El portal que abre paso a las ilusiones
A las cinco menos diez de la tarde, el cabo de guardia ordenaba bajar el puente para que los Reyes Magos entrasen aPamplona por el Portal de Francia. Cientos de familias esperaron desde temprano en la calle para ver el desfile de cerca


Actualizado el 06/01/2020 a las 12:53
Aunque algunos llevaban ya días inquietos con la proximidad del 6 de enero, la llegada de Sus Majestades de Oriente a la Magdalena ayer disparó el nerviosismo entre los pamploneses más pequeños en una jornada programada para que ellos sean los protagonistas.
“Los reyes pasan camino desde Belén y nos ven para saber si nos hemos portado bien o mal”, explicaba con paciencia Alba Martín Zouta, de 7 años, en compañía de su amiga Sandra Iriarte Carrasco, de 6, en la cuesta del Portal de Francia. Las dos pamplonesas se apresuraron a aclarar que ellas sí habían sido buenas. Y de errar en su pronóstico, el resultado tampoco sería tan horrible. “Si nos traen carbón será el de chuches”, concluía Alba en voz alta para hacerse oír entre los villancicos que tocaban los 150 intérpretes de la Escuela de Música Asa.
A escasos metros del puente levadizo, por fuera, nueve niños se movían, intranquilos, en primera fila. “Pero ¿a qué hora lo cierran?”, inquiría Fermín Salicio Sarasa, ya con cierta preocupación. A sus 9 años, se había apostado en el lugar a las 13.40 horas junto a sus primos y sus amigos para coger el mejor sitio. Le gusta acudir a la primera parte de la cabalgata por “el teatrillo que hacen para abrir el puente”. “He pedido cuatro en casa de una abuela, tres en la de la otra...” comenzaba a enumerar Fermín cuando hablaba de los regalos de hoy para enseguida distraerse con la Rondalla que amenizaban la espera con canciones navideñas.
Pasadas las 16.40 h, y de manera excepcional, se cerraban las puertas de Pamplona. Pero ocho minutos después, el Heraldo se topó con que el cortejo de los Reyes había llegado demasiado tarde a la ciudad. “El motivo de su venida es traer la felicidad y la alegría a todos los niños y niñas de esta ciudad que han escrito miles de cartas a nuestros señores” aclaraba el mensajero de los Reyes Magos en un breve intercambio de palabras con el cabo de guardia. Una vez solucionado el malentendido, Sus Majestades cruzaron el Portal y desfilaron hacia el ayuntamiento entre vítores, besos al aire y ojos brillantes. Y lo hicieron con ligereza, en menos de 15 minutos, dejando un rastro de confeti a su paso.
“Han tardado y han pasado con mucha prisa”, observaba Harold Nuin Gurbindo. Nuin comentaba un poco decepcionado que este año Sus Majestades no les habían siquiera mirado a él y su esposa, Soraya Castellanos González. Para el matrimonio de castañeros situados en Mercaderes, la tarde del 5 es un momento “muy especial”. Nuin aseguraba que en casi una década emplazados en ese rincón, así como en el anterior -en la Plaza Consistorial, los Reyes les han saludado muchas veces y hasta han llegado a detenerse frente a ellos. “En cuando acaba, tenemos mucho trabajo. Pero nos motiva, sobre todo, a mi mujer”, reía.
Uxue Iriarte Buil, de 10 años, señalaba a su madre como la que más jaleaba a los Reyes ante las risas de su amiga Aroa González Hernández y la vergüenza de la progenitora. Los propios pequeños se dan cuenta: en uno de los pocos días del año en el que los niños tienen permiso para desgañitarse, saltar y alborotar en la calle, muchos adultos aprovechan para chillar como nunca, con la misma intensidad e ilusión que mostraban cuando eran críos.
