Iturmendi
'Mayo' llega entre castellers
Un centenar de brazos, apoyados en escaleras y horquillas, aportan la fuerza manual para levantar un haya de 20 metros, rematado en una enramada de fresno de 3, en la plaza de Iturmendi. Dos torres humanas de Barcelona flanquearon su porte
Actualizado el 01/05/2026 a las 21:23
Con el tronco aún posado en el lecho empedrado de la plaza Arrano Beltza, Anna Ortega, de la Cova Castellera Jove de Barcelona, se atrevió a emitir un veredicto: “Es espectacular”. Si lo hizo fue por las imágenes visionadas días antes de que la formación catalana recalase en la Burunda y pudiese tener una noción de la tradición alimentada en Iturmendi con el alzamiento del Mayo.
Los 140 integrantes de la cova barcelonesa, distinguidos por su indumentaria, pasaron a convertirse en testigos de la reedición de un acto, vinculado a la fertilidad en la bienvenida brindada a la primavera que este viernes tuvo sus réplicas en la sierra de Urbasa, a la altura de Etxarri Aranatz, además de Bakaiku y Ziordia. Sonaron por segunda vez las campanas de las seis de la tarde, cuando las manecillas del reloj avanzaban a los dos minutos, cuando un grueso de voluntarios varones se colocó a ambos márgenes de un haya de 20 metros, rematado en una enramada de tres de fresno.
El ejemplar fue talado el 18 de abril en el paraje de Unzueta, diferente al de Aitzondo de los últimos años. En este caso, una entresaca realizada en este último enclave, modificó el punto de extracción del ejemplar utilizado para renovar el compromiso de Iturmendi con su historia. Con un peso de unos 1.500 kilogramos, su elevación con el impulso de la fuerza manual coordinada brindó a los quintos la oportunidad de sumar su esfuerzo al conjunto de voluntarios.
La generación, ampliada a jóvenes de 17 a 19 años de edad, estuvo compuesta por el cuarteto de Marc Tugas, Jon Buján, Asier Zufiaurre y Aitana Guerrero. Quienes así lo quisieron arrimaron el hombro. El conjunto estuvo coordinado por Ignacio Arbizu Gabirondo y Delfín Goikoetxea, este último más pendiente de que el árbol adquiriese la dirección adecuada a cada impulso grupal.
Correspondió a Eduardo Goikoetxea, a su vez, golpear con una maza en la base del tronco de modo que encajase en el orificio abierto en mitad de la plaza.
NUBES AMENAZANTES
A mitad de la maniobra, a eso de las seis y cuarto, comenzó a soplar un ligero viento, precursor de un tiempo inestable acentuado por la formación de nubes amenazantes de lluvia. La premura aligeró la operación.
Conforme el árbol fue irguiéndose, fue necesario mantener su equilibrio con las cuerdas tensadas desde tres puntos de la plaza. Ayudaron en ese fase del movimiento componentes de la cova barcelonesa, que hoy participarán en las fiestas del Casco Antiguo de Alsasua.
En la pugna librada por el sol para abrirse paso entre las nubes, comenzó a caer las primeras gotas. Para entonces, el Mayo se mantenía erguido, tras unos instantes de vacilación corregidos a base de estirones de cuerda. Los aplausos de los congregados reconocieron la habilidad y el esfuerzo grupal. Luego, a ambos lados crecieron dos castellers de cuatro alturas. Fue el remate de altura para una tradición de raíces profundas.

