sí se da en horas punta, según la plantilla de TCC. El reloj, que ya sobrepasa las ocho y cuarto de la mañana, sigue impasible el acontecer de una mañana que no tiene intención de detenerse. “A veces da reparo cuando ves la villavesa más llena que en semanas atrás, pero es normal. Cada vez se va incorporando más gente al trabajo. Además, yo solo la veo a primera hora. Cuando regreso a las cuatro, ya no hay casi nadie”, aseguraba Mercedes Aranguren, sin carné de conducir y para quien el transporte público es plena garantía.


SIN DESCANSO


Tras otros dos viajes en la ruta de la L4, la más concurrida, casualidad o no, en la mañana de ayer, la situación transcurre sin más complicación que la de no caerse cuando el conductor arranca. La gente se acumula, sí. Sin embargo, nadie parece necesitar bajar o esperar a la siguiente. Justo entonces, llega otra de las articuladas y el ‘problema’ se repite. Gente que se amontona en la plataforma que unifica ambos ‘vagones’ y un pasillo demasiado estrecho cuando seis personas siguen una misma dirección. “A veces tienes que quedarte donde pillas porque la villavesa ya está en marcha y para no caerte. Yo suelo moverme para buscar sitio solo”, dice Ignacio Zamarce.


Villavesas que siguen su curso hacia Zizur, Buztintxuri o Ansoáin y no ofrecen nada que contar más allá de la estampa esperada. La mañana continúa y ese ‘tapón’ de primeras horas desaparece paulatino en el devenir de pasajeros. La vida se resuelve entre bicis, algún patinete eléctrico esporádico y cientos de coches que son los únicos que no han dejado de circular.

 

“Las villavesas son seguras y hay que animar a la gente a utilizarlas”
 

 

La reivindicación de los chóferes de villavesa para reforzar algunos de los servicios en horas punta, acto que podría solventar esas aglomeraciones que certifican desde la plantilla, parece que no termina de cuajar dentro de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona. Para David Campión, su presidente, la situación no es tan alarmante como la pintan. De hecho, siempre atento a las redes sociales, tiende a responder a usuarios e instituciones ante cualquier polémica o pregunta relacionada con el transporte público por excelencia. Es en esta tesitura donde reitera que las villavesas “son seguras con la carga de pasajeros que soportan”. Por ello, no duda en recordar que la norma es clara en este sentido: se permiten viajeros en la mitad de los asientos ocupados (de ahí que se hayan precintado los restantes) y un máximo de hasta dos personas por metro cuadrado. De ahí que es positivo y aventura que, a pesar de que la cifra de pasajeros a momento actual es de 40.000, se pueda volver a 100.000. Para conseguirlo, los apoyos son mayoría.


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