Obituario

Paquito Provedo Belloso

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Pascal Lizarraga

Publicado el 08/11/2026 a las 08:54

Paquito Provedo ingresó en la Casa Misericordia de Pamplona un 4 enero de 1961. Lo recordaba con total certitud cada vez que echaba la cuenta atrás de los años que llevaba viviendo en la Meca. Paquito comenzó a vivir con 14 años en la que sería su casa de por vida la víspera de una noche de reyes.

Francisco Provedo, nacido en Berbinzana en 1946, sufrió una meningitis siendo niño, de la que recibió tratamientos médicos incluso en el Madrid de la posguerra. La enfermedad le dejó secuelas en forma de desórdenes en la conducta y sobre todo, encerró a un niño en el cuerpo de un adulto de por vida.

Paquito creció, vivió y envejeció en una Casa Misericordia que se iba transformando físicamente y cambiando de moradores, pero que mantenía unas señas de identidad de las que el propio Francisco, sin saberlo, era uno de sus protagonistas. Provedo enumeraba del tirón todas y cada una de las Superioras (hermanas sirvientes) que habían dirigido la comunidad de las Hijas de la Caridad en la Meca, desde que él entrara. Y es que Paquito conocía a todo el mundo en la Meca porque todo el mundo lo conocía a él y sabía pedir y recibir de sus profesionales cosas que ninguna otra persona residente podría desear. Le apasionaban las revistas infantiles, antaño las que se repartían sobre las misiones, hogaño las de los canales de televisión infantil como “Clan” o “Boing”.

El niño que vivía dentro de Paquito sufría en ocasiones grandes enfados que compensaba con toda la cantidad de amor que era capaz de dar. Su forma de pedir perdón a las personas que le cuidaban estaba llena de ternura, pues conjugaba el verbo perdonar en primera persona, “te perdono” decía queriendo decir “perdóname” con su inconfundible forma de hablar.

Provedo disfrutó de grandes amistades en la Casa, con las que aplicó un rol de cuidador que se recuerda en sus pasillos: sus amigos Miguel Osinaga o Francisco Ollacarizqueta, pero también alguna relación que entronca en la memoria no escrita de la institución.

Un niño fue encontrado sólo y casi asilvestrado en el monte en los años 60. Ni hablaba ni se sabía quién era y fue llevado a la Meca. Una situación que hoy día no nos podemos ni imaginar. Fue Paquito la primera persona que pudo establecer sintonía y comunicarse con él en la Casa. Gracias a Povedo, el chaval pudo aprender a relacionarse con los demás.

Francisco Provedo falleció el pasado miércoles a los 80 años en la enfermería de la Casa Misericordia. Paquito era el último eslabón que unía la cadena entre la Meca de los niños grandes que los veteranos pamploneses tienen en la memoria, como Uve, Maritoca o Martín Ripalda y la residencia moderna de personas mayores que es hoy.

Porque la Meca alberga hoy en día la memoria de la ciudad que poseen sus personas residentes y Paquito o sus antiguos compañeros, eran la propia memoria viva de Casa Misericordia.

Mariano Pascal.

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